Las familias locales necesitaron $1.131.293 para evitar la pobreza

Según el Índice Barrial de Precios del ISEPCI, los ingresos necesarios para cubrir la canasta básica continúan en niveles elevados pese a la desaceleración inflacionaria. La carne lidera los aumentos y crece la presión sobre el consumo y el endeudamiento de los hogares.

El costo de vida en Corrientes volvió a mostrar señales de presión sobre los ingresos familiares durante febrero. De acuerdo con el último relevamiento del Índice Barrial de Precios (IBP), elaborado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI), una familia tipo —compuesta por dos adultos y dos niños— necesitó $1.131.293,11 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y no caer por debajo de la línea de pobreza. En paralelo, ese mismo hogar requirió $502.796,94 para afrontar la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y evitar la indigencia.

El informe, basado en un relevamiento realizado en más de 300 comercios de seis localidades —entre ellas Corrientes Capital, Empedrado, Goya, Santa Rosa y Curuzú Cuatiá—, permite observar cómo evolucionan los precios en los barrios y cómo impactan en el consumo cotidiano. La metodología sigue los parámetros de los 57 productos que integran la canasta alimentaria que utiliza el INDEC, lo que lo convierte en una herramienta clave para medir el acceso a bienes esenciales.

En términos interanuales, los datos reflejan una suba significativa, aunque con una desaceleración respecto de períodos anteriores. Entre febrero de 2025 y el mismo mes de 2026, la CBT registró un incremento del 25%, equivalente a $226.254,47 más. En tanto, la CBA aumentó un 26,67%, lo que representa una suba de $105.849,94. Sin embargo, al desagregar por rubros, se evidencian fuertes disparidades: el sector de carnicería lideró los aumentos con un salto del 56,18%, muy por encima de verdulería (27,31%) y almacén (6,67%).

El comportamiento mensual también mostró subas, aunque más moderadas. Tanto la CBT como la CBA registraron en febrero un incremento del 3,40%. En valores absolutos, esto implicó un aumento de $37.195,67 en la canasta total y de $16.531,41 en la alimentaria.

Dentro de los rubros, la carne volvió a posicionarse como el principal motor de los incrementos. En febrero, la carnicería registró una suba del 10,84%, con aumentos destacados en cortes populares: la carnaza encabezó la lista con un 23,81%, seguida por la nalga (16,67%), el pollo (14,74%), el espinazo (11,94%) y el asado (8,70%). Estos incrementos impactan de manera directa en la mesa de los hogares, dado que se trata de productos de consumo masivo.

Por su parte, el rubro verdulería mostró una leve baja del 0,35% en términos generales, aunque con aumentos puntuales en productos clave como la manzana (11,67%), la lechuga (10%), la pera (5%), la zanahoria (4,17%) y el tomate (3,70%). Algo similar ocurrió en almacén, donde se registró una caída promedio del 1,27%, pero con subas en artículos como el vino (16,28%), el azúcar (13,64%), la sal fina (11,11%), el café (8,16%) y la soda (6,67%).

La directora del ISEPCI Corrientes, Silvana Lagraña, destacó que el informe “da cuenta de una variación anual del 25% en la CBT y del 26,67% en la CBA”, al tiempo que precisó que la variación acumulada en ambas canastas alcanza el 6,92% en lo que va del año. Además, remarcó que los niveles actuales de ingresos necesarios para no caer en la pobreza o la indigencia continúan siendo elevados en relación con los salarios.

En ese sentido, Lagraña advirtió que el aumento sostenido del costo de vida “agrava el deterioro del poder adquisitivo de las familias”, en un contexto donde los ingresos —ya sean salarios, jubilaciones u otras fuentes— pierden capacidad frente a los precios. Esta situación, sostuvo, restringe el acceso no solo a alimentos, sino también a servicios esenciales como energía, agua, transporte y combustibles.

El impacto de esta dinámica se refleja en los cambios que atraviesan los hogares. Según el informe, crecen las estrategias de ajuste cotidiano: sustitución de productos, reducción del consumo e incluso eliminación de ciertos bienes y servicios. A la par, aumenta el recurso al endeudamiento, ya sea a través de créditos o préstamos, como herramienta para llegar a fin de mes.

Desaceleración

Finalmente, desde el ISEPCI cuestionaron la lectura oficial sobre la desaceleración inflacionaria. Si bien reconocen una menor velocidad en la suba de precios, advierten que esto no se traduce en una mejora concreta para la mayoría de la población.

Por el contrario, sostienen que la realidad cotidiana evidencia un escenario cada vez más complejo, atravesado por problemas estructurales del mercado laboral, como el desempleo y la alta informalidad, que profundizan la vulnerabilidad social.

Así, el IBP de febrero no solo pone cifras al costo de la canasta básica en Corrientes, sino que también expone una tensión persistente entre ingresos y precios, que condiciona la calidad de vida de las familias y redefine sus hábitos de consumo en un contexto económico todavía incierto.

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