La celebración ‘in Coena Domini’ comenzará a las 17.30 y, según fuentes vaticanas, once de esos presbíteros fueron ordenados por el propio Pontífice hace un año. El rito del lavado, con fuerte carga simbólica, pondrá el foco en los ministros ordenados y recupera prácticas litúrgicas anteriores a la etapa previa en el Vaticano.
Por la mañana está prevista la tradicional Misa Crismal en la basílica de San Pedro, donde se bendicen los óleos sagrados y los sacerdotes renuevan públicamente los votos de pobreza, castidad y obediencia. Esa ceremonia marca el inicio solemne de la jornada eclesial que continuará con los actos vespertinos.
El Viernes Santo, único día del calendario litúrgico sin eucaristía en señal de luto por la muerte de Jesús, el Pontífice asistirá a la celebración de la Pasión en la basílica vaticana. Por la noche protagonizará el Viacrucis en el Coliseo y, según el programa oficial, llevará en persona la cruz en todas las estaciones.
Las meditaciones para el Viacrucis fueron redactadas por el fraile Francesco Patton, antiguo custodio de Tierra Santa. El sábado se celebrará la Vigilia Pascual en el templo vaticano y el domingo tendrá lugar la misa de Pascua, seguida por la tradicional bendición Urbi et Orbi, dirigida a la ciudad y al mundo.
La elección de San Juan de Letrán y el protagonismo dado a los sacerdotes subraya, según analistas eclesiales, la intención de volver a gestos más clericales. La primera Semana Santa de León XIV arrancó con la misa del Domingo de Ramos y continuará con este itinerario institucional y simbólico.
En la práctica, la agenda papal para la Semana Mayor combina liturgia, bendiciones y renovaciones de votos con actos de carácter histórico y pastoral. La presencia del Papa en San Pedro, San Juan de Letrán y el Coliseo configura un recorrido con fuerte significado para la comunidad católica y la curia vaticana.