El riesgo país llegó a su valor más alto en el año y los inversores siguen con inquietud el escenario electoral y la deuda de 2027

El indicador que elabora el JP Morgan subió más de 4% en el día y llegó a 676 puntos básicos. Si bien existen componentes internacionales, los analistas aseguran que las variables locales ocupan un lugar de preocupación creciente.

El riesgo país tocó su valor más alto en lo que va del año: subió 4,3% en el día y llegó a 676 puntos básicos, en medio de una combinación de factores internacionales y locales que volvió a encender las alertas de los inversores.

A las tensiones externas se suman las dudas sobre la capacidad del Gobierno para afrontar los vencimientos de deuda en dólares del próximo año, la incertidumbre política y las señales sobre la recuperación de la actividad económica.

El indicador que elabora JP Morgan marca la confianza de los inversores y la sobretasa que debe pagar un país para emitir deuda sobre los bonos del Tesoro estadounidense. Cuanto más alto es el indicador, mayor es el costo potencial de financiamiento para el país.

En el frente internacional, la aceleración de la inflación de septiembre en Estados Unidos reavivó las dudas sobre lo que pueda suceder con las tasas de interés de la Reserva Federal (Fed). Si las tasas estadounidenses se mantienen elevadas, los activos de los países emergentes pueden perder atractivo frente a alternativas consideradas más seguras.

Los factores locales que preocupan al mercado

Sin embargo, las preocupaciones locales ganaron peso en las últimas ruedas. La discusión electoral, la acumulación de reservas y, sobre todo, la estrategia para conseguir los dólares necesarios para pagar la deuda aparecen entre las principales variables que sigue el mercado.

“Creemos que la volatilidad internacional castigó con fuerza a nuestro mercado y adelantó, antes de tiempo, la discusión electoral”, señalaron en GMA Capital. La consultora remarcó que la acumulación de reservas, el superávit fiscal y la desinflación siguen siendo factores centrales, aunque las novedades en el Congreso, el armado de la oposición, los indicadores de confianza y las encuestas empiezan a ocupar un lugar creciente en las decisiones de inversión.

En la misma línea, el economista Gustavo Ber, sumó: “El escenario político todavía no ofrece definiciones sobre las estrategias electorales, mientras disminuyen las probabilidades implícitas de reelección del Gobierno, reflejadas en la valuación de los instrumentos financieros. La atención se concentra en la oposición, especialmente en la capacidad del peronismo para conformar una fórmula que unifique al espacio y evite su fragmentación. Ocurre que un escenario de muchas fórmulas podría favorecer las chances al oficialismo, sobre todo si se no se realizaran las PASO. En este contexto, resulta cada vez más probable que los gobernadores terminen actuando como importantes árbitros del mapa electoral”.

El riesgo país tocó su nivel más alto en el año: los factores locales que preocupan al mercado.  (Foto: REUTERS/Brendan McDermid/File Photo).

Entre los analistas del mercado también mencionan como punto troncal el pago de los vencimientos de la deuda en dólares para 2027. Es decir, que aunque el Gobierno mantiene el superávit fiscal y consiguió renovar sus obligaciones de deuda en pesos con margen, los inversores todavía esperan señales más concretas sobre el origen de los dólares para afrontar los pagos externos.

Para graficar la mirada de los inversores, en Cohen se remitieron al resultado de la última licitación de deuda. “El Tesoro obtuvo un rollover del 136% en pesos y cerca del 59% se colocó en títulos que vencen en 2028 y 2029, ya en la próxima administración. En la misma operación, Finanzas dejó afuera el Bonar 2029 en dólares, pensado para cubrir parte del pago a los tenedores de Globales del 9 de enero, porque su tasa implícita rondaba el 12%. Los inversores prestan pesos más allá de 2027, pero cobran caro por los dólares. Esa asimetría es el corazón del problema: el superávit genera pesos, y la deuda que preocupa se paga en dólares”, indicaron.

En paralelo, el Banco Central intensificó las compras de divisas. El martes pasado adquirió US$291 millones, el mayor monto desde fines de julio, y acumuló más de US$900 millones en octubre. Las reservas brutas, además, superaron los US$50.000 millones.

La mejora en las compras de dólares constituye una señal favorable para la estrategia oficial. Sin embargo, el mercado también evalúa cuánto de esa oferta responde a factores estacionales y cuánto puede sostenerse en el tiempo. Por eso, la acumulación de reservas no despeja por completo las dudas sobre el pago de los compromisos de 2027.

En este escenario, la reunión de la Reserva Federal del 27 y 28 de octubre será clave para evaluar el rumbo de las tasas internacionales. En la Argentina, el ritmo de compras del Banco Central permitirán medir la demanda por deuda a plazos más largos y la capacidad de acumular divisas. Además, será crucial el dato del Estimador mensual de la Actividad Económica (EMAE) correspondiente a agosto, que será difundido por el INDEC el próximo miércoles. Tal como explicó , la caída del PBI en el segundo trimestre, junto con el mal dato de actividad en julio hacen prever una recesión técnica (dos datos trimestrales negativos).

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