En una demostración de fe que se extendió por más de diez horas, una enorme columna de fieles cruzó el puente General Belgrano durante la madrugada. La peregrinación partió de Capital y culminó en el Convento de las Hermanas Clarisas de Resistencia.
Como cada Semana Santa desde hace casi medio siglo, el Nordeste argentino fue testigo de una de sus manifestaciones religiosas más profundas y convocantes. La 47° edición del Vía Crucis Interprovincial volvió a borrar las fronteras entre Corrientes y Chaco, uniendo a ambas comunidades en un camino de oración, sacrificio y esperanza que desafió el cansancio de la madrugada del viernes.
La columna de peregrinos comenzó a concentrarse poco antes de la medianoche del jueves en el Convento de las Hermanas Clarisas de la ciudad de Corrientes. Allí, pasadas las 23:45, se dio inicio formal a la caminata que recorrería 15 estaciones cargadas de simbolismo. Familias enteras, jóvenes de diversas parroquias y personas mayores compartieron el trayecto, portando velas y rezando en un clima de profundo respeto.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada se vivió alrededor de las 3 de la mañana, cuando la marea de fieles alcanzó el peaje del puente General Belgrano. El cruce de la estructura interprovincial, bajo un cielo que acompañó con temperaturas agradables, representó no solo la unión geográfica, sino el vínculo espiritual de una región que comparte su devoción.
Tras dejar territorio correntino, la procesión ingresó a Barranqueras y continuó su marcha hacia Resistencia. En cada parada, desde la Parroquia Inmaculada Concepción hasta el Hospital Perrando, se sumaron nuevos fieles que esperaban el paso de la Cruz para integrar las últimas estaciones del recorrido religioso.
Final en Resistencia
La peregrinación culminó pasadas las 9:45 de ayer en el Convento de las Hermanas Clarisas de Villa Elba, en la capital chaqueña. Allí, tras más de diez horas de marcha ininterrumpida, los exhaustos pero emocionados participantes recibieron la bendición final.
“Es una experiencia que te renueva el alma. Cruzar el puente de noche, viendo a tanta gente unida por la misma fe, te hace sentir que realmente Él es nuestra paz, como decía el lema de este año”, comentó una joven peregrina al llegar a la meta.
Con esta nueva edición, el Vía Crucis Interprovincial reafirmó su vigencia como un pilar del calendario litúrgico regional, consolidándose como un espacio donde el esfuerzo físico se transforma en una ofrenda espiritual que une a dos provincias hermanas.
“La Cruz no acusa, sino que perdona”
En una emotiva y profunda celebración, la iglesia Catedral fue ayer el escenario de la Pasión de Nuestro Señor. El salón San Pablo albergó a los fieles en un clima de recogimiento, en una liturgia presidida por monseñor Adolfo Larregain.
Bajo la premisa de que “hoy la Iglesia guarda silencio y el que habla es el madero”, la ceremonia se centró en la contemplación del sacrificio extremo. Monseñor Larregain destacó que, aunque no hay consagración de la Eucaristía, el Viernes Santo permite contemplar el amor llevado al límite.
Uno de los puntos más destacados de la homilía fue la humanización del sacrificio de Cristo:
-Cercanía: “Jesús es el sumo sacerdote que conoce nuestro dolor”.
-Realidad: se enfatizó que Cristo murió por “heridas bien concretas” de cada individuo, y no por un concepto abstracto.
-Misericordia: “La Cruz no acusa, sino que perdona”, recordó el obispo, citando las palabras de perdón de Jesús desde el madero.
Llamado a la acción y la coherencia
Más allá de la contemplación, monseñor Adolfo instó a los presentes a no ser indiferentes ante las injusticias y omisiones que “siguen crucificando al Señor”. El mensaje final fue de compromiso: “No es posible comulgar con Cristo sin aprender a vivir como Él, en entrega, servicio y misión”.
En un contexto global marcado por la violencia y la indiferencia, la Iglesia reafirmó ayer que la Cruz de Cristo sigue siendo la única esperanza verdadera para un mundo herido.