Lisandro Catalán presentó su dimisión horas después de la salida de Guillermo Francos, en medio de la reconfiguración del gabinete que impulsa Javier Milei tras la victoria electoral del oficialismo.
El Gobierno nacional atraviesa una nueva ola de cambios. Luego de la renuncia de Guillermo Francos a la Jefatura de Gabinete, el ministro del Interior, Lisandro Catalán, también presentó su dimisión. La noticia fue confirmada por medios nacionales durante la noche del viernes, en el marco del relanzamiento del gabinete que impulsa el presidente Javier Milei tras los resultados de las elecciones legislativas.
La salida de Catalán se suma a una jornada de movimientos políticos que reconfiguran el núcleo del poder dentro de la Casa Rosada. Su dimisión, según trascendió, responde a la decisión del mandatario de abrir una “nueva etapa de gestión” con figuras más alineadas a su entorno inmediato. En ese contexto, la renuncia de Francos y la inminente asunción de Manuel Adorni como su reemplazante marcan el inicio de un ciclo con mayor concentración de poder en el círculo más cercano al Presidente.
Aunque aún no se comunicó oficialmente quién ocupará el Ministerio del Interior, versiones indican que Santiago Caputo podría asumir el control político de esa área dentro de una estructura reformulada del gabinete. La decisión se enmarca en un rediseño que busca consolidar la estrategia política y administrativa de cara a las reformas estructurales previstas para los próximos meses.
Catalán, quien había acompañado a Milei desde el inicio de su gestión, se desempeñó como enlace con los gobiernos provinciales y municipales, una función clave en la relación política del Ejecutivo. Su salida deja vacante un rol central para la negociación con los gobernadores, en un momento en el que el oficialismo necesita apoyo legislativo para avanzar con su agenda.
Con estas dos renuncias en menos de 24 horas, Milei da inicio a un proceso de recambio interno que apunta a reforzar el control político dentro del gabinete. El mandatario busca encarar una segunda etapa de gobierno marcada por mayor disciplina interna y un perfil más definido hacia las reformas que considera prioritarias para su proyecto.