El día que un tornado arrasó Santo Tomé

Ocurrió un sábado de febrero y cambió la vida de una ciudad en pocos minutos. A 27 años, el recuerdo sigue presente en Corrientes.

El 13 de febrero de 1999, un tornado con vientos estimados entre 140 y 150 kilómetros por hora azotó a Santo Tomé, en el nordeste correntino, a orillas del río Uruguay. El fenómeno se desató cerca del mediodía y, en cuestión de minutos, dejó un saldo de tres muertos, dos desaparecidos y más de cuarenta heridos. La ciudad, de unos 30 mil habitantes en aquel entonces, quedó con cerca del 70 por ciento de su planta urbana dañada.

Los fallecidos fueron dos adultos y un menor. Durante horas se buscó a dos personas que permanecían desaparecidas entre los escombros y las zonas anegadas. El hospital público local recibió a más de cuarenta heridos, algunos con quemaduras y traumatismos de distinta gravedad. El propio edificio sanitario sufrió daños en el techo, lo que complicó la atención en las primeras horas.

Los barrios La Tablada, San Martín y Antonino Aquino, este último cercano al cerro, registraron destrozos severos. Viviendas con techos arrancados, paredes derrumbadas y árboles caídos formaron parte de la postal que dejó el temporal. Más de cien familias perdieron todas sus pertenencias y debieron trasladarse a centros de evacuados que se montaron en dos escuelas y en instalaciones de Gendarmería Nacional.

El tendido eléctrico quedó prácticamente inutilizado. Al menos 35 postes cayeron y la ciudad permaneció sin luz ni servicio telefónico. Las líneas se cortaron en toda la localidad, lo que dificultó la comunicación con otras ciudades y con las autoridades provinciales.

Entre los edificios afectados se contaron el Aeroclub, el Banco Provincial, la Catedral y una estación de servicio. La Municipalidad también sufrió daños. Algunos vecinos intentaron acercarse para gestionar asistencia. Claudia Acosta, del barrio San Martín, fue una de las personas que buscó respuestas en medio de la confusión.

Las historias personales quedaron grabadas en la memoria colectiva y en notas de archivo de corresponsales. Ricardo Rodríguez, camionero, relató que encontró destruido un santuario del Gauchito Gil y prometió reconstruirlo y encender una vela. Gerardo Aranda, conductor de un camión que fue desplazado por el viento, vivió momentos de tensión junto a su hijo de seis años. Camila Olivera, vecina de La Tablada, quedó atrapada en el centro de la ciudad cuando el tornado pasó por esa zona.

La respuesta oficial supuso la presencia de tropas del Ejército que patrullaron las calles para prevenir saqueos y colaborar con tareas logísticas. La Brigada de Infantería de Monte 30 participó en operativos de auxilio y distribución de ayuda. El Gobierno provincial envió helicópteros para sobrevolar las áreas más afectadas y coordinar asistencia. También se anunció la instalación de un centro de comunicaciones para restablecer los contactos en una ciudad aislada por la caída de postes y cables.

El impacto no se limitó a las estructuras. Durante días, la vida cotidiana quedó suspendida. Comercios cerrados, calles bloqueadas por escombros y familias que intentaban rescatar lo poco que había quedado en pie marcaron las jornadas posteriores. La reconstrucción demandó tiempo y recursos en una provincia acostumbrada a temporales, pero no a un fenómeno de esa magnitud en pleno casco urbano.

Para quienes lo vivieron, el ruido del viento y la imagen de techos volando siguen presentes. Para las nuevas generaciones, el episodio forma parte de los relatos familiares y de los archivos periodísticos que recuerdan aquel mediodía en que la ciudad quedó, por un instante, a merced del cielo. Alfredo Díaz Florentin.

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