Una investigación internacional indica que actualmente hay 443.000 chicos en el país que atraviesan al menos un mes adicional de estrés térmico al año, cifra que podría incrementarse en un 65% en los próximos años. Recomendaciones a tener en cuenta y cómo abordar la problemática con los menores de edad
Un reciente estudio internacional indica que el aumento del calor húmedo extremo derivado del cambio climático producido por el ser humano perjudicará especialmente a niños de entre 0 y 9 años en todo el mundo. En la Argentina, las cifras marcan que hoy hay más de 400 mil chicos de esa franja etaria expuestos a, al menos, un mes adicional por año de exposición a estrés térmico, período extra que se origina por el calentamiento global,y que ese grupo podría incrementarse en los próximos años hasta un 65%.
El estudio, publicado en la revista Science Advances y realizado por un equipo de investigadores del Departamento de Agua y Clima de la Universidad Libre de Bruselas (Bélgica) junto a colegas de universidades de Suiza, Inglaterra, Nueva Zelanda y un instituto alemán, resalta que la población de la franja etaria mencionada es la más afectada por los efectos del calor húmedo extremo, tanto sobre su salud como sobre su desarrollo, debido a múltiples factores.
Respecto de la Argentina, el estudio marca que, con las condiciones climáticas actuales, 443.000 niños de entre 0 y 9 años sufren exposición a, al menos, un mes adicional de estrés térmico. Pero esa cifra se puede elevar a 684.000 menores si la temperatura promedio global aumenta 1,5º por encima de los niveles preindustriales y que llegaría hasta 731.000 chicos de hasta 9 años en caso de que ese registro térmico promedio llegue a 2º, escenarios que pueden ocurrir si no disminuye la emisión de gases de efecto invernadero.
El estudio toma como referencia el índice WBGT (siglas en inglés de “temperatura del globo y bulbo húmedo”), que combina temperatura, humedad, velocidad del viento y radiación solar para medir el estrés térmico al que se expone el cuerpo humano en días de calor húmedo. Es una variable que suele usarse para magnificar las potenciales alteraciones que sufren los cuerpos de adultos jóvenes expuestos a actividades durante jornadas de altas temperaturas con humedad. En caso de que ese índice supere los 28° a la sombra, se recomienda reducir la actividad física y programar descansos.
Cuerpos vulnerables
Ante un día de calor normal, el cuerpo humano tiene al sudor como su principal aliado para enfriarse gracias a la evaporación de la transpiración. Pero cuando hay un exceso de humedad en el ambiente, esta función se ve completamente alterada porque al no lograr evaporarse el sudor, el mismo queda en el cuerpo junto al calor acumulado.
En el caso de los niños, la situación es de mayor riesgo porque su mecanismo de sudoración está menos desarrollado que el de un adulto y porque tienen una superficie corporal grande si se la relaciona con su masa corporal, por lo que absorben más rápido el calor del ambiente, explicó a TN el médico pediatra Damián Markov (M.N. 149.532).

“En condiciones de calor leve a moderado, las últimas investigaciones indican que las diferencias entre los niños y los adultos son limitadas y no se encuentran mayores riesgos ni daños por calor en los niños comparativamente. Sin embargo, esta diferencia se hace mucho más notoria en situaciones de calor extremo, ahí es cuando el riesgo en los niños se dispara”, agregó quien, además, es encargado de prensa del Comité Nacional de Salud Infantil y Ambiente de la Sociedad Argentina de Pediatría. Y anticipó que “en base a las proyecciones de escenarios climáticos a futuro, estas situaciones serán cada vez más frecuentes, poniendo a los niños y niñas en mayor riesgo”.
Hay tres factores por los cuales los niños, sobre todo los lactantes y los menores de 5 años, son uno de los grupos más vulnerables al calor junto a adultos mayores, personas con enfermedades preexistentes y trabajadores al aire libre.
En primer lugar, Markov señaló el factor fisiológico: “Diferentes estudios constatan que la exposición al calor extremo durante el embarazo se asocia con partos prematuros, bajo peso de los niños al nacer y otras complicaciones, por lo que la vulnerabilidad empieza antes de nacer. Además, hay evidencia creciente de que el calor afecta el rendimiento cognitivo y escolar”.

