El resultado reconfigura el escenario político de la mayor economía de América Latina. La disputa estuvo marcada por la polarización y la preocupación por la inseguridad.
Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil frente al senador Flávio Bolsonaro y continuará al frente del país por un cuarto mandato, según los resultados del Tribunal Superior Electoral (TSE). Con el 96% de los votos escrutados, el actual mandatario obtuvo el 51,7% de los sufragios, contra el 48,3% de su rival, en una votación que definió el rumbo político de Brasil para los próximos años.
La victoria le permitirá a Lula mantenerse en el poder y convertirse en el primer presidente brasileño en acceder a un cuarto mandato, aunque no consecutivo. Su triunfo también lo consolida como una de las principales figuras de la izquierda latinoamericana, en un contexto regional en el que los sectores de derecha ganaron terreno durante los últimos años.
La elección estuvo marcada por una contienda ajustada. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, había llegado a la segunda vuelta con una leve ventaja en algunas encuestas, mientras que los últimos sondeos anticipaban un empate técnico. Sin embargo, el resultado final favoreció a Lula, pese a que en la primera vuelta su adversario había conseguido 2,2 millones de votos más.
Durante los últimos días de campaña, Lula concentró sus esfuerzos en atraer a los votantes indecisos y movilizar a quienes no habían participado de la primera instancia electoral. En esa votación, la abstención había alcanzado el 21%, el nivel más alto registrado desde 1998.
Por su parte, Flávio Bolsonaro centró buena parte de su campaña en la seguridad pública y en la necesidad de endurecer las medidas contra el crimen. Entre sus principales propuestas figuró la reducción de la edad de responsabilidad penal para determinados delitos graves, un planteo con el que buscó captar el respaldo de los electores preocupados por la inseguridad.
La derrota representa un revés para el movimiento político vinculado a Jair Bolsonaro, expresidente condenado por golpismo, y deja a Lula al frente de un nuevo período de gobierno en medio de un escenario regional marcado por la disputa entre proyectos políticos de izquierda y derecha.