Becaria de Arquitectura de la Unne midió el costo ambiental de las viviendas sociales en Resistencia

Luciana Prieto analizó los conjuntos habitacionales construidos en la zona norte de Resistencia, territorio de humedales y reservas ecológicas. Evaluó cómo la tecnología constructiva incide en el ambiente y en la habitabilidad. Los resultados muestran incumplimientos de la norma IRAM 11605 y un uso intensivo de climatización mecánica, además de una huella de carbono proyectada en miles de toneladas de CO₂.

La zona norte de Resistencia se transformó en el principal frente de expansión urbana de la ciudad. El territorio contuvo, en el pasado, humedales, áreas verdes y reservas ecológicas que operaban como reguladores ambientales. En las últimas décadas, el sector pasó a concentrar conjuntos habitacionales estatales, junto con asentamientos informales y urbanizaciones cerradas.

Este proceso de expansión urbana responde, entre otros factores, a una creciente demanda habitacional en el Departamento San Fernando, una problemática que la investigación de la becaria de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNNE, Luciana Prieto, aborda desde la importancia de garantizar condiciones adecuadas de habitabilidad, eficiencia térmica y relación con el ambiente.

La investigación de Luciana Prieto aborda el proceso de expansión urbana en la zona Norte de Resistencia, junto con la importancia de garantizar condiciones adecuadas de habitabilidad, eficiencia térmica y relación con el ambiente.

El trabajo, cuyo título es «Sostenibilidad en viviendas sociales. Conjuntos Habitacionales de la zona norte del Gran Resistencia», cuantifica además la huella de carbono y el desempeño térmico de las tipologías estatales construidas sobre humedales y reservas ecológicas de la zona norte de la ciudad.

La investigación-sostenida por la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE- se propuso evaluar el desempeño ambiental de las viviendas de la zona y su relación con el entorno, con el fin de aportar recomendaciones para futuros proyectos.

La dirección y asesoramiento de la beca está bajo la responsabilidad de la doctora arquitecta Marina Scornik y el arquitecto magister Gustavo Tripaldi.

Identificación y evaluación. El plan de trabajo se organizó en cuatro objetivos: identificar los barrios estatales de la zona norte y su inserción territorial; evaluar las condiciones de habitabilidad de las viviendas y sus ambientes; analizar el desempeño ambiental y calcular la huella de carbono de las tipologías estatales; y formular recomendaciones aplicables a futuros proyectos de vivienda social.

Para cumplir estos objetivos, Prieto combinó cuatro herramientas metodológicas.

El relevamiento territorial incluyó seis conjuntos habitacionales identificados dentro del área de estudio: Nalaá, Mapic I, Barrio 70 Viviendas, Barrio 130 Viviendas (René Favaloro), Don Santiago y Barrio UOM 100 Viviendas. El análisis combinó recorridos presenciales con herramientas digitales de visualización geográfica, como Google Maps y Google Street View. El registro se centró en el estado de las fachadas y los materiales, las condiciones de la infraestructura y del espacio público, y la presencia de equipos de climatización como indicador del desempeño energético de las envolventes.


La dirección y asesoramiento de la beca está bajo la responsabilidad de la doctora arquitecta Marina Scornik, aquí junto con la becaria Luciana Prieto.
La encuesta a usuarios, de carácter exploratorio, se implementó mediante un formulario digital y se difundió con la colaboración de referentes de distintos barrios del área de estudio. El instrumento abordó tres dimensiones: las modalidades de uso y el costo de la climatización mecánica; la percepción de los habitantes sobre las condiciones térmicas de los diferentes ambientes; y el nivel de satisfacción con la vivienda, considerando también las modificaciones realizadas desde su entrega. En total, se obtuvieron 15 respuestas.

Las entrevistas en profundidad se realizaron a tres actores vinculados al tema, con el fin de profundizar aspectos constructivos, de gestión y de habitabilidad que la encuesta no cubría. Los testimonios describieron materiales de construcción básicos —ladrillo con revoque, techo de chapa, carpinterías de madera—, sin ventilación cruzada y con aislación térmica limitada al techo.

Los entrevistados señalaron que, sin las modificaciones realizadas por ellos mismos —galerías, protecciones solares, cambio de aberturas—, las viviendas resultarían inhabitables durante el verano. También identificaron la ausencia de red cloacal como uno de los problemas de infraestructura, con desbordes de pozos negros y perforaciones hasta la napa freática en algunos casos.

