{"id":62965,"date":"2023-05-25T08:24:19","date_gmt":"2023-05-25T11:24:19","guid":{"rendered":"https:\/\/corrientesdetarde.com\/?p=62965"},"modified":"2023-05-25T08:24:23","modified_gmt":"2023-05-25T11:24:23","slug":"la-muerte-no-tiene-codigos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/corrientesdetarde.com\/index.php\/policiales\/la-muerte-no-tiene-codigos\/","title":{"rendered":"La muerte no tiene c\u00f3digos"},"content":{"rendered":"\n<p>&#8220;Omano (muri\u00f3) nom\u00e1s, en su ley. As\u00ed ten\u00eda que morir, en medio de un charco de sangre y con sus manos sujetando para que las tripas no se le salgan. Pero no se lo va a extra\u00f1ar. Y a\u00f1a (el diablo) ya lo debe estar esperando&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8220;Moncho&#8221; tiene m\u00e1s de 60 a\u00f1os y d\u00e9cadas en el obraje. El ladrillo aliment\u00f3 a su enorme prole, pero hoy siente que ese lugar, tan cerca del Paran\u00e1, que tanto cobij\u00f3 a su familia, en el que tanto sud\u00f3 en el impiadoso verano correntino, que lo envolvi\u00f3 con el fr\u00edo de esos pocos d\u00edas invernales que tiene el Tarag\u00fc\u00ed, ya no es suyo. A esa barriada a la que vio crecer desde la nada no la siente como propia. Le es extra\u00f1a. Lejana. La desconoce. Y la lleg\u00f3 a odiar.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Su rostro est\u00e1 curtido por el sol, tajeado, bien morocho. Sus manos son enormes, al igual que los callos a los que decide ignorar. El martes, &#8220;Moncho&#8221; se levant\u00f3 temprano, prepar\u00f3 el mate pero solo lo ceb\u00f3 un par de veces. Sabe que tiene que dejar el &#8220;verde&#8221; o, al menos, tomarlo un poco &#8220;lavado&#8221;. Su gastritis se lo exige. Cerca de su casa, de ladrillo que \u00e9l mismo forj\u00f3, est\u00e1 el obraje. Y sabe que hoy tendr\u00e1 mucho trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p><br>En eso estaba &#8220;Moncho&#8221;. Cargaba el camioncito casi sin pensar, mec\u00e1nicamente, cuando escuch\u00f3 un grito. Fue desgarrador y cercano. Machete en mano camin\u00f3 los metros que lo separaban de una precaria vivienda de madera que se manten\u00eda en pie vaya a saber por qu\u00e9 gracia divina. &#8220;La casilla del Juan Carlos&#8221;, se dijo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.diarioepoca.com\/content\/bucket\/5\/1298525w762h572c.jpg.webp\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><br>Desde dentro de la destartalada casa, un hombre empuj\u00f3 una podrida madera que cumpl\u00eda la funci\u00f3n de puerta. &#8220;Parece que es el Poxi&#8221;, pens\u00f3 Juan, mientras agudizaba su vista y forzaba a sus miopes ojos que solo le permit\u00edan ver figuras.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Y era nom\u00e1s el &#8220;Poxi&#8221;. En su loca carrera, casi se lo lleva puesto a &#8220;Moncho&#8221;, que solo se corri\u00f3 en ese caminito de tierra forjado de tanto ir y venir. Cerca, muy cerca, lo esperaba un &#8220;compinche&#8221; en una ruinosa 110 cc. Salt\u00f3 a la motocicleta y escaparon del lugar a la misma velocidad con la que huyen tras los arrebatos a los que estaban acostumbrados.<\/p>\n\n\n\n<p><br>&#8220;Moncho&#8221;, desconcertado, no entend\u00eda qu\u00e9 pas\u00f3 hasta que unos segundos despu\u00e9s ve a Juan Carlos salir casi a gatas de la casilla. Con su mano derecha agarraba un poste para tratar de sentarse. Y con la izquierda trataba de cubrir el hueco que le dej\u00f3 un cuchillo que le lleg\u00f3 hasta las entra\u00f1as. La sangre inund\u00f3 la escena y la postal fue escalofriante.