Un diciembre con récord de lluvias pone a prueba la infraestructura

Con casi 770 milímetros acumulados en el mes – el cuádruple de lo normal – va recuperando la normalidad, pero enfrenta daños viales. Tras el pico de evacuados en Navidad, las autoridades capitalinas centran los esfuerzos en la recuperación de calles y la contención en la costa.

La ciudad de Corrientes atraviesa uno de los cierres de año más complejos en materia climática. Lo que comenzó como un alivio tras los años de sequía se transformó, en pocas semanas, en una emergencia hídrica de magnitud extraordinaria. Según datos oficiales, el acumulado de lluvia durante el mes de diciembre alcanzó los 770 milímetros, una cifra que triplica y casi cuadruplica el promedio histórico mensual de 170 milímetros.

“Tuvimos lluvias extraordinarias. No recuerdo haber tenido esta cantidad de agua caída”, señaló Pedro José Ruiz, subsecretario de Gestión Integral de Riesgos y Catástrofe de la Municipalidad de Corrientes, calificando el fenómeno como una situación “impensable” que ha desbordado cualquier previsión estándar de drenaje urbano.

El drama de este diciembre no fue solo el volumen total, sino la frecuencia e intensidad de las tormentas. El suelo de la capital correntina llegó a un punto de saturación total. En barrios como La Olla, la humedad en superficie es persistente porque la capacidad de absorción es nula.

El evento crítico ocurrió durante la jornada de Navidad, cuando cayeron 280 milímetros en apenas 12 horas. “Esa cantidad de agua quedó toda en superficie y solo pudo desagotar por escurrimiento hacia los pluviales y las zanjas a cielo abierto”, explicó Ruiz. Al estar el “terreno consolidado”, ya blando por lluvias previas, el flujo del agua generó el fenómeno de “serrucho”, donde la corriente corta transversalmente las calles de tierra, destruyendo la transitabilidad en los barrios periféricos.

Socavamientos y cortes

A medida que el agua baja, las heridas en la infraestructura urbana quedan al descubierto. Actualmente, la Secretaría de Obras Públicas y la de Servicios Públicos mantienen cuadrillas en puntos neurálgicos donde el terreno cedió:

– Avenida Frondizi: uno de los puntos más graves. Un problema en la red de cloacas generó la rotura de un caño principal; la filtración lavó el suelo que servía de base al pavimento, provocando un socavamiento profundo. Si bien Aguas de Corrientes ya intervino, ahora el Municipio debe inspeccionar los pluviales para descartar obstrucciones mayores antes de repavimentar.

– Avenida Maipú: se detectó un hundimiento pasando el barrio Dr. Montaña, lo que exige precaución extrema en el tránsito de una de las arterias más importantes de la ciudad.

– Costanera y Quevedo: allí se desprendió una pared lateral de tierra y encendió las alarmas. Se trabaja en el “rendimiento de material” para contener la barranca y evitar que el desmoronamiento afecte la calzada superior.

En el pico de la tormenta navideña, la ciudad registró 160 evacuados: 140 personas fueron asistidas en la Escuela 275 y 20 en el SIC del barrio San Ignacio. Si bien hoy el reporte oficial indica que “no hay evacuados” y que las familias han regresado a sus hogares, las condiciones de habitabilidad siguen siendo precarias debido a la humedad residual.

En el barrio Ponce, las cuadrillas lograron finalizar las tareas de bombeo pesado, manteniendo únicamente una bomba eléctrica de menor escala mientras se limpia el canal que conecta con la colectora de la Ruta 12. “Creemos que con esta limpieza vamos a descomprimir definitivamente el sector y volver a la normalidad”, afirmó.

El desafío de la reconstrucción

El panorama para los próximos días es de un trabajo intenso de “recomposición”. Con el cese momentáneo de las alertas rojas, el foco está puesto en la maquinaria vial. Sin embargo, las autoridades advierten que el daño en las calles de tierra es tan extenso que llevará varios días recuperar la normalidad.

La ciudad enfrenta una realidad climática que parece haber llegado para quedarse: lluvias cortas pero de una violencia hídrica que obliga a repensar los diámetros de los pluviales y la resistencia de los suelos urbanos. Por ahora, el objetivo es uno solo: limpiar, apuntalar y esperar que el cielo dé un respiro definitivo.

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