La obra ganadora fue “Gallina”, dirigida por Ana Lascurain y “Operativo Tarot”, de Irina Lugo en la competencia universitaria. Por otra parte, sin apoyo del Estado, el festival volvió a consolidarse en la región. El público aportó a “la gorra” y recaudó el premio para la obra ganadora.
Fue una edición atípica, pero asombrosamente histórica y cuando las cosas se dan de corazón inevitablemente tienen que suceder, como ocurrió el sábado con la celebración de la 15° Guácaras Festival Internacional de Cine. Con la imagen conceptual del urutaú y bajo un manto de estrellas, la plaza se colmó de espectadores para disfrutar del mejor festival del cine del interior del país.
Santa Ana de los Guácaras no podía quedarse sin su distinguido festival, y sin apoyo de organismos del Estado, ni del Instituto de Cultura de la provincia, una de las máximas expresiones culturales de la provincia volvió a mostrar las últimas proyecciones audiovisuales independientes de la región.
“Fue una edición muy difícil, realmente todo se hace cuesta arriba cuando no contás con apoyo para la producción de un festival tan complejo como este, pero con mucho sacrificio y voluntad volvimos a ratificar porqué el Guácaras es una referencia regional y nacional”, expresó a época su director y creador Marcel Czombos.
A esto, el reconocido cineasta destacó que este encuentro es sostenido únicamente por el público.
“Nuestros Guacaradores están ahí y te generan un compromiso que es imposible ignorar. Ese espíritu colectivo que quiere mirar las historias de acá, con su humor, con sus problemáticas”, agregó.
En esta edición, el Premio del Público fue para “Gallina”, el cortometraje paraguayo dirigido por Ana Lascurain. En la competencia universitaria, la ganadora fue “Operativo Tarot”, dirigida por Irina Lugo y producida por la FaDyCCUNNE. La competencia de colegios secundarios tuvo como ganadora a “Tres colillas”, basada en un cuento de “Cancho” Gordiolla Niella y realizada por la joven directora Tania Rojas, de Caá Catí. En la competencia de videoclip, el premio fue para “No seas pelotudo”, de Fátima Cabrera.
(Viene de la página 8). Como este año no hubo recursos para premios, la organización ideó las Vaquitas Audiovisuales, un gesto colectivo que permitió que cada competencia se llevara un aporte directo del público. Así, la competencia oficial reunió $164.000; la competencia universitaria recaudó $168.000; la competencia de colegios secundarios obtuvo $72.000 y, además, para videoclip se recaudaron $46.000 aportados por la gente durante la noche. Una demostración enorme del cariño y del compromiso de la comunidad con el cine regional.
Tras las proyecciones, el Grupo Guácaras entregó el reconocimiento a “Personalidad destacada” a Betty Andino, actriz, gestora y una de las impulsoras del Festival de Cine de Goya. También se premió a Óscar Pérez como mejor director por su cortometraje “Yvu”, a Mario Toñanez como mejor actor por su labor en Gallina y a María Denis como mejor actriz por su interpretación en “Operativo Tarot”.

Esta edición hubiera sido imposible sin el apoyo de la gente y sin la ayuda imprescindible de colaboradores como Kilómetro 0 de Caá Catí, que prestaron sonido y proyección, y Alicia Canteros, que facilitó las sillas de manera totalmente gratuita. En un contexto sin recursos, cada gesto de acompañamiento fue fundamental.
Y para el cierre, más allá de los problemas técnicos y de proyección propios de organizar un evento sin plata, la plaza llena se convirtió en un gesto hermoso, un abrazo colectivo que sostuvo al festival hasta el último segundo. La organización no prometió continuidad; incluso se proyectó en pantalla un enorme “FIN”. Pero, fiel a la tradición del Guácaras, también se mostró la imagen del supuesto año siguiente: la flor del lapacho.
El lapacho florece cuando ya no quedan hojas, cuando todo parece perdido. Renace después de la caída, de la sequía, del desgaste. Es el árbol que convierte la adversidad en belleza y la resistencia en color. Quizás por eso fue la imagen elegida: porque si alguna vez el Guácaras vuelve, será como el lapacho, renaciendo desde la comunidad, desde la memoria y desde el amor profundo por el cine regional.