SUELDOS VIEJOS, PRECIOS NUEVOS

(Ubaldo DomingoRubén Pagliotto y Alejandro Di Palma) – Bajo el rótulo, “BASES PARA LA RECONSTRUCCION DE LA ECONOMIA ARGENTINA”, el presidente Milei lanza un ambicioso decreto que no es, de ninguna forma, ni de necesidad ni de urgencia. Y ni por aproximación fáctica se dan los presupuestos que impone el artículo 99° inciso 3 de la C.N. ¿Es, por ejemplo “urgente” que los clubes se puedan transformar en sociedades anónimas? ¿Se encuentra esto en la agenda urgente de la población?

Argentina, en eso estamos de acuerdo muchos, terminadas las elecciones, el país real se muestra mucho más cerca del país electoral, enfrentando una pesada crisis. Pero, de ninguna manera, esta crisis debe hacernos apoyar y acompañar cualquier cosa.

Desde el punto de vista del estricto análisis científico económico de las medidas adoptadas, podemos ya concluir, que el salario es la variable de ajuste de este modelo.

Liberado ya el proceso inflacionario que mantenía los precios solapados, contenidos y disfrazados artificialmente, hace que la inflación reprimida se manifieste con toda su fuerza, y pone a la vista de todos nosotros el desconocimiento que tienen los responsables de conducir la economía, del carácter del salario y del consumo de los trabajadores y jubilados, y de, en definitiva, de todos los que vivimos de nuestro trabajo.

Mediante la contracción del salario (real), se busca comprimir (achicar) el consumo, y de esta manera, controlar los precios, y por tanto el daño causado es enorme.

En lugar de ensanchar (i.e., expandir), agrandar y liberar la oferta de bienes para domar esos precios, se comprimen el salario y el consumo.

Así las cosas, este ajuste ortodoxo y drástico desalienta directamente la producción, la inversión, y ataca-insistimos-, la plataforma del núcleo generador de toda riqueza de la comunidad: el trabajo humano.

Este retroceso del salario, tiene muy pocos antecedentes históricos y sus ondas expansivas serán rápidas, devastadoras y de consecuencias impredecibles en sentido social e institucional, dándonos toda la impresión que, por parte de los nuevos gobernantes y sus colaboradores, se está subestimando irresponsablemente este proceso.

Y todavía falta otro jinete de este apocalipsis económico, que es la apertura de la economía, que se encuentra planificada, y que si no se lleva adelante descaradamente es sólo porque no hay dólares para subsidiar las importaciones que, bajo las banderas del “librecambio” y la “apertura”, barrerá sin inconvenientes ramas enteras de nuestras industrias y con ellos el comercio y los servicios.

Este mecanismo perverso, no es novedoso, para nada. Son nuevos actores de una historia vieja y repetida. Y que nunca terminó bien.

Desde el discurso inaugural del presidente Milei hemos advertido el fracaso que se avecina de su repetitivo plan, acompañado por una gran mayoría de argentinos agotados por la espera de un horizonte más promisorio e inclusivo.

Todo parte de un diagnostico equivocado, que es que Argentina tiene una economía básicamente sana pero invadida de intervencionismo estatal. En efecto, tenemos un Estado sobredimensionado, elefantiásico e ineficiente, pero esta manifestación no será solucionada si no se resuelven las verdaderas causas de ello, que es nuestra estructura económica deficitaria, subdesarrollada, poco integrada y carente de respuestas adecuadas para resolver los problemas fiscales.

 Finalmente, es un error y la historia económica antigua y reciente lo comprueba, dar prioridad a la recesión para estabilizar la economía sin lanzar un plan de inversión, crecimiento y desarrollo, insistiendo hasta el cansancio de que primero debemos ordenar las finanzas y el presupuesto para contener la inflación, antes de lanzar el impostergable plan de inversiones sobre los sectores productivos. Las acciones deben ser simultaneas, de manera de equilibrar la balanza,  ya que de no hacerlo así, el plan de estabilización se transforma rápidamente en un brutal plan de ajuste, con consecuencias negativas para todos nosotros.

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