“El segundo factor es de dependencia: un niño chico no puede hidratarse solo, no puede alejarse del sol por su cuenta, no puede prender un ventilador ni pedir ayuda con claridad. Depende de un adulto que reconozca el riesgo. Si el adulto no lo nota, el niño no tiene cómo protegerse”, explicó.
Por último, indicó que el tercer factor es respecto de la exposición y las consecuencias a largo plazo de ello: “Los chicos pasan más tiempo al aire libre jugado y, como están en pleno desarrollo, el calor puede dejar huellas que van más allá de un episodio agudo”.
Déficits y cuidados tempranos
Uno de los focos del estudio es la población vulnerable que no tiene todas las necesidades básicas cubiertas, mayormente afectada a este tiempo adicional de exposición y que no cuenta con condiciones habitacionales aptas para afrontar adecuadamente las consecuencias derivadas del cambio climático.
En el marco de la publicación del estudio, la investigadora de la Universidad Libre de Bruselas Rosa Pietroiusti, una de las autoras principales del artículo científico, dijo que “el cambio climático ya está causando que cientos de millones de niños en todo el mundo están expuestos a un calor peligroso, lo que representa graves riesgos para su salud” y que, particularmente, “los niños en países en desarrollo enfrentan una exposición desproporcionada a los fenómenos climáticos extremos ahora y en el futuro, a pesar de ser (esos países) los que menos han contribuido a las emisiones históricas de gases de efecto invernadero”.
En ese sentido, Francisco Chesini, magíster en Salud Pública y becario del Conicet por la Universidad Nacional de Avellaneda, señaló que las desigualdades no son sólo en materia constructiva sino que se trata de una “sumatoria de vulnerabilidades”, que está conformada por déficits habitacionales, de salud y económicos.
La imposibilidad de acceder en el corto plazo a mejoras edilicias o a contar con equipos de refrigeración adecuados obliga a que los núcleos familiares estén atentos a los primeros síntomas del calor en los más chicos, que no son necesariamente golpes de calor sino que pueden manifestarse antes en forma de sarpullidos, dolores de cabeza o malestar general.
Si bien la atención a estos síntomas debe empezar en casa, el investigador planteó que también es importante que las instituciones a las que los chicos puedan ir durante los meses de más calor, como clubes o colonias, tengan la infraestructura adecuada para afrontar situaciones de este tipo.
“Deberíamos pensar no sólo a nivel familiar, sino en una red inmediata de cuidados que contemple a esos espacios en los que se exponen los chicos”, señaló. La época de mayor calor no suele transcurrir en el período escolar, pero Chesini recordó que en 2023 se desarrolló una ola de calor en buena parte del país durante marzo, con las clases ya iniciadas.
“Se deben pensar dispositivos institucionales para responder ante estas situaciones. Tal vez hacer actividades a la sombra o menos actividad física en horarios centrales del día”, expresó.
Cómo abordar el asunto con los chicos
Por su parte, Markov señaló que esta problemática puede hablarse con los más chicos. Cuestiones como el cambio climático o las consecuencias de exponerse en días con temperaturas muy elevadas se deben dialogar sin necesidad de infundir miedos.
“Queremos generar conciencia y que sepan cuidarse, pero no queremos criar chicos que le tengan terror al sol. Es importante que el adulto controle la narrativa”, explicó el pediatra. A veces, será necesario que un adulto tenga que impedirle a un niño salir a jugar durante un día de calor extremo y humedad elevada. En esos casos, es fundamental explicar por qué se toma esa decisión, “con un lenguaje claro, acorde a la edad y sin dramatismo”.

En ese sentido, detalló: “La frase ‘hace mucho calor y es peligroso’ puede sonar suficiente para un adulto que entiende, pero rara vez le alcanza a un chico. Algo más concreto como ‘hoy el sol está tan fuerte que tu cuerpo se cansa mucho más rápido, así que vamos a jugar adentro un rato y salimos a la tardecita cuando baje’ corre la actividad, no la prohíbe. El mensaje no es ‘no podés’, es ‘ahora no, más tarde sí’. De esta forma, ofrecemos otro plan atractivo que le saca la connotación negativa al calor”.
A modo de comparación, también sugirió apoyarse en las explicaciones que suelen darse en otras situaciones de autocuidado (como lavarse las manos después de ir al baño o usar el cinturón de seguridad). Explicar por qué hay que tomar más agua, jugar en la sombra o descansar en días de calor extremo también podría ayudar a prevenir sus impactos: “Así, se convierte en un hábito que pueden incorporar, no en emergencia”.