El prototipo utiliza radiación solar para deshidratar alimentos sin costos energéticos. Buscan facilitar su adopción en zonas rurales y emprendimientos familiares.
Un equipo de ingenieros de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) desarrolla un secadero solar destinado a conservar frutas y hortalizas de pequeños productores. El dispositivo, denominado “Kuaray” —palabra guaraní que significa sol—, funciona en la terraza del Departamento de Termodinámica de la Facultad de Ingeniería y se proyecta como una solución accesible y sustentable.
El proyecto es impulsado por los docentes investigadores María Raquel Aeberhard, Pablo Martina y Franco Gabriel Milich, integrantes del Grupo de Investigación de Energías Renovables (GIDER). El desarrollo fue presentado en el I Congreso de Extensión Universitaria y forma parte de iniciativas que vinculan el conocimiento académico con necesidades productivas concretas.
La propuesta tiene un doble origen: por un lado, surgió en el marco de la convocatoria 2024 del programa Empresas de Base Tecnológica del Instituto Chaqueño de Ciencia y Tecnología (ICTI), y por otro, se consolidó mediante el trabajo conjunto con la Unión de Pequeños Productores del Chaco (UNPEPROCH).
El funcionamiento del secadero se basa en la deshidratación de alimentos, una técnica ancestral que permite extraer el agua de frutas y verduras, evitando la proliferación de microorganismos y extendiendo su vida útil. De esta manera, los productos pueden conservarse durante períodos prolongados sin necesidad de refrigeración.
Desde el punto de vista técnico, el sistema utiliza la radiación solar que incide sobre un colector plano, generando un efecto invernadero que eleva la temperatura interna. El aire caliente circula a través de bandejas donde se colocan los alimentos, absorbe la humedad y la expulsa al exterior mediante una chimenea regulable.
Entre sus principales ventajas se destaca el uso exclusivo de energía solar, lo que elimina costos operativos y reduce el impacto ambiental. Además, su diseño flexible permite adaptarlo tanto a escala familiar como a pequeños emprendimientos productivos, especialmente en regiones como el NEA, donde la radiación solar es abundante.
Actualmente, el equipo trabaja en la automatización del sistema mediante la incorporación de paneles fotovoltaicos, ventiladores y sensores que regulen variables como temperatura y humedad. Esto permitirá mantener el funcionamiento incluso en días nublados y evitar que se superen los niveles térmicos que podrían dañar los alimentos.
Como parte de su componente de extensión, el proyecto ya permitió transferir un secadero a productores chaqueños junto con un manual de uso para su replicación. Aunque aún no se produce a escala comercial, el prototipo permanece operativo en la Facultad de Ingeniería y está disponible para quienes deseen conocerlo, adaptarlo o implementarlo en sus propios emprendimientos.