Un árbitro amonestó a los capitanes por los insultos de los padres

La medida busca contener la violencia verbal que baja desde las tribunas. El árbitro reconoció que se trata de una sanción discutible, pero aseguró que le permitió evitar incidentes mayores.

Agustín Celiz dirigió el partido entre Defensores y La Amistad, correspondiente al fútbol infantil de la Liga AFO, en el oeste del Gran Buenos Aires, cuando decidió amonestar a los dos capitanes por los insultos que provenían de los padres ubicados en la tribuna. La medida fue aplicada esta semana para hacer cumplir una norma del reglamento interno de la competencia y frenar la violencia verbal de los adultos, con el objetivo de que los chicos pudieran continuar el encuentro tranquilos.

Celiz admitió que considera que sancionar a los capitanes por una conducta que no habían cometido dentro de la cancha “no es lo más justo”, pero sostuvo que el recurso le permite controlar situaciones que pueden escalar y terminar afectando directamente a los jugadores. Según explicó, desde que comenzó a utilizar esta alternativa pudo finalizar sus partidos sin incidentes mayores.

El árbitro dirige habitualmente seis encuentros de 20 minutos por tiempo y otros dos de 15 minutos por tiempo en las categorías más pequeñas. En ese contexto, señaló que la presión sobre los chicos no llega únicamente desde las tribunas: también puede provenir de padres, entrenadores y, en algunas ocasiones, de los propios árbitros.

Las consecuencias aparecen directamente en el juego. La presión puede generar frustración, pérdida de concentración y un menor rendimiento, además de favorecer el juego brusco y los insultos entre los propios chicos. “Me da pena ver al nene que se frustra porque ya no empieza a jugar de la misma manera”, expresó Celiz al referirse al impacto que tienen estas situaciones.

Por eso, antes de cada partido, el árbitro les pide a los jugadores que ignoren lo que sucede afuera de la cancha y que escuchen únicamente al entrenador y al árbitro. La intención es evitar que los gritos y las discusiones de los adultos terminen trasladándose al campo de juego.

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