La firma Carrandi S.A. presentó una acusación formal ante el ICAA contra el propietario del campo “El Curupí” por la construcción de obras ilegales sobre el río Sarandí. Advierten sobre severos daños productivos, pérdidas de ganado e impacto ambiental en el municipio de Malvinas.
Una grave denuncia administrativa ingresó al Instituto Correntino del Agua y del Ambiente (ICAA). La firma ganadera CARRANDI S.A., propietaria del establecimiento “La Isabel” (ubicado en Paraje Malvinas, Cuarta Sección del Departamento de Esquina), accionó formalmente contra el titular del campo vecino “El Curupí”, Martín Winkler, a quien acusan de haber construido dos enormes terraplenes clandestinos sobre el cauce del río Sarandí sin ningún tipo de autorización ambiental ni hídrica.
Las imágenes aéreas captadas sobre el terreno muestran con claridad la magnitud de la obra: un interminable muro de tierra que frena el escurrimiento natural de las aguas y convierte la zona en un gigantesco embalse artificial.
Según la presentación patrocinada por los abogados Marcos Chiappe e Ignacio Barry, la obstrucción del río provocó anegamientos extraordinarios que se mantuvieron estancados por semanas y meses en lugar de drenar normalmente.
Esta alteración artificial del comportamiento hídrico provocó la muerte y desaparición de 35 novillos ahogados por la creciente. Asimismo, Unas 2.000 cabezas de ganado sufrieron falta de pasturas y desnutrición, perdiendo en promedio 45 kilos por animal (una pérdida productiva total estimada en 90.000 kilos de carne).
A su vez, el establecimiento “La Isabel” quedó inoperativo durante seis meses. Además, se debieron evacuar de urgencia unas 250 cabezas hacia otros predios para salvarlas de las aguas.
La sombra sobre el municipio de Malvinas
Aunque el escrito administrativo se centra en el daño entre particulares dentro de la Cuarta Sección y el impacto en la producción ganadera, las miradas apuntan también al fuerte impacto ambiental aguas arriba, dentro de la jurisdicción del municipio de Malvinas.
Las severas inundaciones que viene sufriendo la zona y el anegamiento prolongado del malesal por donde cruza el río Sarandí encuentran una explicación directa en este tipo de polders y taponamientos artificiales. Al cerrarse la vía de drenaje natural por obras privadas sin habilitación, el agua “rebalsa” e impacta de lleno en todo el territorio municipal.