(Coco Ramón) – El capitán disputará esta noche su último partido con la Selección Argentina ante Benín, desde las 20, en el Monumental. Será una jornada de homenaje para el futbolista que convirtió su historia con la camiseta nacional en un recuerdo compartido por millones de personas.
Esta noche, mirar el reloj va a costar un poco más. Cada minuto acercará el final de una costumbre que acompañó a los argentinos durante más de dos décadas: buscar el número diez en la cancha y sentir que, mientras Lionel Messi estuviera ahí, todavía podía ocurrir algo extraordinario.
Hoy, martes 6 de octubre, Argentina enfrentará a Benín en el estadio Monumental, en el partido que marcará la despedida del capitán de la Selección. El amistoso comenzará a las 20, hora argentina, y podrá verse por TyC Sports, Telefe y DSports. Las puertas abrirán a las 17.30 y la jornada incluirá espectáculos musicales y homenajes antes, durante y después del encuentro.
El rival y el resultado tendrán su lugar. Pero la noche estará atravesada por otra cuenta, mucho más difícil de llevar: cuánto cabe en un último partido después de tantos años de esperar el siguiente.
Messi llegará a su despedida con 207 encuentros y 125 goles con la camiseta argentina. Debutó en la selección mayor en 2005, cuando tenía apenas 18 años. Desde entonces, aquella primera aparición se convirtió en un recorrido que incluyó el título mundial de Qatar 2022 y una relación con el país construida entre ilusiones, derrotas, regresos y celebraciones.
Hay una generación que creció viéndolo jugar. Aprendió a reconocer sus movimientos antes de entender una tabla de posiciones. Supo que, cuando bajaba el hombro y arrancaba con la pelota pegada al pie izquierdo, convenía dejar de hablar y mirar. Otra generación, que ya había conocido grandes alegrías del fútbol argentino, encontró en él una nueva razón para reunirse frente al televisor.
Su historia también tuvo domingos amargos. Finales perdidas, silencios y una exigencia que muchas veces pareció olvidar que detrás del jugador había una persona. Messi siguió volviendo. Esa persistencia explica una parte del cariño que hoy lo acompaña: millones de argentinos lo vieron sufrir por lo mismo que ellos deseaban.
Después llegó la imagen que quedó para siempre. La Copa del Mundo entre sus manos, la sonrisa abierta, los compañeros alrededor. En hogares, clubes y plazas, el abrazo encontró a quienes habían esperado años y a quienes recién empezaban a comprender lo que estaban viviendo.
Por eso, despedirlo excede cualquier estadística. Su nombre lleva a una mesa familiar, a una cábala, a alguien que llamó después de un gol. También a quienes estuvieron en aquellos partidos y hoy ya no están.
La AFA preparó la jornada para celebrar su trayectoria y reunir a distintas generaciones de hinchas alrededor del capitán. El Monumental será el punto de encuentro de ese agradecimiento colectivo.
Esta noche habrá ganas de verlo recibir una pelota más, intentar otro pase, acomodarse para una última definición. Gestos conocidos que, de pronto, tendrán un peso distinto.
Cuando termine el partido, quedará una ausencia en las próximas convocatorias y una certeza en la memoria de quienes lo vieron: durante más de veinte años, la Argentina tuvo a Messi.
Hoy le toca decirle gracias.