(Corresponsalía Buenos Aires) – La presión por el uso comercial de las transmisiones deportivas volvió a instalarse en el sector gastronómico argentino. En las últimas semanas, la FIFA inició el envío de cartas documento a bares, locales gastronómicos y centros de eventos del país a través de su agencia licenciataria de derechos en Argentina, Grupo Foggia, reclamando el cumplimiento estricto de las condiciones de exhibición de los partidos.
El eje del planteo es claro: la transmisión de los encuentros puede realizarse como parte del servicio habitual del establecimiento, pero no puede convertirse en un negocio adicional sin autorización formal. Es decir, los partidos pueden verse en pantallas dentro de un bar o restaurante, pero no pueden ser utilizados como herramienta de promoción comercial, venta de entradas ni generación de paquetes especiales de consumo asociados al evento deportivo.
La notificación, que ya habría llegado a distintos puntos del país —entre ellos cadenas reconocidas del rubro gastronómico como Temple Bar—, advierte sobre el uso indebido de la marca y de los derechos audiovisuales vinculados a las competiciones oficiales. En ese sentido, se apunta especialmente a la difusión en redes sociales y piezas publicitarias que anuncien “eventos especiales” con motivo de los partidos, así como a la comercialización de reservas condicionadas a la transmisión.
El criterio, según remarcan desde el esquema de licencias, distingue entre el consumo pasivo del contenido —habitual en bares durante eventos deportivos— y la explotación económica directa del producto televisado, que requiere contratos específicos y el pago de regalías.
En el sector gastronómico la medida generó inquietud, especialmente en aquellos establecimientos que utilizan habitualmente los eventos deportivos como atractivo para incrementar la concurrencia. Sin embargo, el marco legal vigente en materia de derechos audiovisuales internacionales deja poco margen para interpretaciones: cualquier uso con fines promocionales o lucrativos debe ser expresamente autorizado.
Mientras tanto, los comercios deberán revisar sus estrategias de comunicación para evitar sanciones o intimaciones adicionales, en un escenario donde la frontera entre entretenimiento y explotación comercial vuelve a quedar bajo la lupa de los titulares de los derechos deportivos.