La iniciativa fue ideada por José Daniel Fernández, estudiante de 49 años de la Licenciatura en Diseño Industrial de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU-Unne), quien además se desempeña como profesor y árbitro nacional de tenis.
Un proyecto de innovación desarrollado en las aulas de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) logró convertirse en una alternativa viable para la construcción sustentable. Se trata de un ladrillo ecológico fabricado íntegramente a partir del reciclaje de maples de cartón de huevos, que ya cuenta con validación técnica y registro de propiedad industrial ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI).
La iniciativa fue ideada por José Daniel Fernández, estudiante de 49 años de la Licenciatura en Diseño Industrial de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU-Unne), quien además se desempeña como profesor y árbitro nacional de tenis.
Lo que comenzó como un trabajo práctico para una materia universitaria se transformó en una investigación formal que demandó más de un año de ensayos, pruebas mecánicas y ajustes de fabricación en los laboratorios de la Facultad de Ingeniería. Los resultados permitieron validar técnicamente el material y abrir la posibilidad de su futura inserción en el mercado de la construcción de bajo impacto ambiental.
Pruebas de laboratorio y desempeño técnico
Con el objetivo de determinar sus prestaciones reales, el prototipo fue sometido a distintos ensayos bajo normas nacionales e internacionales.
Las pruebas de resistencia a la compresión, realizadas bajo estándares IRAM, demostraron que el ladrillo posee la dureza y densidad necesarias para su utilización en cerramientos interiores, divisiones internas y soluciones habitacionales que no requieran soportar cargas estructurales de gran magnitud.
En materia de conductividad térmica, los análisis revelaron una destacada capacidad aislante. Según los resultados obtenidos, el material supera los niveles de retención térmica que ofrecen productos tradicionales como el ladrillo cerámico hueco y los bloques convencionales de cemento.
A su vez, los ensayos de aislación acústica, efectuados conforme a estándares ASTM, concluyeron que el desempeño del ladrillo es comparable al del poliestireno expandido, conocido popularmente como telgopor, lo que lo posiciona como una alternativa ecológica frente a materiales derivados del petróleo.
Un aglutinante a base de mandioca
Uno de los aspectos más innovadores del desarrollo es su composición. Además de reutilizar residuos de cartón, el proceso prescinde completamente del cemento tradicional.
Para unir las fibras de celulosa recicladas, Fernández diseñó un aglutinante orgánico elaborado con dextrina —un derivado del almidón de mandioca—, bicarbonato de sodio, vinagre blanco y agua.
La mezcla permite realizar un proceso de compactación y fraguado en frío, evitando la utilización de hornos y reduciendo significativamente el consumo energético durante la fabricación.
De esta manera, el método disminuye la huella de carbono asociada a la producción de materiales de mampostería convencionales y elimina las emisiones derivadas de los procesos de cocción.
Próximo paso: llegar al mercado
Tras obtener la certificación técnica y el registro de propiedad industrial, el proyecto ingresa ahora en una nueva etapa orientada a la transferencia tecnológica.
El objetivo es presentar los resultados y especificaciones técnicas ante organismos públicos, institutos provinciales de vivienda, municipios y desarrolladores inmobiliarios interesados en incorporar materiales sustentables a sus proyectos.
Desde la universidad destacan que la iniciativa combina innovación, economía circular y aprovechamiento de recursos regionales, transformando un residuo de descarte en un producto con potencial para contribuir a una construcción más eficiente y amigable con el ambiente.