Un nuevo protagonista toma impulso en las elecciones en Brasil: el partido de las armas

La portación y el intento de flexibilización de compra comienza a tomar protagonismo en el tramo final de la campaña electoral

Después de los evangélicos y los latifundistas, la verdadera novedad en las próximas elecciones brasileñas de octubre es el llamado “partido de las armas” o “bancada da bala”. La asociación Pró-Armas, principal grupo que defiende la liberalización de las armas para la población inspirándose en el modelo estadounidense, ha decidido de hecho apoyar la elección de 81 candidatos a favor de la causa.

Los principales objetivos son la propuesta de introducir el derecho a la autodefensa en el artículo 5 de la Constitución, revocar la Ley de Control de Armas de 2003, conocida como el “Estatuto del Desarme”, y reducir los impuestos sobre armas y municiones. Entre los candidatos de Pró-Armas está el presidente de la asociación, Marcos Sborowski Pollon, que se presenta a la Cámara de Diputados por el estado de Mato Grosso do Sul.

De acuerdo a la agencia de noticias brasileña PublicaPollon es conocido por sus conferencias a los productores rurales sobre cómo defenderse, incluso aconsejándoles que abran clubes de tiro dentro de sus granjas. Este nuevo bloque político apoya la liberalización de las armas que quiere el presidente Jair Bolsonaro y tiene entre sus referentes a su hijo, el diputado Eduardo Bolsonaro, quien hace unos días invitó por Twitter a “todos los que hayan comprado un arma legal a ser voluntarios” para la campaña electoral de su padre.

Desde 2019, el gobierno de Bolsonaro ha flexibilizado los requisitos para la portación de armas a través de unos 40 decretos reglamentarios del Estatuto del Desarme. Aunque los cambios afectan a los cazadores, tiradores deportivos y coleccionistas, también conocidos por las siglas CACs, en realidad lo que ha ocurrido es que los ciudadanos comunes han accedido a armas de gran calibre, antes sólo autorizadas para su uso por las fuerzas policiales, como los fusiles semiautomáticos.

Además, ahora los ciudadanos brasileños pueden ir armados en lugares públicos. El gobierno de Bolsonaro también ha flexibilizado las restricciones sobre el número de armas que se pueden poseer, que pasaron de 12 a 30, y para los tiradores deportivos, de 16 a 60. El resultado es que en tres años, según estimaciones del Instituto Sou da Paz, las armas registradas se han triplicado, pasando de unas 351.000 en el diciembre de 2018 a más de un millón hoy, con 994 millones de cartuchos vendidos. También han aumentado los clubes de tiro e incluso se han creado rutas de turismo, como en el caso del estado de Santa Catarina, que el mes pasado sancionó una ley que crea su “Ruta Turística de Tiro” que pasa por 29 ciudades. “Considerada una herencia de los colonizadores europeos en Santa Catarina, la práctica del tiro deportivo recibe así un nuevo incentivo”, se lee en la página oficial de la Asamblea Legislativa de Santa Catarina (Alesc).

Desde el inicio de su mandato, Bolsonaro ha defendido a capa y espada su proyecto. “Quiero que todo el mundo esté armado porque los que están armados nunca serán esclavizados”, había declarado durante una polémica reunión de ministros en 2020. En un encuentro reciente con evangélicos también dijo que “Jesús no compró un arma porque no había armas en ese momento”.

A pesar de que Bolsonaro justifica la baja en el número de los homicidios en Brasil (un 7% a menos en 2021 con 41.100 muertes violentas) con el aumento de las armas entre la población, los incidentes de mal uso han aumentado, con niños asesinados accidentalmente por sus padres, como ocurrió en mayo en Formosa, en el estado de Goiás, o adictos que disparan a sus familiares con armas debidamente registradas, como ocurrió en agosto en Brumadinho, en Minas Gerais. La flexibilización del mercado de armas también coincidió con una drástica reducción de los controles del organismo encargado, que es el Ejército brasileño, cuyos fondos se rebajaron a la mitad en 2021, pasando de 3,6 millones de reales en 2018 a 1,7 millones. Además, hasta enero 2022, el Ejército había suspendido las inspecciones de armas y municiones importadas del exterior.

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