Fátima María Sol Burguener, becaria de Ciencias Veterinarias de la UNNE, llevó adelante un trabajo de investigación sobre los roedores que habitan en los terrenos linderos al Desarrollo Urbanístico Santa Catalina, en la ciudad de Corrientes. Este tipo de ambiente modificado por la urbanización todavía cuenta con pocos estudios sobre las poblaciones de especies silvestres que lo habitan.
Los procesos de urbanización han generado importantes modificaciones en los hábitats naturales, destacándose la fragmentación como una de sus principales consecuencias. Este fenómeno implica la transformación de áreas en múltiples parches, los cuales quedan aislados entre sí por barreras antrópicas, como rutas o caminos.
A ese proceso se lo conoce como fragmentación del hábitat. Los animales silvestres que vivían en ese terreno quedan entonces encerrados en esos sectores, con menos espacio para conseguir alimento y refugio, lo que modifica el tamaño y el comportamiento de sus poblaciones.
Los roedores forman parte de ese grupo de animales. Además de cumplir una función dentro del ecosistema, pueden transmitir enfermedades que pasan de los animales a las personas. Cuando los sectores fragmentados están cerca de barrios, aumenta la posibilidad de que las personas entren en contacto con estos animales, y con eso, el riesgo sanitario.
La estudiante de la carrera de Ciencias Veterinarias de la UNNE, Fátima María Sol Burguener, realizó durante 2025 un trabajo de investigación sobre los roedores que habitan en los alrededores del Desarrollo Urbanístico Santa Catalina (PRO.CRE.AR), en la ciudad de Corrientes.
El estudio lleva el título de “Identificación de roedores de ambientes fragmentados en área limítrofe del Desarrollo Urbanístico Santa Catalina (PRO.CRE.AR) de la ciudad de Corrientes” y contó con la dirección de la médica veterinaria Gabriela Verónica Ramírez.
Según explica el trabajo, este tipo de ambiente modificado por la urbanización todavía cuenta con pocos estudios sobre las poblaciones de roedores que lo habitan.
La becaria se planteó con la investigación, comprobar si había roedores en la zona; por otra parte, determinar a qué especies pertenecían y finalmente, observar cómo se distribuían dentro del área fragmentada.
Delimitación del área de estudio. La investigación se desarrolló en los terrenos lindantes del barrio Santa Catalina, una zona natural de monte, con abundante vegetación. Allí se marcaron distintas zonas de trabajo mediante parcelas y recorridos, dentro de un sector delimitado previamente.
Para capturar a los roedores se colocaron dos tipos de trampas: unas llamadas Tomahawk y otras llamadas Pitfall, cebadas con semillas, frutas, esencia de vainilla y pasta de maní.
En total se capturaron cinco ejemplares. A cada uno se le tomaron medidas externas del cuerpo y del cráneo, y con esos datos se identificó a los animales con una guía de referencia que permite reconocer a qué especie pertenece cada roedor según sus características, publicada por los investigadores Teta y Jayat en 2021.
Especies Halladas. De los cinco ejemplares, cuatro correspondían a especies silvestres que viven de forma libre en el monte: dos de la especie Sooretamys angouya, uno de la especie Akodon azarae y el restante de la especie Oxymycterus rufus. El quinto ejemplar fue un roedor de la especie Rattus rattus, que se asocia a los asentamientos de personas y encuentra allí alimento, agua y refugio.
El trabajo permitió comprobar que las tres especies de roedores silvestres circulan de manera activa por la zona, desplazándose por el borde del camino que limita con las viviendas del barrio. Ese mismo espacio también es utilizado por otro roedor silvestre, el cuis.
En cuanto a otros animales que habitan en el área, se pudo observar que zorros no coinciden en sus recorridos con los de los roedores; según plantea el trabajo, esto podría relacionarse con el papel de los zorros como depredadores de esas especies.
Además, los zorros evitarían acercarse a los caminos y a las zonas por donde circulan personas y vehículos, y permanecerían en el interior del monte. Las comadrejas, por su parte, fueron observadas en distintos puntos del borde del área estudiada.
Profundizar la investigación. El estudio confirmó la presencia y la circulación de tres especies de roedores silvestres, junto con un roedor asociado a las viviendas, en un espacio de dimensiones reducidas y cercano a un barrio. Teniendo en cuenta que los roedores silvestres pueden actuar como reservorios de enfermedades que pueden transmitirse a las personas, el trabajo destaca la importancia de continuar con investigaciones sobre este tipo de ambiente en el futuro.
Epígrafe : Roedores silvestres capturados y sus respectivos cráneos: Sooretamys angouya; Oxymicterus Rufus; Akodon azarae.