De Virasoro a un castillo en Los Alpes: el chef correntino que cocina para la nobleza italiana

Raúl Omar Geneyro Bragagnolo emigró en 2003 y construyó una carrera internacional. Hoy vive y trabaja en una mansión histórica del norte de Italia.

Raúl Omar Geneyro Bragagnolo tiene 55 años, es oriundo de Gobernador Virasoro, Corrientes, y su vida parece sacada de una novela: emigró en 2003, recorrió las cocinas más prestigiosas de Europa y hoy se desempeña como chef privado de una condesa italiana, en un castillo ubicado en plena cordillera de los Alpes. Su recorrido profesional lo llevó a cocinar para presidentes, príncipes, figuras del deporte y referentes internacionales.

Tras permanecer cinco años en Mónaco al frente de la cocina de Bella Vita, el restaurante más reconocido de la ciudad, Raúl se mudó el mes pasado al Valcastello Chateau & Polo Club, una elegante mansión del siglo XIX situada entre San Candido y Dobbiaco, con vistas privilegiadas a la cadena montañosa de Las Dolomitas.

Desde las suites señoriales del castillo se observan los 18 picos que caracterizan a esta formación geológica, con paredes verticales, cimas afiladas, sistemas kársticos y restos fósiles del Mesozoico. Con alturas superiores a los 3.000 metros, las Dolomitas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2009, por su belleza estética y su valor geológico excepcional.

El lugar donde hoy vive el chef correntino no es solo una residencia aristocrática enclavada entre montañas, sino también un espacio atravesado por la historia política y militar de Europa. Ubicado a apenas 10 kilómetros de la frontera con Austria, Valcastello está íntimamente ligado a la figura de Pietro D’Aquarone, uno de los ministros más influyentes del siglo XX italiano y primer propietario del castillo.

“A mí me contrató Chantal D’Aquarone, que es su dueña y única heredera. Su abuelo fue clave en la caída del régimen fascista de Benito Mussolini. Era un caballero, miembro de una aristocrática familia de Verona, que llegó a ser ministro del rey Víctor Manuel III y consejero de la casa de Saboya. En 1943 su nombre entró a formar parte de la historia de Italia puesto que él fue el encargado de dar orden de aprehensión contra Mussolini”, contó el chef argentino.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el castillo fue ocupado por el ejército alemán. “Cuando los nazis invadieron, tomaron Valcastello y lo usaron como base militar”, explicó. “En aquel entonces, la familia no se encontraba en el lugar. Los trabajadores que vivían y cumplían funciones allí fueron expulsados y obligados a abandonar el predio”, agregó.

Tras la liberación de Italia, la recuperación de la propiedad no fue inmediata. “Uno de los espacios más inquietantes es el sótano, donde dicen que se escondían italianos que tenían miedo de que los nazis los mataran”, describió Raúl sobre ese refugio improvisado que hoy forma parte del relato histórico del lugar.

Actualmente, Valcastello funciona como residencia privada bajo un estricto código de privacidad, al que solo acceden amigos cercanos y personas recomendadas. Allí se combinan tradición, deporte de élite, como el polo y la equitación, y una vida cotidiana marcada por la sencillez, lejos de los circuitos turísticos.

Junto a Raúl vive su esposa, Patricia Cabral, pastelera que colabora activamente en la cocina, además de otros tres argentinos: Ana Clara Gennero, maestra de sala; Manuel Rodríguez Zurro, mozo; y Mateo Gasparini, cuidador y adiestrador de caballos. “La gastronomía es de altísimo nivel, basada en productos regionales, sin industrializados, bajo la estricta filosofía ‘de la huerta a la mesa’. De hecho, hay una persona que se encarga exclusivamente de las compras”, señaló.

El menú combina platos clásicos italianos con recetas argentinas que despiertan gran entusiasmo. “Las empanadas fritas de carne cortada a cuchillo, son las favoritas de la familia. También hay asados y humitas. Tanto la condesa como su marido aman a la Argentina. Visitaron nuestro país en varias ocasiones y son fanáticos del polo”, contó. “Te tratan de igual a igual”, aseguró.

Para el chef correntino, el presente en el castillo representa un punto de llegada profesional y personal. “Esto es re tranquilo”, resumió, al comparar su rutina actual con las jornadas de alta exigencia que atravesó durante años en grandes restaurantes y eventos internacionales, donde llegó a cocinar para más de doscientas personas.

Fuente: Infobae

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