El Hospital Pediátrico Juan Pablo II cumple un cuarto de siglo

El emblemático Hospital Pediátrico Juan Pablo II se inauguró un 9 de diciembre de 1997. Fue el último hospital construido desde sus cimientos. Atacado por distintas administraciones que intentaron renegar de su origen, hoy se yergue como el único destinado a la niñez correntina. 

Fue en 1997, al atardecer, cuando ante una multitud se cortaron las cintas del primer hospital de niños de alta complejidad que venía a reemplazar al viejo “Eloísa Torrent de Vidal”, ubicado detrás del Hospital Vidal. Era gobernador Tato Romero Feris y el locutor oficial fue Daniel Toledo. El Monumento al Papa se erigió en un extremo y el nombre fue escogido como homenaje de la ciudad a quien 10 años antes había pisado suelo correntino. “Esta es una obra de Fe, esta es una obra de Esperanza, esta es una obra de Amor”, había expresado en aquella oportunidad el gobernador. Nunca más se realizó una obra similar, y tras la Coalición, el Pediátrico fue desmantelado sistemáticamente, y su personal emigró a otras provincias.

  
Fundaniño fue pensada para sostenerlo.

Pensado como un Hospital de Alta Complejidad para Niños, contaba con un helipuerto, salas de quemados, terapia intensiva de alta tecnología, un moderno sistema de refrigeración y una funcionalidad que fue pensada en base a hospitales de Estados Unidos, entre ellos la Mayo Clinic.

El personal médico de alta capacidad fue entrenado en los Estados Unidos, el personal de enfermería era graduado universitario y una Fundación, Fundaniño, hacía de soporte económico de algo que debía estar al mismo nivel de Instituto de Cardiología.

A su vez, en línea directa con el Hospital Garrahan de Buenos Aires, existía un lazo con el mayor centro pediátrico del país.

Mucho antes que los hospitales de Posadas y de Resistencia, el Juan Pablo II diez años antes dio un paso de avanzada recibiendo a pacientes de todas las provincias del NEA y del Paraguay, que eran derivados por su prestigio adquirido apenas nació.

En un acto celebrado frente al Hospital, el entonces goberndor Tato Romero Feris junto al gobernador electo Pedro Braillard Poccard cortaron las cintas de la mayor obra del gobierno nuevista de esos tiempos.

Pero la maldad política de los años subsiguientes a 1999 terminaron por desmantelarlo técnica como humanamente. El personal fue removido, los médicos debieron hacer esfuerzos sobrehumanos por mantenerlo, Fundaniño fue prohibida, y hasta los televisores fueron robados de las salas de internación y espacios de espera.

Una obra que nació para ser grande, terminó siendo un hospital que lucha por sobrevivir en medio de grandes carencias, y con un personal humano que fue perseguido y agotado por esas carencias.

Hoy día, a 25 años  queremos testimoniar la deuda que Corrientes tiene con esta gran obra y sus hacedores, pero también develar que la maldad no solo fue contra ellos, sino especialemente contra los niños que murieron allí por no tener la atención debida por culpa de la mezquindad de aquellos tiempos de la Coalición, la Intervención radical cordobesa y los gobiernos sucesivos.

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