Científicos logran cultivar garbanzos en suelo lunar simulado.

Un nuevo estudio mostró que es posible hacer crecer garbanzos en una mezcla con polvo lunar simulado. El avance podría ser clave para producir alimentos en futuras bases en la Luna o incluso en Marte.

Cultivar alimentos fuera de la Tierra es uno de los grandes desafíos de la exploración espacial. Si en el futuro se establecen bases permanentes en la Luna o en otros planetas, los astronautas no podrán depender únicamente de suministros enviados desde la Tierra. Por eso, desarrollar formas de producir comida en el espacio se volvió una prioridad para la ciencia.

Un estudio reciente mostró que ese objetivo podría estar un poco más cerca. Investigadores lograron cultivar garbanzos en una mezcla que incluía suelo lunar simulado, un material que imita las características del polvo y las rocas que cubren la superficie de la Luna.

La investigación fue publicada en la revista científica Scientific Reports y plantea una posibilidad interesante: que en el futuro los astronautas puedan producir parte de su propio alimento durante misiones largas.

Para el experimento, los científicos utilizaron un simulante de regolito lunar, el nombre que recibe el polvo que cubre la superficie del satélite natural de la Tierra. Este material fue diseñado a partir de estudios de muestras traídas durante las históricas misiones Apollo program de NASA.

Las semillas de garbanzo utilizadas en el estudio —de la variedad “Myles”— fueron tratadas con hongos beneficiosos antes de ser sembradas. Luego se plantaron en una mezcla compuesta por regolito lunar simulado y vermicompost, un fertilizante natural producido por lombrices a partir de materia orgánica.

Los resultados fueron alentadores. En condiciones de laboratorio, los investigadores lograron obtener plantas que produjeron garbanzos en mezclas con hasta un 75% de suelo lunar simulado.

Cuando la proporción de regolito aumentaba, la cantidad de plantas que lograban producir disminuía, aunque el tamaño de los garbanzos se mantenía relativamente estable. En cambio, cuando se utilizó 100% de suelo lunar simulado, las plantas germinaron pero no llegaron a florecer ni a producir semillas y terminaron muriendo.

Según explicó la investigadora Jessica Atkin, del Departamento de Ciencias del Suelo y los Cultivos de la Texas A&M University, los garbanzos son un alimento particularmente interesante para el espacio.

La razón es simple: son ricos en proteínas y nutrientes esenciales, lo que los convierte en un buen candidato para formar parte de una futura agricultura espacial.

El desarrollo de este tipo de cultivos resulta clave para los planes de exploración que impulsan tanto Estados Unidos como China, que en los próximos años planean enviar astronautas nuevamente a la Luna con la idea de establecer bases permanentes.

Uno de los grandes obstáculos es el propio suelo lunar. A diferencia del de la Tierra, el regolito está compuesto principalmente por roca pulverizada y partículas muy finas, muchas veces afiladas como pequeños fragmentos de vidrio formados tras miles de millones de años de impactos de meteoritos.

Aunque contiene algunos minerales útiles para las plantas, carece de algo fundamental: materia orgánica y microorganismos, elementos que en la Tierra ayudan a que el suelo sea fértil.

En este estudio, los hongos que recubrían las semillas jugaron un papel clave. Estos microorganismos establecieron una relación beneficiosa con las plantas, ayudándolas a absorber nutrientes y reducir la presencia de metales potencialmente dañinos.

Además, los microbios lograron colonizar las raíces incluso en condiciones muy pobres, y contribuyeron a que el regolito se comportara de manera más parecida a un suelo terrestre.

A pesar de los resultados prometedores, los investigadores aclararon que los garbanzos obtenidos todavía no se consideran aptos para el consumo. Actualmente están siendo analizados para comprobar si acumulan metales presentes en el regolito lunar, como hierro o aluminio.

El hierro puede ser beneficioso para las plantas, pero niveles altos de aluminio podrían resultar tóxicos si terminan concentrándose en los alimentos.

Por eso, antes de pensar en un futuro plato de hummus cultivado en la Luna, los científicos quieren asegurarse de que estos cultivos sean realmente seguros.

De todos modos, los investigadores consideran que el experimento representa un primer paso importante hacia la agricultura fuera de la Tierra, algo que podría ser clave para misiones espaciales cada vez más largas.

Además de producir alimentos, las plantas podrían cumplir otra función fundamental en futuras colonias espaciales: generar oxígeno y ayudar a mantener sistemas de soporte vital para los astronautas que vivan lejos de nuestro planeta.

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