Estudio de la UNNe analizó los antibióticos se recetan en hospital de Corrientes

Un equipo de la Cátedra de Farmacología de la Facultad de Medicina de la UNNE estudió las combinaciones de antibióticos más indicadas en pacientes hospitalizados con infecciones respiratorias. El trabajo analizó 92 historias clínicas y comparó esas indicaciones con las guías de la Organización Mundial de la Salud.

Cuando se toma un antibiótico sin necesitarlo, o en una dosis o durante un tiempo distinto al indicado, las bacterias que circulan en el organismo pueden aprender a sobrevivir a ese medicamento. Con el tiempo, ese mismo antibiótico deja de ser efectivo en otras personas. Ese fenómeno se llama resistencia a los antibióticos y, según los últimos registros en 2019 se relacionó con 1,27 millones de muertes en el mundo y estuvo presente en casi 5 millones de fallecimientos adicionales.

Para ordenar este tema, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció qué significa usar un medicamento de forma correcta: que el paciente reciba el fármaco que su cuadro necesita, en la dosis que corresponde, durante el tiempo justo y al menor costo posible. También creó una clasificación llamada AWaRe, que ordena a los antibióticos en tres grupos según el riesgo de generar resistencia si se usan de más: un grupo de uso habitual, uno de uso con seguimiento y uno reservado para casos puntuales.

Un equipo de la Cátedra de Farmacología de la Facultad de Medicina de la UNNE analizó historias clínicas de un hospital de referencia de la ciudad de Corrientes para responder una pregunta: cuando un paciente ingresa con una infección respiratoria, qué antibióticos recibe y si esas indicaciones coinciden con lo que recomiendan los organismos de salud.

El trabajo se titula «Antibióticos prescriptos en pacientes internados con patologías respiratorias en un servicio de Clínica Médica de un Hospital de referencia» y corresponde al período 2025-2026. Lo firman las doctoras Joaquina Macarena Arce, María Eugenia Horna, María Teresa Rocha, Lucía Verónica Bordón y Lorena dos Santos Antola.

Las infecciones respiratorias están entre las patologías más comunes de consulta e internación, y también entre los que más antibióticos requieren. Dos cuadros aparecen con frecuencia en los hospitales: la neumonía que una persona contrae fuera del ámbito hospitalario, y las crisis de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), una afección de los pulmones que dificulta la respiración y que se agrava por infecciones.

En ambos casos, factores como la edad, el tabaquismo, otras enfermedades pulmonares o cardíacas y el uso previo de antibióticos influyen en qué bacteria puede estar causando el cuadro y en qué tratamiento conviene indicar.

El equipo de investigadoras se propuso describir qué antibióticos se indican a los pacientes internados por infecciones respiratorias en el Centro de Salud de la ciudad de Corrientes analizado y comparar esas indicaciones con las guías vigentes. La cátedra de farmacología presenta amplia experiencia en estudios de farmacoepidemiología y dentro de ellos los estudios de utilización de medicamentos (EUM).

Utilización de Medicamentos. El equipo trabajó con un diseño observacional, descriptivo, se trató de un EUM: en cual no se intervino en las decisiones médicas, se limitó a  revisar lo registrado en las historias clínicas y en las planillas de enfermería.

Se incluyeron pacientes mayores de 18 años, internados en el Servicio de Clínica Médica de un hospital general de agudos de la ciudad de Corrientes entre febrero y junio de 2026, que hubieran recibido al menos un antibiótico empírico para uso sistémico —es decir, que actúa en todo el organismo y no solo en un punto del cuerpo— indicado sin conocer aún qué bacteria causaba la infección, ya fuera un solo antibiótico o una combinación de dos en una misma dosis. Los registros incompletos o ilegibles quedaron fuera del análisis.

Para cada paciente se registró la edad, el sexo, el diagnóstico que motivó la indicación del antibiótico, otras enfermedades que tuviera además de la infección respiratoria, qué antibiótico o combinación recibió y si ese tratamiento coincidía con la clasificación AWaRe de la OMS y con las guías de las sociedades médicas.

