El Nuncio Apostólico impondrá el palio arzobispal a Larregain

El miércoles, durante la misa central de la Fiesta de Nuestra Señora de la Merced, el representante del Vaticano en Argentina, Miroslaw Adamczyk, entregará la banda de lana blanca al prelado del Taragüí. Ese rito simboliza comunión con la Santa Sede.

La comunidad católica local se prepara para conmemorar, el próximo miércoles, la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, patrona Jurada de la Ciudad de Corrientes. En esta oportunidad, la celebración tendrá un significado especial para toda la Arquidiócesis, ya que durante la misa central (que se oficiará a las 16) el nuncio apostólico en Argentina, Miroslaw Adamczyk, impondrá el palio arzobispal a monseñor José Adolfo Larregain.

En la previa, el Arzobispo correntino dialogó con época y mencionó: “Será un día de mucha emoción para los correntinos que quedará grabado por mucho tiempo. Es la primera vez que se realiza en Corrientes. Pedimos a Dios que nos regale un hermoso día, que nos acompañe el clima”.

En ese sentido, el prelado realizó una invitación general a participar de esta histórica jornada. “A todas las comunidades, a las parroquias, capillas, instituciones católicas, los parajes, el campo. Los espero a todos para que celebremos juntos a nuestra Madre de la Merced esta bendición tan grande y motivo de esperanza para estos tiempos difíciles que vivimos”.

Por último, recalcó: “Agradezco a la comisión que viene preparando desde hace tiempo esta ceremonia, a la comunidad de la Parroquia La Merced, a las autoridades provinciales y municipales, a las fuerzas de seguridad, a todas las instituciones que colaboran y tanto trabajan para que todo salga bien. !Qué Dios los bendiga y la Virgen los cuide¡”.

Hay que tener presente que será la segunda visita del Nuncio Apostólico a Corrientes, ya que Miroslaw Adamczyk estuvo en marzo en esta Arquidiócesis, más precisamente en la basílica de Itatí, oportunidad en la que presidió la Apertura del Año Pastoral. Cabe agregar que bajo el lema “Con María, peregrinos de esperanza”, las actividades previas a las patronales de la Merced comenzaron con la tradicional entronización de la imagen de la Virgen y se extienden hasta el 23 de septiembre.

Rito


El rito de imposición del palio arzobispal es una ceremonia litúrgica en la que el Papa o su representante entrega el palio, una banda de lana blanca, al nuevo arzobispo metropolitano, simbolizando su comunión con la Santa Sede, la autoridad para gobernar su provincia eclesiástica, y su conexión como el “Buen Pastor” con su pueblo. Es además, un símbolo de comunión con el Santo Padre.

La imposición del palio se hace dentro de la celebración de la Eucaristía en la iglesia catedral del Obispo, o en otra iglesia más adecuada de su territorio por el obispo a quien la sede apostólica le haya encomendado este oficio.

La ceremonia es un momento de comunión para toda la Iglesia local, reuniendo a sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y laicos de la diócesis.

¿De qué se trata esta simbología?
    
El arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, compartió con época una reflexión teológico-pastoral en virtud del palio arzobispal que recibirá, el miércoles próximo, de manos del nuncio apostólico, Miroslaw Adamczyk.

“El palio es un ornamento litúrgico que el Papa impone a los arzobispos, signo de la unión entre ellos y la Santa Sede. Se trata de una tira de lana de 6 centímetros de ancho por 36 de largo, en forma de collar rectangular que se coloca sobre los hombros, de la cual cuelgan dos tiras, una al pecho y otra a la espalda”, describió el religioso.

Con ese rigor, el Prelado añadió: “En ellas están bordadas las cruces, que evocan las heridas del Cordero de Dios, acompañadas de tres vistosos alfileres que significan los clavos de la Pasión de Cristo”.

Además, explicó que se coloca sobre los hombros como símbolo visible de pastoreo y recuerdo del oficio de cargar como el pastor lo hizo en la parábola de la oveja perdida. Denota potestad jurisdiccional sobre una provincia eclesiástica, simboliza la comunión con el Papa y la Iglesia universal, representa la responsabilidad pastoral y la relación con la iglesia local destacando la participación de los fieles y de las diócesis sufragáneas. Es vínculo de caridad y fortaleza recordando el compromiso con la fe, la esperanza y la caridad.

Tiene sus orígenes en la cultura greco romana siendo un ornamento propio del sumo pontífice desde el siglo V, más tarde se concede a los obispos que reciben de Roma una especial jurisdicción. El primer papa que lo concede es Símaco en el año 513 imponiéndoselo a Cesario, obispo de Arlés (Francia). Desde el Concilio de Constantinopla (869-870) se concede el uso ordinario para los arzobispos.

El nombre deriva de pallium “banda de lana” que en su etimología significa manto o cubierta, haciendo alusión al acto de curar, aliviar el dolor, tener los síntomas bajo control, proporcionar bienestar ante los sufrimientos. Presenta seis cruces entrelazadas y culmina con una borla de seda negra en sus extremos.

Se confecciona con la lana esquilada de los corderos en la fiesta de Santa Inés (21 de enero) en una capilla del palacio apostólico.

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