En la Escuela Profesional Técnica, el profesor Walter Sarabia impulsa “Del aula al plato”, una experiencia que convierte el aprendizaje en práctica real. Con productos locales, trabajo en equipo y mirada turística, la gastronomía se vuelve educación y horizonte laboral.
En la localidad de San Roque, la cocina empezó a ocupar un lugar inesperado: el del futuro. Pero no como una metáfora, sino como práctica concreta.
En la Escuela Profesional Técnica “Remedios de Escalada de San Martín”, un proyecto educativo transformó el cierre del ciclo lectivo en una experiencia integral que unió formación, identidad local y comunidad. El impulsor es Walter Sarabia, profesor de cocina y chef con 25 años de trayectoria en el rubro gastronómico, quien resume el espíritu de la iniciativa con una frase sencilla: “Del aula al plato”.
Así, en San Roque, la cocina ya no es solo un aula: es un plato servido, una comunidad reunida y un futuro que empieza a tomar sabor.
“Mi nombre es Walter Sarabia, soy egresado del Instituto General de Gastronomía de la provincia de Buenos Aires”, se presentó en la charla. Su recorrido profesional incluye dos décadas de trabajo en restaurantes, cocinas y comedores industriales dentro y fuera del país. “Estuve en Colombia, Chile, Paraguay, siempre con la gastronomía, con platos típicos de cada lugar”, contó Walter.
Esa experiencia hoy se vuelca en la formación de jóvenes de San Roque con un objetivo claro: que la escuela sea un puente directo hacia el mundo laboral.
Disparador
El proyecto “Del aula al plato” no surgió de un día para el otro. “Esta idea viene amasándose de hace un tiempo, un par de años”, explicó Sarabia. El disparador fue una evaluación final, pero en poco tiempo el alcance fue mucho mayor. “Es una evaluación que se hace para los chicos de cocina para terminar el año para terminar su carrera”, dijo y rápidamente aclaró que la propuesta apunta a algo más profundo: “La idea es fomentar el turismo y la gastronomía en la zona”.
La experiencia consistió en la organización de una cena completa de tres o cuatro pasos gastronómicos elaborada íntegramente por los estudiantes. Pero no solo cocinaron. “Ellos se hacen cargo de todo: la publicidad previa, el armado, la logística, cocinar y servir las comidas en el momento”, detalló el docente.
En ese proceso, los alumnos enfrentaron una cocina real, con exigencias concretas. “Saber cómo se desempeñan, saber cómo es una cocina, trabajar con mucha gente, trabajar para mucha gente, llegar a la exigencia máxima en los horarios, en cómo nunca hay tiempo para nada”, describió el profe.
Fuego propio
Los platos se elaboraron con productos típicos de la zona reforzando el vínculo entre gastronomía e identidad local. “Todo lo que hicimos fue con productos de acá”, acentuó Sarabia. El trabajo se extendió durante uno o dos meses y fue posible gracias al compromiso colectivo. “Se hizo todo en base al trabajo y al compromiso de los chicos, para hacer algo que realmente les sirva como gastronómicos”, afirmó.
La respuesta de la comunidad superó las expectativas. “Gracias a Dios tuvimos mucha concurrencia de toda la ciudadanía”, subrayó.
Restaurante
Participaron profesores, exalumnos y vecinos en general. La escuela por una noche se convirtió en restaurante y punto de encuentro confirmando que la gastronomía puede ser también una herramienta de integración social.
Para Sarabia, el balance es claro. “Estamos muy contentos con la realización de Del aula al plato porque consideramos que después de esto se abren muchos canales gastronómicos que queremos empezar a caminar”, señaló.
Entre las proyecciones aparecen ideas que nacen de los propios estudiantes. “La idea grande de los chicos es armar un catering que sea netamente de alumnos y profesores, para tenerlo acá en la localidad”, indicó el profesor.
Otra propuesta que toma fuerza es la creación de un polo gastronómico. “Un espacio donde los gastronómicos puedan desenvolverse, trabajar con sus productos y venderlos”, explicó.
El eje insistió es mostrar que la gastronomía es una oportunidad concreta.
Salida laboral
“La idea es que los chicos se den cuenta de que la gastronomía es una salida laboral muy rápida y muy amplia”, indicó.
Restaurantes, casas de comida, catering o emprendimientos propios aparecen como caminos posibles. “Saber que pueden generar y hacer todo eso sin ningún problema, con todas las enseñanzas y la práctica que uno va adquiriendo”, resumió.
Formación
En un contexto donde la formación técnica cobra cada vez más relevancia, la experiencia de San Roque pone en valor el rol de la escuela pública como espacio de innovación y arraigo. “Incluir a los chicos en el ambiente laboral, más que nada en el ámbito privado”, define Sarabia, convencido de que la educación debe dialogar con la realidad productiva.
El proyecto no termina con esta primera edición. “Esto es algo que se va a quedar, algo que vamos a hacer anualmente y que a futuro seguramente va a ser cada vez más grande”, concluyó entusiasmado el profesor.