{"id":76972,"date":"2023-07-30T08:59:25","date_gmt":"2023-07-30T11:59:25","guid":{"rendered":"https:\/\/corrientesdetarde.com\/?p=76972"},"modified":"2023-07-30T08:59:37","modified_gmt":"2023-07-30T11:59:37","slug":"el-tesoro-de-los-jesuitas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/corrientesdetarde.com\/index.php\/cultura\/el-tesoro-de-los-jesuitas\/","title":{"rendered":"El tesoro de los jesuitas"},"content":{"rendered":"\n<p>Del libro aparecidos, Tesoros y Leyendas de Corrientes, de Moglia Ediciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Un se\u00f1or de Nogoy\u00e1, Entre R\u00edos, se comunic\u00f3 conmigo a fines del a\u00f1o 2019. Sonaba extra\u00f1o y un poco cansado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El relato que recib\u00ed lo transmito lo mejor que puedo, para que mis querido lectores no pierdan la conexi\u00f3n del mismo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aseguraba el buen hombre descender de uno de los jesuitas expulsados de estos reinos all\u00e1 por 1767 aproximadamente, por Carlos III; luego de haber sido lanzados de todos los dem\u00e1s reinos europeos, a lo que se sum\u00f3 la supresi\u00f3n de la orden por el Vaticano. Los ex sacerdotes se incorporaron a otras legiones a duras penas y otros se aventuraron a la vida civil. Muchos adoptaron, con ayuda de falsificadores, nuevas identidades.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El mencionado por el narrador se llamaba Felipe. Estaba estacionado en la ciudad de Corrientes, en el colegio o convento donde hoy se halla el Colegio San Martin. Era el centro de la administraci\u00f3n de todas las Misiones en la provincia de Corrientes, cuyos l\u00edmites eran indeterminados.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Continu\u00f3 diciendo que manten\u00edan contactos con sus antiguos cofrades, por lo que se le encomend\u00f3 que volviera a la ciudad de Vera a verificar si el inmenso tesoro que hab\u00edan escondido, no hubiera sido hallado. A\u00f1adi\u00f3 que los sacerdotes ten\u00edan conocimiento anticipado del secreto a voces de su expulsi\u00f3n, por lo que eligieron la ciudad como el punto de encuentro para ocultamiento de sus inmensas riquezas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con sigilo y prudencia t\u00edpica de gente muy inteligente, acostumbrada a la reserva en sus obrares, encontraron en lo que hoy ser\u00eda el Ba\u00f1ado Norte una zona pedregosa. Dos de los cl\u00e9rigos fueron al lugar en calidad de ingenieros, acompa\u00f1ados de muchos indios de las misiones, especialmente de la zona de Mercedes y la costa del Iber\u00e1, hoy Colonia Carlos Pellegrini.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El Ba\u00f1ado Norte era entonces un paisaje diferente del que hoy se puede observar. Estaba poblado de espinillos, cardos, plantas de tala. En direcci\u00f3n al Pasito los terrenos&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>eran bajos, por el otro lado donde se ubicar\u00eda la Quinta de Ferr\u00e9 abundaban los lapachos. Cerca del lugar se levantar\u00eda, siglos despu\u00e9s, un seminario de triste recuerdo. Siguiendo la zona se hallaban lomas altas y terraplenes de arena, cortada por profundos zanjones. El tiempo posterior vio pasar frente a la Escuela Regional sobre el lado oeste, al trencito Econ\u00f3mico cuyo ramal al puerto Italia era su destino final. Ese es el actual escenario en que los curas jesuitas eligieron, entre quebrachos y curupay. Con la presteza de siempre comenzaron a ingresar al lugar directamente, sin entrar en el casco hist\u00f3rico de la vieja aldea de la ciudad de Vera, llena de ranchos pobres y calles infectas, carretones de distintos y lejanos puntos del territorio jesu\u00edtico. Incluyendo las que proven\u00edan del Paraguay, con sacerdotes que formaban un peque\u00f1o batall\u00f3n En tiempo record digamos, menciona el relator, construyeron un gran pozo de material resistente. Custodiado con guardia armada de los propios frailes, duchos en el arte de la guerra y de la resistencia, para que nadie metiera las narices en sus actividades; incluyendo el patrullaje en el