Domingo de Ramos: La Pasión no es solo memoria de hace dos mil años; es un espejo de lo que vivimos hoy”

Durante la celebración del Domingo de Ramos en la iglesia catedral, José Adolfo Larregain trazó un paralelismo entre el relato bíblico y la realidad social de la región y el país, e interpeló a la comunidad por la incertidumbre que atraviesan las familias.

La liturgia del Domingo de Ramos, que abre la puerta a los misterios del cristianismo, se convirtió ayer en un escenario de profunda reflexión social y humana para la comunidad correntina. Ante una multitud de fieles que se congregaron para la tradicional bendición, el arzobispo José Adolfo Larregain encabezó una homilía centrada en la Pasión según San Mateo, pero con un anclaje punzante en la actualidad del país. En su mensaje, el jefe de la Iglesia local planteó que la escena de júbilo y drama que se vive cada inicio de la Semana Santa no debe ser entendida como un mero recuerdo de hace dos mil años, sino como “un espejo de lo que vivimos hoy”, donde se refleja de manera cruda la conducta humana contemporánea.

El prelado comenzó describiendo ese contraste histórico entre los gritos de aclamación y el posterior pedido de condena, señalando que Jesús no fue sentenciado únicamente por las autoridades de su tiempo, sino por un entramado mucho más complejo y cotidiano. Según explicó, la entrega del Nazareno fue el resultado de una mezcla de intereses particulares, miedos, indiferencias y cobardías. Fue en este punto donde el mensaje religioso cruzó la frontera hacia lo social, interpelando a los presentes sobre el papel de la verdad en la vida pública. 

La Pasión no es solo memoria de hace dos mil años; es un espejo de lo que vivimos hoy”

MONSEÑOR LARREGAIN
ARZOBISPO DE CORRIENTES

“Poncio Pilatos reconoce la inocencia de Jesús, pero no se juega por la verdad; la multitud se deja manipular; los discípulos huyen”, advirtió el arzobispo, comparando esa falta de compromiso con las omisiones del presente.

La realidad regional

Larregain fue contundente al vincular el sufrimiento de la Pasión con la actualidad nacional. Expresó con una preocupación palpable que, en nuestra región, marcada tantas veces por una “pobreza persistente” y por las “dificultades laborales” que golpean el día a día, es posible reconocer los rostros concretos de Cristo sufriente.

Según su mirada pastoral, la incertidumbre que atraviesan muchas familias hoy es una extensión de esa cruz que la Iglesia invita a contemplar durante estos días santos. 

Habló así de tensiones sociales y debates duros que atraviesan a la patria, dejando “heridas que aún no terminan de sanar” en el tejido social.

En ese contexto, el prelado advirtió que el grito de condena hacia el inocente resuena cada vez que se desprecia la dignidad del prójimo o se lo convierte en un enemigo por el solo hecho de pensar distinto. Esta deshumanización fue uno de los ejes centrales de su discurso, extendiendo la mirada también hacia el escenario internacional. Citando la visión del papa Francisco sobre una “Tercera Guerra Mundial en partes”, y retomando el magisterio de León XIV, el arzobispo instó a los correntinos a no acostumbrarse al dolor ajeno ni a volverse indiferentes ante la violencia. 

Claves para un tiempo de crisis

La homilía propuso tres ejes fundamentales para transitar la Semana Santa con un sentido de transformación real. El primero se basa en la defensa de una verdad que no se negocia, inspirada en la actitud de Jesús ante Pilatos, donde la autoridad no se ejerce a través del poder o la fuerza, sino desde la coherencia y el amor. En segundo lugar, llamó a la comunidad a abrazar la cruz con fidelidad, entendiendo que los sufrimientos cotidianos –como la soledad de los mayores o los conflictos familiares– encuentran un sentido superior cuando se asumen con fe. 

Hacia el final, Larregain pidió no conformarse con los ritos externos ni con el simple hecho de portar el ramo en las manos. Hizo un llamado a la autocrítica profunda, invitando a cada ciudadano a preguntarse en qué momentos de su vida se comporta como esa multitud cambiante que cede ante la presión.    

Con un pedido especial por la renovación de la fe en el pueblo correntino, concluyó su mensaje con la certeza de que el amor de Cristo es más fuerte que todo mal, instando a los discípulos a pasar de la cruz a una vida nueva en esta Pascua que se aproxima. 

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