Exitoso regreso de dos aguará guazú al Iberá.

Catalina Mancedo, del Centro de Conservación Aguará, brindó precisiones sobre el proceso de crianza con “fantasmitas”, los mitos que rodean a la especie y el desafío de devolver a estos “monumentos naturales” a su hábitat correntino tras nueve meses de rehabilitación.

Luego de que se conocieran las emocionantes imágenes de Kuarahy y Jasy corriendo nuevamente en los Esteros del Iberá, Catalina Mancedo, integrante del Centro de Conservación Aguará, profundizó en los detalles de una historia que movilizó a especialistas de Corrientes y Buenos Aires. Los ejemplares, cuyos nombres significan “Sol” y “Luna” en guaraní, regresaron a su hogar tras completar un exigente programa de nueve meses de recuperación.

El rescate y el desafío de la orfandad

La historia comenzó en agosto del año pasado, cuando los cachorros fueron encontrados con apenas 45 días de vida tras la muerte de su madre en un área protegida. Según explicó Mancedo, la madre no presentaba signos de violencia, por lo que se estima que su deceso pudo deberse al desgaste extremo de energía que implica la gestación y la crianza en la vida silvestre.

Tras un primer mes de atención veterinaria en el Centro Aguará para su estabilización, los hermanos fueron trasladados al Centro de Recuperación de Especies Temaikén (CRET) en Escobar, con el firme compromiso de que regresaran a tierra correntina una vez aptos para la vida silvestre.

Crianza con “fantasmitas” y mínima intervención

Uno de los puntos más críticos del proceso fue garantizar que los animales no asociaran al ser humano con el alimento. Para ello, los técnicos utilizaron una técnica conocida como “fantasmitas”, que consiste en el uso de sábanas, máscaras y guantes para ocultar la figura humana durante el manejo.

“La idea es que puedan crecer lejos de la presencia humana y no nos vean como un estímulo positivo”, señaló Mancedo, destacando que no se los acaricia ni se los alza, preservando sus instintos naturales. Gracias a este trabajo conjunto, los ejemplares pasaron de pesar 1,2 kilos al momento del rescate a alcanzar los 20 kilogramos actuales.

Superando el mito del “lobizón”

El aguará guazú (“zorro grande” en guaraní) es el cánido más grande de América del Sur y es considerado un Monumento Natural en Corrientes, lo que le otorga una protección legal especial. Sin embargo, la especie ha enfrentado históricamente amenazas derivadas del desconocimiento.

Durante la entrevista, se recordó cómo su altura, su particular aullido y su postura en la oscuridad alimentaron durante años la leyenda del lobizón, llevando a que muchas personas los persiguieran o mataran por miedo. Actualmente, este paradigma está cambiando, y la especie se ha convertido en un emblema del ecoturismo y la conservación en la provincia.

Monitoreo en el Iberá

Aunque fueron liberados juntos, Mancedo aclaró que el aguará guazú es un animal solitario que solo busca compañía para reproducirse. Por este motivo, tras la apertura de los caniles, cada uno tomó su propio camino. Ambos llevan collares satelitales con GPS que permitirán a los equipos técnicos monitorear en tiempo real su adaptación, desplazamientos y hábitos alimenticios en esta nueva etapa de libertad.

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