r\u00edo Paran\u00e1 cercano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el lugar procedieron a esconder los tesoros consistentes en oro y plata, joyas y otros valores, seg\u00fan atestiguaba el informante. Hab\u00edan descubierto minas de oro en Paraguay, costas del Brasil y otros lugares desconocidos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Terminado el soterramiento del tesoro, con los objetos de culto, plantaron \u00e1rboles de variedades aut\u00f3ctonas. Determinaron latitud y longitud correcta del mismo. Volvieron las carretas al centro de la provincia donde fueron quemadas en su totalidad, con su horrible carga.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los indios que trabajaron en la obra y acompa\u00f1aron la empresa, fueron invitados a comer festejando la culminaci\u00f3n de las tareas. Luego de una gran comilona bebieron aguardiente a m\u00e1s no poder. Cuando lleg\u00f3 un l\u00edmite razonable, los cl\u00e9rigos le proveyeron de m\u00e1s ca\u00f1a, pero esta vez envenenada. Acci\u00f3n muchas veces utilizada en tiempos remotos y actuales, como en el siglo XX, en varios genocidios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La mortandad empez\u00f3 r\u00e1pidamente. Los pobres infelices alcoholizados ni siquiera se dieron cuenta que la muerte los estaba esperando esa misma noche. Los curas recibieron todas las maldiciones imaginables.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cargaron los cuerpos cubiertos en las carretas, cada jesuita condujo una hasta llegar a la estancia del centro Rinc\u00f3n de Luna. All\u00ed procedieron a ba\u00f1ar con ca\u00f1a cuerpos y veh\u00edculos, rodearon de le\u00f1a el c\u00edrculo y se dispusieron a quemar casi todo. Qued\u00f3 solo una para el regreso. El fuego&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>estuvo alimentado durante toda la noche con grande esfuerzo. Se vert\u00eda alcohol y le\u00f1a para avivarlo cuando disminu\u00eda su potencia, los resultados fueron casi \u00f3ptimos. Quedaban los herrajes de los carretones los que ser\u00edan arrojados en lagunas circundantes, los restos o cenizas fueron enterrados en lugares anegadizos que el tiempo consumir\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al volver, el cuerpo de sacerdotes reunidos decidi\u00f3 entregar a una persona de su entera confianza el mapa \u00fanico del tesoro. Era el pariente correntino del sacerdote Felipe que volver\u00eda a estas tierras. El familiar ten\u00eda establecida una&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>estancia cercana a las posesiones de los curas. El hombre, casado con la hermana de Felipe, no muy agraciada por cierto, pasadita en a\u00f1os, logr\u00f3 marido en este correntino mestizo influenciado por los cl\u00e9rigos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, el hombre no entend\u00eda que ten\u00eda entre manos, no sab\u00eda leer ni escribir como su esposa. Para ellos la cartera de cuero conten\u00eda un jerogl\u00edfico, solo ten\u00edan que conservarlo sin abrirlo bajo pena de excomuni\u00f3n. Como buen devoto temeroso de Dios, cristiano cat\u00f3lico, jur\u00f3 solemnemente proteger el documento con su vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Llegado el momento de la expulsi\u00f3n todos esperaban sentados en el Colegio Convento con su atadito de ropas, mostrando p\u00fablicamente su conocimiento anterior de los hechos supuestamente secretos: la exclusi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron algunos a\u00f1os, volvi\u00f3 Felipe con otro nombre y de profesi\u00f3n comerciante. Se puso en contacto con su pariente y sobrinos, quienes lo reconocieron a pesar de las arrugas y canas adquiridas por el paso del tiempo. Le entregaron el sobre conservado como lo hab\u00edan dejado. Se sent\u00f3 y lo copi\u00f3 con esmero. Luego llam\u00f3 a sus sobrinos, a quienes bajo juramento similar que tomara a sus padres, con la cruz de brillante oro en la mano, so pena de excomuni\u00f3n les hizo jurar que conservar\u00edan el documento original.