El empresario Ricardo Cáceres dijo que entre enero y marzo hubo una importante retracción en las góndolas de la región. Además, alertó sobre nuevas presiones de precios en alimentos y consumo masivo, impulsadas por recientes incrementos en los combustibles.
El aumento de los combustibles, con especial impacto en el diésel, comienza a trasladarse de manera cada vez más visible a la cadena de precios y amenaza con generar nuevas subas en productos de consumo masivo. Así lo advirtió el empresario supermercadista Ricardo Cáceres, quien trazó un balance complejo del primer trimestre de 2026, marcado por una caída en las ventas y crecientes tensiones con proveedores.
El referente del sector en el Nordeste, con sucursales en las cuatro capitales de la región, explicó que el impacto del combustible no se limita al transporte de mercaderías, sino que se expande a múltiples componentes de la estructura de costos.
“En el transporte eso impacta en el momento, pero después viene lo otro: las bolsitas, el papel todo eso es puro petróleo”, señaló, graficando el efecto en cadena que tienen los derivados del crudo sobre distintos insumos.
Según detalló, esta dinámica ya comenzó a traducirse en presiones concretas por parte de proveedores, que buscan actualizar precios en un contexto de alta volatilidad. “Ya están pidiendo un 15%, un 18%, un 20%, o si no, no te entregan. No está fácil”, afirmó. En esa línea, reveló que algunas empresas incluso suspendieron entregas momentáneamente, a la espera de aplicar nuevas listas con incrementos.
Remarca y sigue
Este escenario anticipa un inicio de abril con nuevas remarcaciones en góndolas, aunque todavía con números abiertos. “No dicen el número exacto, pero va a estar más cerca del 4 que del 3%”, estimó Cáceres en relación a la inflación mensual que podría reflejar este traslado de costos.
Pese a las advertencias, el empresario descartó la posibilidad de un desabastecimiento generalizado. A su entender, la retracción del consumo y la competencia entre cadenas funcionan como un freno natural a ese tipo de situaciones. “Eso no va a pasar, porque no está fácil el consumo, se va achicando también por la gran competencia que existe”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que si bien en algunos casos los ingresos de las familias mostraron cierta mejora nominal, esa recuperación resulta insuficiente frente al incremento sostenido del costo de vida. “En el bolsillo entra un poco más de plata, pero no resuelve la situación. Siempre falta un poco más”, describió.
El balance del primer trimestre, desde la óptica del supermercadismo, refleja con claridad este escenario de fragilidad. Factores estacionales como las vacaciones de verano y el inicio del ciclo lectivo incidieron en la dinámica de consumo, pero el trasfondo económico terminó siendo determinante. “Hubo muchas cosas que influyeron en la poca venta de comestibles. Nosotros, que somos puramente de ese rubro, lo sentimos”, explicó.
Al momento de ponerle números a esa caída, Cáceres fue contundente: estimó una retracción interanual “de por lo menos el 12%” en las ventas. Una cifra que refleja el deterioro del poder adquisitivo y el cambio de hábitos de consumo, con hogares que priorizan gastos esenciales y ajustan sus compras en supermercados.
Así, el sector enfrenta un escenario de doble presión. Por un lado, el aumento de costos impulsado por combustibles, logística e insumos industriales; por otro, una demanda debilitada que limita la posibilidad de trasladar plenamente esos incrementos a los precios finales sin afectar aún más las ventas.
En este contexto, el supermercadismo del NEA transita un delicado equilibrio, en el que cada ajuste de precios implica el riesgo de profundizar la caída del consumo. Con proveedores presionando por subas y clientes cada vez más cautelosos, el desafío pasa por sostener la actividad en un mercado que, al menos por ahora, sigue mostrando señales de estancamiento.