Las familias hacen rendir sus ingresos para no caer en la pobreza

Según la medición de octubre hecha por el INDEC sobre los costos de las Canastas: Alimentaria y Básica y Total, los hogares “tipo” que no pagan alquiler necesitaron generar ingresos por $1.213.800 para no ser pobres y $544.304 para poder comer todos los días.

El costo de vida en Argentina continúa marcando un ritmo acelerado, tal como lo reflejan los últimos indicadores del Instituto Nacional de Estadística y Censos sobre las canastas de referencia. En octubre, tanto la Canasta Básica Alimentaria (CBA) como la Canasta Básica Total (CBT) experimentaron una suba del 3.1%, respecto al mes anterior. Este incremento es particularmente relevante porque se situó por encima de la tasa de inflación general (IPC) reportada para septiembre, que en el país promedió el 2.3%, confirmando la presión que ejercen los bienes esenciales sobre el presupuesto familiar.

El impacto directo de esta dinámica se observa en el umbral de pobreza. Para un hogar tipo compuesto por cuatro integrantes (dos adultos y dos menores en edad escolar) que no paga alquiler, el ingreso mínimo requerido para superar la línea de pobreza, definido por el valor de la CBT, ascendió a $1.213.800 en el décimo mes del año.

Este monto refleja la creciente dificultad de las familias para acceder a la canasta mínima de bienes y servicios. El costo de la indigencia, marcado por la CBA para este mismo hogar de cuatro miembros, se fijó en $544.304, evidenciando la brecha entre la necesidad alimentaria básica y el costo total de vida.

Al revisar la tendencia a lo largo del año, la erosión del poder adquisitivo se mantiene firme. Acumulando desde enero hasta octubre, la CBA muestra un alza del 21.1%; mientras que la CBT acumula un incremento del 18.5%.

Asimismo, la comparación interanual acentúa la magnitud del problema: la CBA interanual subió un 25.2%, y la CBT un 23.0% al comparar octubre con el mismo mes del año previo.

Otras estructuras

El informe del INDEC también detalla las exigencias económicas para otras estructuras familiares. Un hogar de tres personas requiere $966.325 (CBT) para no ser considerado pobre, mientras que una familia de cinco miembros necesita $1.276.649 (CBT).

Estos valores, que superan la inflación registrada en septiembre, son un termómetro claro de la inercia inflacionaria que sigue afectando a los sectores más vulnerables de la economía argentina.

¿Bajó la pobreza?

Un nuevo informe divulgado por UNICEF Argentina puso de relieve una dinámica dual en el panorama socioeconómico del país: mientras que los indicadores de pobreza en hogares con niños y adolescentes muestran una mejoría sustancial, la presión financiera se traslada a una creciente dependencia del crédito, incluso en los sectores medios.

Los datos señalan que la pobreza en los hogares con menores a cargo cayó drásticamente, pasando del 48% al 31% en el transcurso de un año, un avance significativo que sugiere una mayor efectividad de las políticas de protección de ingresos como la Asignación Universal por Hijo (AUH) en el aseguramiento de las necesidades básicas.

Este descenso en el umbral de pobreza se traduce en una mejor capacidad de las familias para afrontar gastos esenciales vinculados directamente con la crianza y el desarrollo de los menores, incluyendo el acceso a servicios básicos de salud y educación.

La mejora es particularmente notable en los estratos más vulnerables, que han logrado salir de la indigencia o la pobreza extrema gracias a la estabilidad o el incremento de las transferencias monetarias.

Sin embargo, esta aparente mejoría en el acceso a bienes y servicios esenciales contrasta fuertemente con el panorama del endeudamiento familiar. El estudio de UNICEF subraya que, a pesar de la reducción de la pobreza, el recurso al crédito se disparó, afectando no solo a los más pobres sino también, y de manera acentuada, a los hogares clasificados dentro de los sectores medios.

SEGÚN UN INFORME DE UNICEF, LA POBREZA AQUÍ BAJÓ DE 48% AL 31% EN EL TRANSCURSO DE UN AÑO.

Estos hogares recurren cada vez más a préstamos, ya sean formales o informales, para poder sostener el gasto corriente, pagar servicios básicos o cubrir el saldo de las tarjetas de crédito. Este fenómeno crea una nueva capa de vulnerabilidad financiera, ya que el servicio de la deuda puede comprometer los ingresos futuros y revertir los avances logrados en la cobertura de necesidades primarias.

A pesar de la reducción significativa, el informe advierte que la pobreza infantil, medida de forma general, aún se mantiene en un nivel preocupantemente alto, situándose en el 46.1%. Esto indica que, si bien hubo un progreso en la mitigación de la pobreza extrema, una gran proporción de la población infantil sigue enfrentando carencias estructurales.

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