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con tristeza y luego de varias jornadas con su hermana y su cu\u00f1ado se despidi\u00f3, advirti\u00e9ndoles que el pase del documento ten\u00eda que ser de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, con el mismo juramento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Felipe volvi\u00f3 despu\u00e9s de diez a\u00f1os al lugar que ubic\u00f3 con sus instrumentos cient\u00edficos. Hab\u00eda cambiado, pobl\u00e1ndose de algunos \u00e1rboles que se ergu\u00edan majestuosos en el sitio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto al atardecer, Felipe se encontr\u00f3 rodeado de sombras y aullidos que lo aterraron; esp\u00edritus sombr\u00edos le reclamaban explicaciones. Sent\u00eda en sus carnes un dolor insoportable, de repente escuch\u00f3 desde las entra\u00f1as mismas de la tierra voces que le anoticiaban que estaba enfermo y pagar\u00eda sufriendo en vida los asesinatos cometidos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 a Espa\u00f1a como pudo, apenas lleg\u00f3 se reuni\u00f3 con sus cofrades a los que encontr\u00f3 mustios y absortos. Pregunt\u00f3 el motivo de sus malas caras a lo que adujeron, macilentos: \u201ctenemos lepra y nos llevar\u00e1n a todos al leprosario, andaremos por la vida con la campana que anuncia al apestoso\u201d. Felipe record\u00f3 las palabras de los espectros y se observ\u00f3 la piel advirtiendo la presencia de la enfermedad. Las maldiciones de los pobres indios los hab\u00edan alcanzado, la campana les recordar\u00eda con cada ta\u00f1er los asesinatos cometidos por codicia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todos decidieron quemar el plano. Como se puede apreciar la inmensa riqueza no cura enfermedades. As\u00ed desapareci\u00f3 la banda de forajidos que mataron por avaricia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los a\u00f1os, siglos, y como lo prometido es deuda en la familia del narrador el sobre de viejo cuero, el plano que nadie entend\u00eda de qu\u00e9 se trataba, pasaba de mano en mano. As\u00ed fue a parar a la posesi\u00f3n del narrador que me promet\u00eda el oro y el moro para ayudarle a buscar la oculta fortuna.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Le agradec\u00ed sinceramente la confianza que depositaba en m\u00ed, pero rechac\u00e9 la oferta y le mand\u00e9 a criar gallinas ya que dicen que en el Entre R\u00edos se desarrollan bien.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante la respuesta categ\u00f3rica, el hombre insiste por tel\u00e9fono. Ya no respondo, prefiero escuchar las campanas que llaman a los \u00e1ngeles y no a los demonios. No vaya a resultar que en estos tiempos el maligno utilice celular para comunicarse. El sello de la maldici\u00f3n lo tiene el pobre hombre por su parentesco con quien muri\u00f3 entre llagas y lamentos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me pregunto a cu\u00e1ntos habr\u00e1 invitado en su larga vida a emprender la aventura de encontrar el tesoro, si existiera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Que gran cantidad de buscadores profesionales andar\u00e1n merodeando el Ba\u00f1ado Norte, tratando de encontrar el ansiado tesoro. No cabe dudas, el seminario viejo estaba lleno de excavaciones, y los que posteriormente compraron en loteo los terrenos, se sorprendieron con los pozos abiertos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A todos los buscadores les sugerir\u00eda que existen en \u00e9l muchas construcciones nuevas y debajo de cualquiera puede estar o no. O bien que pregunten si existe alg\u00fan lugar de los que llaman malditos, a los que no se acerca nadie. Si ven danzas de esp\u00edritus lament\u00e1ndose de su suerte, porque dicen que donde hubo sangre derramada los espectros hacen su fest\u00edn. Muchos anduvieron cerca ya lo s\u00e9, pero el tesoro tiene de custodios sus esp\u00edritus furiosos, chaque chamigo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Del libro aparecidos, Tesoros y Leyendas de Corrientes, de Moglia Ediciones. Un se\u00f1or de Nogoy\u00e1, Entre R\u00edos, se comunic\u00f3 conmigo a fines del a\u00f1o 2019. 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