Por último, se realizó el modelado tridimensional y la simulación higrotérmica de una vivienda típica del Barrio 70 Viviendas mediante el software Autodesk Ecotect Analysis, tomado como caso representativo de las tipologías estatales del área.

Impacto sobre áreas verdes aledañas. La investigación establece que la ejecución de la mampostería de ladrillo cerámico en los conjuntos de la zona norte volcó a la atmósfera un estimado de 3.321.960 kgCO₂e. Esa cifra equivale, según el cálculo del trabajo, a la capacidad de absorción anual de un bosque de aproximadamente 133.000 árboles adultos, sobre una superficie de 120 hectáreas de bosque continuo, una extensión que supera las áreas verdes que quedan en los bordes de la ciudad.

A esa huella incorporada se suma la huella operativa. Los cerramientos analizados presentan valores de transmitancia térmica (K) de hasta 2,90 W/m²K en muros y 3,70 W/m²K en techos, por encima de los límites de la norma IRAM 11605. Como consecuencia, el 57% de los usuarios recurre a climatización mecánica entre 10 y 12 horas diarias durante el período cálido. El trabajo estima en 1.080 kgCO₂e por vivienda la huella operativa anual derivada de ese consumo, y proyecta que en menos de seis años el consumo energético por refrigeración va a superar la huella de carbono de la construcción original de los muros.

El estudio, al que tuvo acceso UNNE Medios, advierte que la zona norte de Resistencia no cuenta con una red cloacal consolidada, una deficiencia de infraestructura sanitaria que puede afectar la calidad hídrica de las áreas de reserva, especialmente por la utilización de sistemas individuales de saneamiento y su proximidad a la napa freática. En ese marco, la investigación plantea que la vivienda social no puede analizarse como un elemento aislado del territorio, sino como un componente que interactúa con humedales y reservas que aún se conservan en el área.

Desempeño térmico insuficiente.  La investigación concluye que los conjuntos habitacionales estatales de la zona norte del Gran Resistencia presentan una doble condición: impacto en el ambiente durante la etapa de construcción y desempeño térmico insuficiente durante el uso.

El análisis del Barrio 70 Viviendas, tomado como caso representativo, muestra que los cerramientos incumplen todos los niveles de la norma IRAM 11605/96: los muros registran valores de transmitancia de entre 2,73 y 2,90 W/m²K, frente a un máximo admisible de 2,16 W/m²K, y las cubiertas alcanzan 3,70 W/m²K, tres veces ese límite. Según el trabajo, este resultado deriva de una elección de tecnología constructiva basada en costo y velocidad de ejecución, sin considerar el contexto bioclimático de la Zona Bioambiental Ib, con temperaturas máximas por encima de 34°C y una estación cálida de varios meses.

Las simulaciones en Autodesk Ecotect Analysis muestran que los espacios interiores superan la zona de confort térmico entre 10 y 13 horas diarias en verano, con el dormitorio orientado al noroeste como el ambiente de mayor acumulación de calor. El promedio relevado es de 3,3 equipos de aire acondicionado por vivienda, con un funcionamiento de más de 10 horas diarias. El 67% de los encuestados declaró dificultades para pagar la factura de electricidad en verano.

En términos de huella de carbono, el trabajo estima 5,54 tCO₂e por vivienda, con una proyección de más de 3.300 tCO₂e para el conjunto del área norte. El 73% de los residentes realizó modificaciones a la vivienda desde su entrega —galerías, cerramientos, aislaciones, nuevas aberturas—, un dato que, según la investigación, indica que el modelo tipológico de vivienda no responde por sí solo a las condiciones climáticas de la región.

Muros dobles. A partir de este diagnóstico, la investigación formula recomendaciones en tres niveles.

Para nuevos proyectos, propone muros dobles con cámara de aire, galerías orientadas de manera estratégica, reducción de superficies vidriadas hacia el noroeste, ventilación cruzada e infraestructura verde con especies caducifolias, con el fin de acercar los valores de transmitancia a los niveles de la norma IRAM y reducir la demanda de climatización mecánica.

Para los conjuntos existentes, plantea intervenciones de rehabilitación pasiva de costo bajo: cubiertas con alta reflectancia, sistemas EIFS en fachadas, extractores eólicos y protocolos de ventilación nocturna.

Para el territorio en su conjunto, la investigación recomienda que la política habitacional incorpore la preservación de áreas verdes y humedales adyacentes, la extensión de la red cloacal y la incorporación de vegetación en el espacio público, bajo la premisa de que la vivienda social forma parte del ecosistema urbano y no puede planificarse por separado de él.

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