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Pero &#8220;Moncho&#8221; no sinti\u00f3 pena por el herido que se desangraba y que gritaba de dolor. A Juan Carlos todos lo conoc\u00edan en el barrio, detr\u00e1s del Molina Punta. Era un dealer de poca monta, pero muy violento, que no ten\u00eda escr\u00fapulos ni c\u00f3digos.<\/p>\n\n\n\n<p><br>&#8220;Moncho&#8221; dud\u00f3. No sab\u00eda si acercarse y prestar ayuda o dejarlo que se muera. Es muy cat\u00f3lico y devoto de la Virgen de Itat\u00ed, pero todos los malos deseos inundaron su mente. &#8220;Ma\u00f1ana me confieso&#8221;, se dijo mientras se sentaba en una silla de madera que vaya uno a saber porqu\u00e9 estaba a la vera del caminito.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Braian es uno de los nietos de &#8220;Moncho&#8221;. Tiene 14 a\u00f1os y desde hace dos que consume drogas. Y cada d\u00eda necesita m\u00e1s. Y cada d\u00eda es m\u00e1s violento. Es uno de los soldaditos de Juan Carlos. Es que el moribundo marginal ten\u00eda la costumbre de inducir a los adolescentes y ni\u00f1os en las prohibidas sustancias. Y luego, cuando se transformaban en adictos y dependientes de las drogas, los usaba para vender la il\u00edcita mercanc\u00eda o para robar. Todo vale en su mundo. Incluso el de utilizar a su propio primito, de 13 a\u00f1os, hijo de la t\u00eda a la que usurp\u00f3 el terreno para levantar all\u00ed la casilla que funciona como bunker o kiosco narco.<\/p>\n\n\n\n<p><br>&#8220;Ayudame, el cag\u00f3n me hinc\u00f3 cuando estaba durmiendo, llevame al hospital&#8221;, le pidi\u00f3 Juan Carlos a &#8220;Moncho&#8221; en forma desesperada. Por la cabeza del ladrillero pasaron infinidad de im\u00e1genes. Una de ellas, un recuerdo, qued\u00f3 fijo en su mente. Su memoria retuvo un tremendo golpe que le dio el agonizante vendedor de droga. Hace unas semanas, le pidi\u00f3 que dejara en paz a Braian, que lo deje de envenenar, de dar porquer\u00edas y de mandarlo a robar. Su nieto acababa de ser golpeado por vecinos justicieros que lo agarraron tras el robo fallido de la cartera a una anciana.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Juan Carlos le respondi\u00f3 con una carcajada y un insulto. Ante la insistencia de &#8220;Moncho&#8221;, un golpe propinado con una piedra que sujetaba en su mano derecha le abri\u00f3 la cara al ladrillero, justo arriba de la ceja izquierda. En el suelo, casi sin defensas, el veterano trabajador solo aguardaba la continuidad de la paliza. Pero fue el &#8220;Poxi&#8221; quien tom\u00f3 el brazo del furibundo dealer para evitar la andanada. &#8220;Dejalo al viejo, ven\u00ed que tenemos que dividir la plata&#8221;, le dijo por aquel entonces.