(Corresponsalía Buenos Aires) La Asociación del Fútbol Argentino resolvió un cese de actividades por cuatro días que paraliza todas las categorías y suspende la fecha 9 del Torneo Apertura. La medida es presentada como una respuesta institucional ante una denuncia fiscal contra su conducción y profundiza la tensión entre la dirigencia deportiva y el Estado.
El fútbol argentino quedará en silencio. La Asociación del Fútbol Argentino resolvió un paro total de actividades que suspende la fecha 9 del Torneo Apertura y detiene también el ascenso y las divisiones formativas. La decisión fue adoptada por unanimidad en el Comité Ejecutivo y representa uno de los gestos políticos más fuertes de los últimos años en el deporte más popular del país.
La medida se inscribe en medio de un conflicto abierto con la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, que presentó una denuncia por presuntas irregularidades fiscales que involucran a la conducción de la AFA. Desde la calle Viamonte calificaron la acción como una avanzada institucional y sostienen que la entidad no mantiene deudas exigibles.
El presidente de la AFA, Claudio Tapia, salió a respaldar públicamente la medida y llamó a la unidad del fútbol argentino. “La AFA somos todos”, fue el mensaje que bajó a través de sus redes, en una señal clara de que la dirigencia interpreta el conflicto como algo que excede lo administrativo.
El impacto es inmediato. Partidos de alto voltaje quedarán en pausa, afectando no solo a los hinchas sino también a la estructura económica que gira alrededor de cada fin de semana: derechos de televisión, sponsors, recaudaciones y contratos comerciales. En los clubes admiten preocupación por el calendario y las consecuencias financieras si el conflicto se prolonga.
En paralelo, la decisión abrió un debate político. Algunos dirigentes hablan de defensa de la autonomía deportiva; otros advierten que la confrontación puede escalar y trasladarse a otros ámbitos. Lo cierto es que el paro coloca al fútbol en el centro de la escena nacional, en un momento de alta sensibilidad institucional.
Mientras no haya una señal de distensión entre las partes, la pelota no rodará. Y en la Argentina, cuando el fútbol se detiene, el mensaje trasciende lo deportivo: es una señal de poder, de disputa y de un conflicto que promete nuevos capítulos.