Goza de una enorme popularidad a pesar de las graves denuncias de derechos humanos contra su gobierno. Amnistía Internacional habla de “crímenes de lesa humanidad”.
A Nayib Bukele no le mueven ni un pelo las denuncias de violaciones a los derechos humanos. A la enorme mayoría de los salvadoreños tampoco.
Después de siete largos años en el gobierno, el presidente salvadoreño buscará su segunda reelección consecutiva en febrero próximo, en un país que hasta hace poco prohibía expresamente esta posibilidad en su Constitución y ahora la autoriza hasta en forma indefinida.
Si lo logra habrá cumplido 14 años ininterrumpidos en el poder, con la posibilidad de ser reelegido en 2033 por otros seis años y sin ningún tipo de freno legal.
Con altísimos niveles de popularidad, la pregunta que se hacen opositores y analistas es ¿hasta cuándo Bukele seguirá en el poder, en medio de una creciente ´bukelización´ de la política regional?
Abelardo de la Espriella, el flamante presidente electo de Colombia, es un ejemplo de cómo cada vez más países del área, como Ecuador o Honduras, buscan adoptar el modelo salvadoreño de “mano dura” para combatir el crimen organizado.
¿Por qué Bukele tiene una enorme popularidad?
La última encuesta de CID Gallupes contundente. Bukele, de 44 años, tiene una imagen favorable de 93% y un apoyo de 98% a su gestión en seguridad.
¿La causa? El mandatario acabó con las “maras”, las violentas pandillas que asolaron el país en los últimos 30 años. No fue fácil: metió presos a decenas de miles de supuestos pandilleros, muchos de ellos en “procesos colectivos” y entre graves denuncias de violaciones de derechos humanos y un cuestionado régimen de excepción que dura ya cinco años.
La organización Amnistía Internacional fue terminante: cientos de personas murieron en prisión y más de 90.000 fueron detenidas arbitrariamente, lo que constituiría “crímenes de lesa humanidad”.
Pero el país se pacificó y hoy la violencia es solo un mal recuerdo del pasado. En ese escenario, el presidente fue designado por su partido Nuevas Ideas como candidato para buscar un tercer mandato de seis años en las elecciones del 28 de febrero próximo. No tiene rival.

“Resulta difícil imaginar un escenario en el que Bukele no sea reelegido. Por un lado, la oposición continúa profundamente debilitada y, por otro, el deterioro de la independencia de las instituciones y de las garantías electorales hace difícil que exista una competencia en igualdad de condiciones”, dijo el salvadoreño Víctor Aguilar, analista para América Latina de la ONG internacional Crisis Group.
Según el analista, “la elección presidencial de 2027 se perfila más como una formalidad que como una verdadera contienda”.
Bukele, en el poder desde 2019, diagramó a su medida la posibilidad de alcanzar una reelección indefinida. En 2024, un fallo de jueces afines le permitió volver a presentarse a elecciones a pesar de que lo prohibía la Constitución.
En julio de 2025, un Congreso mayoritariamente favorable abolió el límite de solo dos mandatos consecutivos y habilitó la reelección indefinida. Además, amplió el período presidencial de cinco a seis años, eliminó la segunda vuelta electoral y acortó el actual mandato a dos años para sincronizar las elecciones nacionales con las locales. Su mandato termina en 2027.
La oposición, diezmada, dijo que el país fue testigo de la “muerte de la democracia”.
Hoy el camino de Bukele a una segunda reelección está allanado.
Sin embargo, Aguilar mencionó que ”hay dos elementos que, si bien no alterarían el resultado, podrían introducir nuevos matices”.
“El primero son las elecciones de medio término en Estados Unidos. Dada la estrecha relación de Bukele con la administración Trump, un buen resultado para los demócratas en noviembre podría traducirse en mayor presión para que haya un escrutinio internacional del proceso electoral salvadoreño”, indicó.
Para el analista, “el segundo tiene que ver con las elecciones legislativas y municipales, que se celebrarán el mismo día. Aunque la enorme popularidad de Bukele arrastra votos hacia su partido, sus legisladores y alcaldes no gozan ni de cerca del mismo nivel de simpatía”.
“Si la oposición todavía conserva algún margen para crecer, probablemente sea ahí, aunque partirá en una posición de clara desventaja”, advirtió.
La paulatina “bukelización” regional
El “éxito” de Bukele contra la criminalidad, más allá de las denuncias de violaciones a los derechos humanos, comienza a hacer ruido en la región.
El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, fue el primero en imitar el modelo de combate a la inseguridad, después de Honduras. Ahora, el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, promete “bukelizar” la política colombiana y “bombardear” a los grupos criminales, carteles y guerrilleros. De hecho, lo imitó hasta en su estética durante la campaña.
“Es indudable que Bukele está influyendo en la política regional, sobre todo en las narrativas de ´mano dura´. Él no inventó ese discurso, pero sí le dio un nuevo impulso en un contexto de ascenso de liderazgos de derecha con estilos disruptivos. Su influencia se percibe en los debates sobre megaprisiones, estados de excepción y políticas de seguridad más punitivas“, dijo Aguilar.
Según el analista salvadoreño, “su influencia se nota mucho más en la forma de hacer campaña que en un modelo de gobierno”.
“Los grandes sucesos políticos en la región siguen dependiendo, sobre todo, de factores domésticos, como el desgaste de los gobiernos, la correlación de fuerzas y la confianza de la ciudadanía en que sus representantes pueden resolver sus principales preocupaciones. Nadie gana una elección ni construye gobernabilidad en América Latina solo por parecerse a Bukele”, concluyó.