El procesamiento de hacienda vacuna registró uno de los niveles más bajos de las últimas décadas y el consumo interno de proteína animal continúa en retroceso. En Corrientes y el Nordeste, productores del rubro y comerciantes siguen de cerca esta coyuntura.
La cadena ganadera argentina atraviesa un escenario de fuerte tensión. La caída de la faena vacuna, el retroceso del consumo interno y el aumento de precios en las carnicerías encendieron alertas en distintas provincias productoras, entre ellas Corrientes, uno de los distritos con mayor tradición ganadera del país.
Según un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), durante marzo se faenaron 1.029.000 cabezas bovinas en todo el país, uno de los niveles más bajos para ese mes en varias décadas. En el acumulado del primer trimestre, la actividad mostró una caída del 7,6% respecto al mismo período del año pasado.
El dato genera preocupación en el Nordeste, donde la producción bovina ocupa un lugar central dentro de las economías regionales. Corrientes se encuentra entre las principales provincias ganaderas de Argentina, tanto por cantidad de cabezas como por superficie destinada a la actividad, por lo que cualquier variación en el mercado cárnico repercute de manera directa sobre productores, frigoríficos, transportistas y comercios vinculados al sector.
Especialistas atribuyen esta retracción a una combinación de factores climáticos y económicos que golpearon al rodeo nacional en los últimos años. Las sequías registradas entre 2022 y 2024, seguidas por inundaciones en distintas zonas ganaderas durante 2025, provocaron pérdidas de pasturas, venta anticipada de animales y una menor capacidad de recuperación de los stocks bovinos.
En provincias del NEA, donde gran parte de la producción depende de campos naturales y sistemas extensivos, las condiciones climáticas suelen impactar con mayor fuerza. En Corrientes, por ejemplo, las variaciones hídricas afectan tanto a las zonas de esteros como a campos ganaderos tradicionales, condicionando la alimentación y el manejo de la hacienda.
Otro de los puntos que preocupa al sector es el alto porcentaje de hembras dentro de la faena total. En marzo alcanzó el 47,8%, un nivel que, según CICCRA, refleja una continuidad en el proceso de liquidación de stock. Cuando aumenta la faena de vientres, se reduce la capacidad futura de reproducción y recuperación del rodeo.
La situación también tiene consecuencias en el consumo. El promedio anual por habitante descendió a 47,3 kilos de carne vacuna, uno de los registros más bajos de los últimos años. La pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento de los cortes llevaron a muchas familias a reemplazar carne vacuna por pollo o cerdo, una tendencia que también se observa en Corrientes y el resto del Nordeste.
En las carnicerías, los aumentos continúan presionando sobre el bolsillo. El asado, uno de los cortes más representativos del consumo argentino, acumuló subas cercanas al 70% interanual, mientras que otros cortes populares también registraron fuertes incrementos en los últimos meses.
Comerciantes del rubro reconocen que las ventas se mantienen contenidas y que el consumidor prioriza compras más pequeñas o directamente opta por productos sustitutos.
El fenómeno se replica en supermercados y autoservicios de la región, donde el consumo masivo todavía no logra recuperarse y de cuyo panorama diario época dio cuenta en lo transcurrido del año.
Pese al complejo escenario, el sector mantiene expectativas de estabilización si las condiciones climáticas acompañan y mejora la capacidad de recomposición del rodeo. Sin embargo, analistas advierten que la recuperación será gradual y que la menor oferta de hacienda podría continuar presionando sobre los precios durante los próximos meses.