Los datos se cargaron en una planilla diseñada para este trabajo y se procesaron con el programa Epi Info. El estudio contó con la aprobación del Comité de Ética en Investigación de la institución, y los datos de los pacientes se manejaron sin nombres ni datos que permitieran identificarlos.

Tratamientos y combinaciones.  Sobre 92 historias clínicas de pacientes que habían recibido antibióticos, 34 correspondieron a infecciones respiratorias, el 37% del total. La edad promedio fue de 60,6 años, con un rango de 18 a 86 años, y algo más de la mitad de los pacientes eran hombres (52,2%). Las enfermedades que estos pacientes tenían además de la infección respiratoria fueron, en orden de frecuencia, presión arterial elevada, diabetes, EPOC, afecciones cardíacas e insuficiencia renal crónica.

Del total de pacientes, 29 (85,3%) recibieron al menos un antibiótico solo, mientras que 19 (55,9%) recibieron una combinación de dos antibióticos en una misma dosis, principalmente ampicilina/sulbactam y piperacilina/tazobactam. En cuanto a la forma de indicar el tratamiento, 29 pacientes (85,3%) recibieron dos o más antibióticos combinados y 5 (14,7%) recibieron uno solo.

Las combinaciones más frecuentes fueron ceftriaxona con claritromicina (20,6% de los casos, sobre todo en neumonía contraída fuera del hospital), ampicilina/sulbactam con claritromicina (17,6%, en neumonía extrahospitalaria y en crisis de EPOC) y ceftriaxona con metronidazol (23,5%, en pacientes con neumonía por aspiración de contenido gástrico o secreciones, y en acumulación de pus alrededor del pulmón).

En los pacientes que contrajeron la neumonía durante la internación se usó piperacilina/tazobactam junto con vancomicina en el 5,9% de los casos, una combinación pensada para cubrir un espectro más amplio de bacterias.

Al comparar estas indicaciones con la clasificación AWaRe de la OMS, la mayoría de los antibióticos usados pertenecían a los grupos de uso habitual (acceso) y de uso con seguimiento (de precaución) en los casos de mayor gravedad clínica.

Las combinaciones observadas coincidieron, además, con lo que recomiendan la Sociedad Argentina de Infectología y otras sociedades científicas para cada uno de estos cuadros respiratorios. En algunos pacientes, sin embargo, la falta de estudios que identificaran la bacteria causante, de datos sobre la evolución del cuadro o del estado del sistema inmunológico impidió determinar con precisión si el tratamiento elegido era el que correspondía.

Coincidencias con el AwaRe. Las infecciones respiratorias fueron, dentro del grupo de pacientes que recibió antibióticos, las que se presentaron con mayor frecuencia, con la neumonía extrahospitalaria y las crisis de EPOC como diagnósticos más comunes. Para estos dos cuadros, las combinaciones más usadas fueron ceftriaxona con claritromicina y ampicilina/sulbactam con claritromicina.

En términos generales, el estudio arrojó que las prescripciones registradas coincidieron con la clasificación AWaRe de la OMS y con las guías de las sociedades científicas para el manejo de infecciones respiratorias en adultos. Los esquemas usados en los cuadros de mayor complejidad —neumonía por aspiración, acumulación de pus pleural, absceso de pulmón y neumonía contraída durante la internación— también coincidieron con lo que indican esas guías para cada situación clínica.

Al mismo tiempo, el equipo señala un límite propio del estudio: en varios casos, la ausencia de datos sobre la evolución clínica, de estudios que identificaran la bacteria causante, sobre la gravedad de la infección o sobre el riesgo de bacterias resistentes a múltiples antibióticos impidió evaluar por completo si cada tratamiento era el que correspondía.

Por eso, las autoras concluyen que hace falta fortalecer el registro de estos datos en las historias clínicas y seguir haciendo este tipo de estudios de utilización de medicamentos, con el fin de orientar tratamientos eficaces y ajustados a las bacterias que circulan en cada hospital y en cada región.

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