La amenaza de Trump de abandonar la “neutralidad” y los anuncios del líder libertario encendieron las alarmas en Londres. Sin embargo, las preocupaciones del primer ministro Andy Burnham se centran en la agenda económica y migratoria.
El despliegue de la bandera de los jugadores de la Selección Argentina después de la semifinal del Mundial puso la cuestión Malvinas en los ojos del mundo. Ahora, de forma más específica, la amenaza de Donald Trump de cambiar la posición de neutralidad y los anuncios de Javier Milei hicieron mella y tuvieron impacto en la interna política del Reino Unido.
Según pudo saber de distintas fuentes del Parlamento británico, por primera vez en muchos años, la discusión sobre la posición del Reino Unido con respecto al reclamo de soberanía de la Argentina empieza a generar tensiones y divisiones tanto en el Partido Conservador como en el oficialismo, el Partido Laborista.
En primer lugar, los tories, como se conoce a los conservadores, apuntan directamente a una supuesta “debilidad” del actual primer ministro, Andy Burnham. Señalan que la posición de Downing Street hizo que Trump se animara a amenazarlo firmemente y que Milei se parara frente a las cámaras para apuntar directamente a sancionar a empresas del Reino Unido y recuperar la soberanía de las islas.
Son los conservadores quienes, al mismo tiempo y en este contexto, empujan de forma sofisticada para aumentar la fortaleza militar del Reino Unido en las islas. Es el sector que históricamente se mostró más duro frente a los reclamos de la Argentina, no solo bajo el principio de autodeterminación de los pueblos, sino también con un concepto que cada vez tiene mayor peso en el mundo actual: el poder de disuasión.
Por otro lado, el propio Partido Laborista empieza a mostrar algunas divisiones internas. Están quienes ven en la decisión de devolver el archipiélago de Chagos a Mauricio, que se terminó concretando en 2025, un error que podría marcar un antecedente para la discusión por las Malvinas.
Aquella decisión también se terminó tomando bajo presión de los Estados Unidos, que empezaba a observar cómo su base militar compartida con el Reino Unido en la isla Diego García quedaba en medio de una discusión territorial de soberanía. Así, Washington presionó para que Londres llegara a un acuerdo con Mauricio para la devolución de la soberanía del archipiélago, pero “alquilara” el control de la isla Diego García.
Una posición que sigue siendo mayoritaria

Pese a estas divisiones, que en el último tiempo se fueron marcando cada vez con más fuerza, hay una idea homogénea en el arco político británico: el Reino Unido no perderá las islas Malvinas.
Esto es, por lo menos, lo que piensa gran parte del sector político. Entienden que, pese a las presiones de Estados Unidos y a lo que consideran un oportunismo electoral de Milei, no existe una posibilidad real de que Londres, dado el contexto geopolítico y la posición estratégica de las islas, termine por devolver la soberanía de las Malvinas.
De esta manera, las diferencias que comienzan a aparecer dentro de los principales partidos británicos no implican, por ahora, un cambio en la posición de fondo respecto de las islas. Las discusiones pasan por la forma en la que el Reino Unido debe responder ante las nuevas presiones y por el grado de fortaleza que debe mostrar frente al reclamo argentino.
Hay otra cuestión que sigue inamovible: el común denominador de la sociedad británica todavía no le presta demasiada atención a lo que sucede con las islas Malvinas. Otras preocupaciones internas, tanto económicas como migratorias, concentran los principales focos de la agenda en el Reino Unido.
Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, la cuestión Malvinas empieza a hacer mella en una política británica que viene convulsionada por recambios constantes de primeros ministros y por divisiones y choques internos entre los históricos partidos de gobierno.
A ese escenario se suma un ascenso que genera cada vez mayor turbulencia: el de Reform UK, un partido antisistema que ganó gobiernos locales en el interior del país y amenaza con consolidarse de cara a las próximas elecciones nacionales.
En ese contexto, la combinación entre las señales provenientes de Estados Unidos, la ofensiva política de Milei y el renovado reclamo argentino comenzó a introducir la cuestión Malvinas en una discusión interna británica que, durante años, se mantuvo prácticamente al margen de la agenda política cotidiana.