(Por Coco Ramón) – El equipo de Arruabarrena venció 3 a 1 a Vasco da Gama y revirtió la derrota de la Bombonera. Di Lollo y Merentiel adelantaron al conjunto argentino, pero la clasificación llegó sobre el cierre, cuando los penales parecían inevitables.
La pelota salió del pie de Leandro Paredes y cambió el destino de la noche. Faltaban apenas dos minutos para completar los noventa, la semifinal estaba empatada en el resultado global y Boca encontraba cada vez menos espacios para escapar de los penales. Entonces apareció el campeón del mundo. Su remate desde afuera del área venció la resistencia de Léo Jardim y convirtió el Maracaná en escenario de una clasificación que tuvo fútbol, sufrimiento y un desenlace electrizante. Fue 3 a 1 ante Vasco da Gama y pasaje a la final de la Copa Sudamericana.
Boca había llegado a Río de Janeiro obligado a corregir el 0 a 1 de la Bombonera. Y salió a jugar con esa urgencia bien entendida. A los cuatro minutos, Lautaro Blanco ejecutó un córner desde la izquierda y Lautaro Di Lollo ganó de arriba para poner el primer golpe. La ventaja brasileña desapareció casi antes de que el encuentro terminara de acomodarse.
Ese arranque le permitió al conjunto de Rodolfo Arruabarrena disputar el partido que necesitaba. Vasco quedó expuesto entre la obligación de responder ante su gente y el temor a conceder espacios. Boca encontró allí una oportunidad para lastimar y volvió a aprovecharla antes del descanso. Sebastián Villa habilitó a Miguel Merentiel y el uruguayo resolvió frente al arquero con la serenidad que exigía una jugada decisiva. El 2 a 0 daba vuelta la serie.
Había contundencia y también una lectura acertada de los momentos. Cada avance argentino amenazaba con profundizar el desconcierto del local. La diferencia, sin embargo, todavía exigía un segundo tiempo de concentración.
Vasco reaccionó después del descanso. Los cambios de Pedro Emanuel renovaron su ataque y empujaron a Boca hacia una tarea más defensiva. A los 66 minutos, José Luis Rodríguez encontró una pelota en el área y sacó el remate que puso el 1 a 2. La semifinal volvía a quedar igualada y el estadio recuperaba la voz.
El equipo argentino había perdido parte del control que mostró en la primera etapa. Ahora debía resistir el impulso brasileño sin resignarse a esperar. El margen se había reducido al mínimo y cualquier equivocación podía deshacer todo lo construido.
Paredes, que había comenzado entre los suplentes después de recuperarse de una lesión muscular, ya estaba en la cancha. Arruabarrena lo mandó a jugar a los 57 minutos, en reemplazo de Rodrigo Battaglia. Su ingreso terminaría siendo determinante en una noche que necesitaba una decisión distinta cerca del área rival.
La tomó a los 88. Recibió por la izquierda, se desplazó hacia el medio y probó desde lejos. El disparo sorprendió a Jardim, cuya respuesta defectuosa terminó de abrirle camino al gol. Boca recuperó la diferencia que necesitaba y cerró la eliminatoria con un global de 3 a 2.
La final será el 21 de noviembre en Barranquilla. Allí buscará su tercera Sudamericana, después de las conquistas de 2004 y 2005. Pero la imagen que se lleva de Río ya tiene un lugar propio. Cuando la noche amenazaba con prolongarse hasta los penales, Paredes encontró el arco. Y Boca volvió a sentirse capaz de todo.