Irán busca extender la guerra para causar un caos económico que ponga en aprietos a Trump en un año electoral

El presidente estadounidense está presionado por el frente interno y busca poner fin al conflicto. Israel quiere ir más allá.

El nuevo líder supremo de Irán, el ayatollah Mojtaba Jamenei, está decidido a resistir, causar el mayor caos económico posible y extender la guerra hasta las últimas consecuencias para trasladar la presión a Donald Trump, que enfrentará en noviembre unas cruciales elecciones de medio término.

El objetivo es simple: la supervivencia de la Revolución Islámica a cualquier costo.

Irán sabe que no ganará esta guerra de drones y misiles, pero puede tomar de rehén al comercio global con ataques a sus vecinos del Golfo y sus continuas amenazas de cierre en el Estrecho de Ormuz, donde pasa más del 20% del crudo mundial y que se encuentra virtualmente paralizado.

Si la guerra termina pronto, solo habrá un perdedor: el “régimen de los ayatollah”. Pero si se extiende lo suficiente como para poner en crisis al comercio mundial y que sus consecuencias impacten de lleno en Estados Unidos en un año electoral, el gran perdedor puede ser Trump.

“La lógica detrás de las acciones de Irán sería intentar frenar a Estados Unidos mediante una estrategia de desestabilización económica de alcance global, aunque con un impacto especialmente sensible para Occidente”, dijo  el analista Eddy Borges Rey, académico de la Northwestern University, de Qatar.

La estrategia de Donald Trump en un año electoral

Trump suele ser imprevisible y contradictorio. Pasó de afirmar que la guerra se extendería por cuatro o cinco semanas a afirmar que el conflicto acabará pronto. La causa de este cambio de visión no se fundamenta en un éxito militar rotundo, más allá de las claras diferencias de poder de fuego entre ambos bandos, sino en la intención de calmar los mercados energéticos.

Las trabas comerciales, el incremento de los costos, la paralización del transporte marítimo y el alza del precio del barril del petróleo, que superó los 100 dólares, aumentaron la presión mundial por el fin de la guerra.

Pero Trump tiene una presión extra que le preocupa mucho más que cualquier atisbo de protesta de sus socios europeos o de potencias enemigas como Rusia y China.

Cada vez más dirigentes republicanos, en especial desde el movimiento MAGA (Make America Great Again), se muestran preocupados por el alza de la nafta y de los insumos agrícolas en el mercado interno.

Esta situación puede costarle caro a muchos republicanos que este año buscarán su reelección en decenas de gobernaciones, en los Congresos estatales y en el Capitolio.

Un informe del influyente The Wall Street Journal reveló que algunos asesores de Trump le piden elaborar una estrategia de salida de la guerra ante el temor de una reacción política interna.

Según el reporte, Trump está tratando de equilibrar una demostración de éxito militar con la presión para evitar una guerra prolongada que podría profundizar la tensión económica y debilitar el apoyo entre sus votantes.

El problema que tiene hoy la Casa Blanca es cómo presentar el fin del conflicto si Irán prosigue con sus bombardeos a Israel o a los países del Golfo. Por eso, Washington no empezaría a ver mal una negociación más allá de las declaraciones bélicas.

En tanto, Irán solo busca resistir. Borges Rey señaló que el gobierno iraní tendría “dos grandes objetivos. Por un lado, una lógica de represalia dirigida contra Estados Unidos, especialmente a través de ataques contra las bases aéreas estadounidenses establecidas en países del Golfo. Por otro, ataques dirigidos a infraestructura civil vinculada al petróleo y al gas licuado, que son sectores absolutamente estratégicos para la región y para la economía internacional”.

Para el analista, “también influye el cierre del Estrecho de Ormuz, que evidentemente agrava muchísimo la situación. Todo parece apuntar a esa estrategia: generar suficiente presión económica y energética como para que Europa empiece a matizar su retórica de apoyo y, eventualmente, presione a Estados Unidos para reconsiderar su permanencia en el conflicto”.

La presión de Israel se suma al complejo frente interno

Trump enfrentará unas elecciones de medio término cruciales en solo ocho meses, cuyo resultado marcará a fuego la segunda parte de su mandato.

“Los republicanos ya se enfrentan a un entorno político complejo en las elecciones de este año. El partido del presidente históricamente pierde escaños en las elecciones intermedias, y la aprobación de Trump ha caído en los últimos meses, en parte debido a la preocupación por el aumento de los costos, algo en lo que los asesores del presidente le han instado a centrarse”, escribió el diario The Washington Post.

El conflicto hizo disparar el precio de la nafta en Estados Unidos, que llegó a 3,48 dólares el galón (3,7 litros) el lunes. Se trata de un aumento de casi el 17 por ciento desde que comenzó la guerra el 28 de febrero.

Además, Trump se enfrenta a la presión de Israel, que quiere ir a fondo en la guerra para tumbar al gobierno iraní. El premier Benjamin Netanyahu está listo para seguir la ofensiva hasta lograr la caída de Teherán. Pero la población no ha salido a las calles, como preveía Washington. Si no hay una invasión terrestre, o una ofensiva de los kurdos iraníes que podría desembocar en una guerra civil, el objetivo israelí parece cada vez más lejano.

El director gerente del Instituto de Política del Cercano Oriente de Washington, Michael Singh, citado por The Times of Israel, dijo que los objetivos de Estados Unidos e Israel en el conflicto no son idénticos.

Israel quiere que Irán sea “permanentemente debilitado. Pero Estados Unidos puede no tener tanto apetito por un conflicto extenso, especialmente porque tiene prioridades en otros teatros que Israel obviamente no tiene. Nosotros podemos empacar e irnos a casa, mientras que Israel no puede”, dijo Singh, exasesor de la Casa Blanca en Medio Oriente durante la presidencia de George W. Bush.

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