El hecho político del año: traspaso y cierre de un ciclo local de ocho años

El final del segundo mandato de Gustavo Valdés llegó con un discurso de balance que reivindicó modernización, obra pública, equilibrio fiscal y liderazgo político. Entre logros, tensiones internas y proyección nacional, el exgobernador trazó su legado y su nuevo rol como senador.

El cierre del año político 2025 coincidió con el final de los ocho años de gestión de Gustavo Valdés al frente de la Gobernación de Corrientes. El ahora exgobernador – ya asumido como senador provincial- utilizó en su momento el discurso de despedida en Casa de Gobierno para condensar los ejes de su legado político: modernización del Estado, infraestructura estratégica, equilibrio fiscal y proyección nacional del radicalismo correntino.

Al mismo tiempo, su salida del Ejecutivo ocurrió tras prácticamente dos años atravesados por la disputa interna con Ricardo Colombi, que reconfiguró el mapa del poder en la UCR y en la coalición gobernante.

El balance final no fue solo administrativo: también fue un mensaje político hacia adelante. “Esto no es una despedida, porque vamos a seguir trabajando por Corrientes”, expresó, dejando abierta su permanencia como actor central del oficialismo provincial y de la conversación federal.

La despedida

El 9 y 10 de diciembre, Valdés había sellado el final de su segundo mandato con una agenda intensa: inauguraciones, reuniones diplomáticas y anuncios institucionales. En la Escuela de Policía destacó el “fortalecimiento” de la fuerza y confirmó la reglamentación de la Ley de Narcomenudeo para su puesta en vigencia desde febrero de 2026.

En paralelo, su encuentro con el embajador de India marcó la continuidad de la estrategia de inserción internacional.

El cierre del día sumó un gesto simbólico: la inauguración de un hotel de cadena internacional en la Costanera Sur. Para Valdés, ese proyecto sintetizaba un eje de gestión: el impulso al turismo y la articulación público-privada para “seguir abriendo Corrientes al mundo”.

Núcleo

En su discurso final tras entregar el mando a su hermano Juan Pablo, Gustavo Valdés volvió sobre los tres ejes con los que, según definió, estructuró su proyecto provincial: “modernización, desarrollo e inclusión”. Reivindicó la expansión de fibra óptica y la creación de TelCo como parte de un salto tecnológico transversal; la digitalización educativa y la inclusión digital de estudiantes secundarios; y la transformación energética.

La obra pública fue exhibida como marca de época: hospitales ampliados, el Instituto de Oncología, nuevas escuelas (“172, récord histórico”), enripiado rural, puertos reactivados y parques industriales. También ubicó a la salud como política estratégica: “La salud pública tiene que ser para todos los correntinos… no hay hospital de la provincia que no hayamos trabajado”.

Uno de los pilares discursivos fue el orden fiscal. “Siete años de equilibrio fiscal y no tomamos un solo peso de deuda”, dijo, reivindicando a Corrientes como “una de las provincias más desendeudadas de la República Argentina, con menor presión fiscal”. Esa línea reapareció días después, ya en su rol legislativo, cuando al acompañar el Presupuesto 2026 afirmó: “Vamos a darle previsibilidad a Corrientes”.

Sin embargo, el contexto socioeconómico también dejó matices: pese a la estabilidad fiscal, la Provincia cerró 2024 con 36% de pobreza y 6,7% de indigencia, según INDEC, un dato que exhibe las tensiones entre crecimiento sectorial y desigualdad estructural en el NEA.

Poder, interna y expansión

El recorrido político de Valdés atravesó una mutación profunda. Su primer mandato significó el pasaje desde la herencia del ciclo ricardista a la construcción de un liderazgo autónomo dentro del oficialismo.

En su discurso de asunción de su primer gobierno, en 2017, había puesto el acento en modernización institucional y desarrollo productivo, bajo la premisa de una “relación madura con la Nación”.

En 2021, reelecto con más del 76% de los votos, el tono de su mensaje viró hacia la consolidación y el reclamo federal por recursos y obras demoradas.

Esa autonomía se fortaleció en los últimos dos años, cuando el enfrentamiento interno con su antecesor, Ricardo Colombi, ordenó -y tensó- al radicalismo correntino.

La disputa derivó en la afirmación de Vamos Corrientes como nueva coalición hegemónica y en la redefinición del equilibrio de poder dentro del partido.

Al mismo tiempo, su figura ganó proyección nacional como uno de los gobernadores radicales con voz activa en debates sobre federalismo, coparticipación e infraestructura. La articulación en espacios interprovinciales -como Provincias Unidas- y su presencia en la agenda pública lo colocaron en un estatus de referente más allá de las fronteras provinciales.

CON EL EMBAJADOR DE INDIA, UNA DE LAS ÚLTIMAS ACTIVIDADES EN CASA GOBIERNO.

Federalismo

Otro eje central del balance fue la estrategia de autogestión de obras ante lo que denunció reiteradamente como “discriminación de fondos nacionales”. La ejecución de proyectos provinciales -puertos, parques industriales, infraestructura escolar y sanitaria- convivió con deudas pendientes, especialmente la Autovía RN12, que volvió a reclamar en su despedida: “Somos la única capital que no tiene autovía de ingreso”.

El modelo combinó inversión propia, moderación fiscal y búsqueda de competitividad privada. “No es el sector público el que tiene que generar empleo. El único que debe hacerlo es el sector privado”, sostuvo, en línea con la expansión de 18 parques industriales y el objetivo de revertir la histórica primacía del empleo estatal.

Cierre

El traspaso de mando a su hermano, Juan Pablo Valdés, abrió un nuevo ciclo político en Corrientes, pero el final del mandato no implicó una retirada del escenario. “La política siempre discute quién es la cabeza, pero nosotros vamos a poner el hombro”, dijo el exgobernador al despedirse, reafirmando su continuidad como actor ordenador del oficialismo y del radicalismo provincial.

Así, el balance de los ocho años de Gustavo Valdés deja un legado particular: logros tangibles, cambios institucionales y un poder que -lejos de cerrarse- busca proyectarse ahora desde el Senado provincial y también desde la arena nacional.

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