Al menos tres delincuentes irrumpieron en la vivienda de una familia, ubicada en calle Francisco Sussini esquina Cabo Boutrón, donde se encontraba descansando la madre, sus hijos y el esposo de una de ellas.
Una violenta entradera sacudió la tranquilidad de la localidad de Alvear en horas de la madrugada. Cerca de las 03, al menos tres delincuentes irrumpieron en la vivienda de la familia Obregón, ubicada en calle Francisco Sussini esquina Cabo Boutrón, donde se encontraba descansando la madre, sus hijos y el esposo de una de ellas.
El ataque dentro de la casa
Según el relato brindado por la propia familia, los delincuentes barretearon la puerta principal, ingresaron a la vivienda y subieron directamente al primer piso, donde estaban los dormitorios. La primera habitación violentada fue la de R. O., médico veterinario e hijo de la señora de la casa.
Los agresores lo despertaron con golpes en la cabeza y en la espalda, lo encandilaron con una linterna y lo amenazaron con un revólver y una escopeta, exigiendo dinero. Durante el forcejeo, el hombre recibió dos profundos cortes en el brazo izquierdo y múltiples lesiones en la espalda.
Su madre, con serios problemas de movilidad, salió al escuchar los ruidos y vio cómo arrastraban y golpeaban a su hijo. Los delincuentes también la redujeron: la tomaron del cabello y la llevaron a su dormitorio, donde comenzaron a revolver todo el lugar en busca de “dólares”, según repetían mientras amenazaban con matar a al hombre si no encontraban dinero.
La casa quedó completamente destruida: cajones vaciados, colchones abiertos, muebles rotos y hasta una Biblia tirada en el piso. La familia insistió en que son personas trabajadoras, sin grandes ahorros ni bienes de valor.
La hermana tambié fue atacada
En medio del caos, la hermana del joven, salió de su habitación junto a su esposo, y también fueron golpeados por los intrusos. Los delincuentes le sustrajeron un arma y se apoderaron de al menos cinco teléfonos celulares.
Ella entregó $200.000, recaudación de un kiosco que había inaugurado hace pocos días. Con ese dinero, y al grito de “nos equivocamos, acá no hay plata”, los agresores finalmente huyeron.
Antes de escapar, ataron a la familia con precintos, los encerraron en una habitación y se dieron a la fuga.
R., pese a las heridas y el dolor, logró zafarse, saltó por una ventana hacia el patio y desde allí salió a la calle para pedir ayuda. Minutos después, vecinos y policías acudieron al lugar.