Con momentos memorables y otros cuestionables, el chamamé cumplió 10 noches

Ariel Báez, Marco y Marcelo Roselli Majul y una banda de primera, llenaron de música, baile y diversión la última velada chamamecera. Franco Luciani con su armónica trajo el virtuosismo y Diego Gutiérrez demostró que se supera año tras año.   

La 32ª Fiesta Nacional del Chamamé llegó a su fin luego de diez noches en las que brindó algunos momentos memorables y otros no tanto. Hubo risas, emoción, lágrimas, alaridos desenfrenados, enojos y fuertes intercambios de opinión. Ahora es tiempo de autocríticas y uno de los asuntos a mirar tiene que ver con el criterio de diseño de grillas que reclama una urgente revisión con miras a la próxima Fiesta, que será del 12 al 21 de enero del 2024, y que tendrá como lema “Grito de Identidad”. 

El domingo, Los Alonsitos fueron los encargados de colocar el broche de oro a una velada que incluyó música de primera como la de Franco Luciani y Victoria Birchner (de Santa Fe), o la de la histórica chamamecera chaqueña Zuni Aguirre. También se destacó la presencia de Susy de Pompert, el holandés Nino Zannoni con los brasileños de Projeto Pulso Livre, Diego Gutiérrez, la paraguaya Miriam Beatriz que se presentó con el Ballet Nacional de su país y Maru Mambrin con su invitado el Bocha Sheridan. 

El domingo bajó el telón de la 32ª Fiesta Nacional del Chamamé y ahora debería llegar el tiempo de análisis tal y como sucede en todo espectáculo multitudinario que se precie y quiera superarse. El chamamé, que ya es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad tiene la responsabilidad de crecer, de no estancarse, el chamamé debe seguir sumando y para eso las autocríticas a conciencia resultan fundamentales. Poner blanco sobre negro y tomar responsabilidad por los errores propios sin buscar echar culpas a otros, más que una necesidad es una obligación de los organizadores. 

“Hay que agrandar el predio”, fue una de las opiniones que se escucharon el jueves luego de que muchas personas quedaran afuera con entradas en mano porque a las 22.30 el Cocomarola ya había cubierto su capacidad. Pero quizás agrandar el predio no sea necesario y simplemente alcance con que los diseñadores de las grillas modifiquen sus criterios y dejen de poner dos números muy convocantes juntos en una noche mientras dejan otras veladas, sin artistas masivos. O sea, para solucionar el asunto de la sobrepoblación no hacen falta grandes inversiones, sino un poco de lógica y sentido común. 

Así como el tema del predio y las grillas, existen muchas cuestiones que piden ser miradas. Algunas son estéticas, mientras otras tienen que ver, por ejemplo, con el ingreso a escena de artistas que no están a la altura del prestigioso Osvaldo Sosa Cordero, y vale aclarar que en esto no se incluye a los ganadores prefiesta, porque ellos sí se ganaron su espacio, sino más bien se está haciendo referencia a esos números que llegan sin pasar filtro alguno y simplemente restan. Estar en el escenario mayor del chamamé debe ser un premio a la trayectoria y al talento, no una cuestión de cercanía o de falta de una curaduría seria. Devolver el prestigio y ofrecer noches de buen arte es la tarea.  

Última noche 

En un Anfiteatro Cocomarola repleto (tal y como sucedió las últimas cuatro noches) la Fiesta Nacional del Chamamé se despidió, no sin antes ofrecer una velada artísticamente entretenida y también virtuosa.  

Los Alonsitos fueron el número central y cumplieron con la tarea de colocar el broche de oro. Poco hay para decir de su show que ya no se haya dicho, porque Ariel, Marcelo y Marco saben de espectáculos y conocen a la perfección a su público, por eso la presentación que hicieron el domingo fue ovacionada tal y como sucede cada vez que se suben a un escenario. “Ahora todos de pie, ahora bailen, sapucay” fueron algunas de las sugerencias emitidas por los artistas desde el escenario y respetadas a rajatabla por el auditorio que disfrutó, cantó y bailó hasta el último minuto.   

Franco Luciani junto a su pareja Victoria Birchner llegaron de Santa Fe para traer música de primera al escenario chamamecero más importante del mundo. 

Por si la calidad musical de Luciani y las excelentes interpretaciones de Birchner no fueran suficientes, el espectáculo contó también con la presencia del eximio guitarrista Rudy Flores. Zuni Aguirre estuvo en la partida de los que prestigiaron el escenario durante la última noche de chamamé. Su presentación fue para el disfrute total y lo mismo pasó con la paraguaya Miriam Beatriz que todos los años figura entre los números esperados de las lunas musiqueras de enero. La inconfundible y cálida voz de Susy de Pompert dio a la primera mitad de la velada uno de los momentos más placenteros y enamoró al auditorio. Más tarde Diego Gutiérrez propuso un show excelente y demostró que sus 11 años de trayectoria le dan el aval para estar entre los favoritos del Osvaldo Sosa Cordero. La diversión bailantera inundó el Cocomarola ya entrada la noche con Los Sena. 

Vale señalar que todas las noches chamameceras duraron entre nueve y diez horas, tiempo durante el cual desfilaban más de 25 conjuntos y solistas.