La Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) advirtió que las altas temperaturas registradas en la región favorecen la proliferación de cianobacterias en ríos, lagunas y represas, microorganismos capaces de producir toxinas que pueden afectar la salud humana, animal y el equilibrio ambiental. La investigadora Marina Forastier, especialista de la UNNE y del CONICET, explicó que se trata de una problemática recurrente en el Nordeste argentino, donde las condiciones del verano calor sostenido, aguas quietas, abundante luz solar y exceso de nutrientes generan el escenario ideal para su proliferación.
La presencia de estas bacterias suele detectarse por la coloración verdosa o amarronada del agua, fenómeno conocido como “floración algal” o bloom. Estas floraciones deterioran la calidad del agua, alteran el oxígeno disponible y pueden liberar cianotoxinas que afectan la piel, el sistema digestivo, el hígado y el sistema nervioso, especialmente en niños y animales. El riesgo puede presentarse por contacto directo, inhalación de microgotas o ingesta accidental del agua contaminada.
En este contexto, el Municipio de Resistencia dispuso el vallado preventivo de un sector de la laguna Argüello ante la detección de cambios de coloración en el agua, mientras se realizan estudios junto a organismos provinciales. Según explicó la especialista, estas floraciones son una realidad instalada desde hace años en el NEA y podrían registrarse incluso fuera de la temporada estival.
Desde el ámbito científico remarcaron la necesidad de fortalecer el monitoreo preventivo y la infraestructura regional para detectar toxinas, ya que actualmente el Nordeste no cuenta con laboratorios especializados para analizar cianotoxinas. En ese marco, insistieron en que la vigilancia temprana y la comunicación pública resultan claves para prevenir riesgos sanitarios en zonas recreativas y fuentes de agua de consumo.
Además, especialistas señalaron que la expansión urbana y el vertido de nutrientes provenientes de actividades humanas contribuyen a agravar el fenómeno, ya que enriquecen el agua con nitrógeno y fósforo, elementos que favorecen el crecimiento de estas bacterias. Por ello, destacaron que la problemática no depende únicamente del clima, sino también de la gestión ambiental y del control de los impactos urbanos sobre los cuerpos de agua.
Finalmente, subrayaron que la concientización social resulta fundamental para reducir riesgos, recomendando evitar el contacto con aguas que presenten coloración anormal, espuma o mal olor, y atender las advertencias de las autoridades. La combinación de monitoreo científico, políticas públicas y conductas preventivas de la población aparece como el principal camino para mitigar los efectos de estas floraciones en la región.