<\/p>\n\n\n\n<p><br>&#8220;Dejate de joder\u2026 ay\u00fadame&#8221;, insisti\u00f3 Juan Carlos. &#8220;Moncho&#8221; lo escuch\u00f3, pero ni siquiera volvi\u00f3 la vista para ver al maltrecho delincuente. Entonces, record\u00f3 la historia que le contaron de la pelea con &#8220;Poxi&#8221;. Era muy reciente, de d\u00edas. &#8220;Poxi&#8221; le hab\u00eda sacado una &#8220;guaina&#8221; a Juan Carlos, adem\u00e1s de la plata de unas ventas que no dividieron. Enojado, Juan Carlos fue a buscarlo, lo encontr\u00f3, sac\u00f3 una vetusta 38 y gatill\u00f3 dos veces en direcci\u00f3n a la cabeza de su ex &#8220;socio&#8221;. Pero las balas no salieron. &#8220;Poxi&#8221; huy\u00f3 y no se supo de \u00e9l hasta esa ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p><br>&#8220;Moncho&#8221; escuch\u00f3 unos pasos, chancleteadas, que se le acercaban desde atr\u00e1s. Era Ramonita, la t\u00eda de Juan Carlos, la mam\u00e1 de ese ni\u00f1o al que el brutal y cruel dealer lo volvi\u00f3 un adicto y un ladr\u00f3n. La mujer ignor\u00f3 al ladrillero, se acerc\u00f3 a su familiar y se puso casi &#8220;cara a cara&#8221;. Un gesto de desprecio total inund\u00f3 su rostro. &#8220;Te lo mereces, basura&#8221;, fue la contundente frase y regres\u00f3 sobre sus pasos.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Una camioneta de la comisar\u00eda D\u00e9cimo S\u00e9ptima lleg\u00f3 raudamente. Un joven oficial se precipit\u00f3 a la carrera hasta el lugar en el que Juan Carlos se mor\u00eda. Al verlo, el polic\u00eda se fren\u00f3 y se toc\u00f3 el ojo izquierdo. Lo ten\u00eda hinchado y morado. La lesi\u00f3n se la produjo el desahuciado delincuente la \u00faltima vez que lo detuvo. Fueron muchas las veces que termin\u00f3 en el calabozo pero por esas raras decisiones de la Justicia, r\u00e1pidamente ganaba la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Al uniformado no le molestaba tanto el &#8220;ojo en compota&#8221;, sino la carcajada con la que Juan Carlos se despidi\u00f3 de la comisar\u00eda luego de estar menos de un d\u00eda detenido. Lo agarr\u00f3 &#8220;con las manos en la masa&#8221; pero, al parecer, eso no tuvo demasiada importancia para la siempre cuestionada justicia correntina.<\/p>\n\n\n\n<p><br>El polic\u00eda se hab\u00eda dicho que no expondr\u00eda su vida o su integridad &#8220;nunca m\u00e1s&#8221; para atrapar a Juan Carlos o a cualquiera de los innumerables delincuentes de una jurisdicci\u00f3n que se volvi\u00f3 &#8220;tierra de nadie&#8221; o, mejor dicho, &#8220;tierra de los narcos y ladrones&#8221;. Estaba cansado de que su labor no marcara la diferencia. Y se qued\u00f3 all\u00ed, parado, observando c\u00f3mo la vida se le iba al delincuente en cada suspiro.<\/p>\n\n\n\n<p><br>La ambulancia tard\u00f3 m\u00e1s de media hora en llegar. Juan Carlos todav\u00eda estaba con vida cuando lo subieron rumbo al Hospital Escuela. No lleg\u00f3. Muri\u00f3 en el camino. La Justicia orden\u00f3 la b\u00fasqueda de &#8220;Poxi&#8221; y su c\u00f3mplice. Al segundo lo agarraron al rato; el primero todav\u00eda sigue esquivando a los pesquisas.<\/p>\n\n\n\n<p><br>&#8220;Moncho&#8221; gir\u00f3 su cabeza y cruz\u00f3 su mirada con la del oficial. &#8220;Habr\u00e1 que agradecerle al &#8220;Poxi&#8221;&#8221;, dijo el ladrillero. &#8220;Cuida a tu nieto&#8221;, le contest\u00f3 el polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8212;<br><em>Cr\u00f3nica novelada de la muerte de Juan Carlos Mart\u00ednez ocurrida el martes 23 de mayo de 2023 en el barrio Sor Mar\u00eda Assunta Pittaro, en la ciudad de Corrientes. &#8220;Poxi&#8221; es el apodo de quien se presume es el autor del crimen. Los nombres del resto de los personajes son ficticios.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;Omano (muri\u00f3) nom\u00e1s, en su ley. 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