El 37,5% de los niños y adolescentes argentinos tuvo dificultades para acceder a prendas de vestir, zapatos y zapatillas durante el último año, según la UCA. En el NEA, aunque estos productos no registraron alzas en julio, acumulan una suba del 8,5% en 2026 y del 13,7% interanual.
El acceso a ropa y calzado es una de las principales dificultades que atraviesan muchos hogares argentinos con niños y adolescentes. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 37,5% de los niños y adolescentes del país tuvo dificultades para acceder a prendas de vestir o calzado por motivos económicos durante los últimos 12 meses.
El dato adquiere mayor relevancia al observar las diferencias según el nivel socioeconómico de los hogares. El informe señala que la vestimenta se consolidó como la privación que presenta la mayor brecha de desigualdad socioeconómica entre los niños y adolescentes relevados.
La diferencia es marcada: la dificultad para acceder a ropa o calzado alcanzó al 58,3% de los chicos pertenecientes a los sectores socioeconómicos más bajos, mientras que entre aquellos de niveles medios-altos el porcentaje se ubicó en 17,8%. De esta manera, la incidencia de esta privación entre los sectores de menores recursos fue más de tres veces superior a la registrada entre los hogares de mejores condiciones económicas. El dato permite dimensionar cómo un gasto considerado básico puede transformarse en una dificultad concreta cuando los ingresos familiares no alcanzan para cubrir todas las necesidades.
La compra de indumentaria para niños y adolescentes forma parte de los gastos habituales de las familias. Sin embargo, las necesidades vinculadas con la vestimenta se renuevan a medida que los chicos crecen y, en muchos casos, requieren reemplazos por desgaste, cambios de estación o necesidades escolares.
En este contexto, las restricciones económicas pueden llevar a las familias a postergar la compra de prendas, reutilizar ropa entre hermanos o priorizar determinados productos por sobre otros.
El informe de la UCA pone el foco precisamente en esta dimensión: no se trata solamente de cuánto aumentaron los precios, sino de cuántos hogares no cuentan con los recursos suficientes para garantizar el acceso a ropa y calzado para sus hijos.
Qué pasó con los precios en el Nordeste
El comportamiento reciente de los precios en la región Nordeste presenta un escenario diferente. Según el informe de julio del Índice de Precios al Consumidor (IPC) elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la división “Prendas de vestir y calzado” registró una variación del 0% durante julio.
Esto significa que, en términos generales, los precios de estos productos no mostraron modificaciones respecto del mes anterior en la región.
Sin embargo, la estabilidad de julio no alcanza para revertir los incrementos acumulados durante el año. Entre enero y julio, las prendas de vestir aumentaron 7,7%, mientras que el precio de los calzados acumuló una suba del 10,5%.
Si se consideran ambos rubros de manera conjunta, el incremento acumulado durante los primeros siete meses de 2026 fue del 8,5%. La comparación con julio del año pasado también muestra que los precios continúan por encima de los valores de entonces. En los últimos doce meses, las prendas de vestir registraron un aumento del 12,8%, mientras que los calzados se encarecieron un 16,1%. En conjunto, ropa y calzado acumularon una suba interanual del 13,7% en el Nordeste.
Los datos del INDEC y de la UCA permiten observar dos dimensiones diferentes de una misma problemática. Por un lado, el IPC muestra que durante julio la ropa y el calzado no aumentaron en el Nordeste. Por otro, el relevamiento social evidencia que una proporción importante de los hogares todavía tiene dificultades para acceder a estos productos.
La ausencia de aumentos durante un mes no significa necesariamente que el gasto haya dejado de ser elevado para las familias. Los precios actuales incorporan los incrementos acumulados previamente y el impacto de esos valores es diferente según el nivel de ingresos de cada hogar.
Por eso, mientras un hogar con mayores recursos puede absorber un aumento acumulado o afrontar la compra de nuevas prendas con mayor facilidad, una familia de bajos ingresos puede verse obligada a postergar ese consumo aun cuando los precios permanezcan estables durante determinado período.
La brecha registrada por la UCA refleja justamente esa diferencia de capacidad de compra. Casi seis de cada diez chicos de los sectores socioeconómicos más bajos tuvieron dificultades para acceder a ropa o calzado, frente a menos de dos de cada diez entre los sectores medios-altos.
La vestimenta aparece así como uno de los indicadores más claros de las desigualdades que atraviesan a la infancia y adolescencia.