Con niveles superiores a la media nacional, el NEA y el NOA concentran los mayores índices de empleo no registrado. La nueva presión sobre los alimentos amenaza con agravar la pérdida de poder adquisitivo de quienes trabajan sin estabilidad ni cobertura social.
La informalidad laboral constituye uno de los principales problemas estructurales del mercado de trabajo argentino y tiene una incidencia especialmente elevada en el Nordeste (NEA) y el Noroeste (NOA). En un contexto en el que la inflación volvería a ubicarse cerca del 2% mensual, la situación de los trabajadores sin registrar expone una mayor vulnerabilidad frente al encarecimiento del costo de vida.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dará a conocer este martes 13 de octubre el índice de inflación de septiembre. Las estimaciones privadas anticipan un freno en la desaceleración de los precios, impulsado principalmente por los alimentos, después de que agosto registrara el menor aumento mensual en 14 meses.
La combinación de ingresos inestables, falta de protección laboral y subas en los productos básicos representa un desafío particular para las economías regionales, donde la informalidad supera los niveles promedio del país y afecta a una parte importante de los trabajadores independientes.
Un informe elaborado por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) expone las profundas diferencias territoriales en la registración laboral. Mientras el promedio nacional de informalidad se ubica en el 45%, las regiones del NEA y el NOA presentan tasas que, según los aglomerados relevados, oscilan entre el 43,9% y el 56,2%.
Estos valores reflejan la incidencia de estructuras productivas con una fuerte presencia de actividades de baja productividad, empleos de pequeña escala y ocupaciones independientes que no siempre cuentan con aportes previsionales, cobertura de salud vinculada al trabajo ni otros derechos laborales.
El peso del trabajo por cuenta propia
Uno de los datos más preocupantes aparece entre los trabajadores cuentapropistas. En distintos aglomerados del norte argentino, la informalidad supera el 80% de ese segmento, una situación que deja a miles de personas expuestas a ingresos variables y sin las garantías propias del empleo registrado.
Formosa encabeza el ranking mencionado en el informe, con un 87,9% de informalidad entre los trabajadores independientes. Le siguen el Gran Tucumán-Tafí Viejo, con el 87,6%, y Santiago del Estero-La Banda, con el 87,5%.
Los indicadores muestran que el problema no se limita a la falta de empleo, sino que también comprende la calidad de las ocupaciones disponibles. Tener una actividad laboral no garantiza necesariamente ingresos suficientes, continuidad de trabajo ni acceso a la seguridad social.
En el NEA, donde conviven actividades comerciales, servicios, pequeñas unidades productivas y trabajos vinculados con economías regionales, la falta de registración puede profundizar las dificultades para sostener los gastos cotidianos. La situación se vuelve más compleja cuando los ingresos no acompañan la evolución de los precios.
A diferencia de los asalariados registrados, que cuentan con mecanismos institucionales de negociación y protección, muchos trabajadores informales dependen de ingresos diarios o semanales. Esa condición limita su capacidad para absorber aumentos en alimentos, transporte, alquileres y servicios básicos.
La inflación vuelve a presionar
La evolución de los precios agrega incertidumbre a este escenario. La desaceleración que se había observado desde abril tuvo una interrupción en julio, cuando la inflación alcanzó el 2,1%, y volvió a mostrar una moderación en agosto. Para septiembre, las consultoras privadas anticiparon una nueva aceleración.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), elaborado por el Banco Central a partir de estimaciones privadas, proyectó una inflación mensual del 1,9% para septiembre y una variación interanual del 30,3% para diciembre de 2026.
Las previsiones se conocerán con mayor precisión cuando el INDEC publique el dato oficial. La atención estará puesta en determinar si los precios vuelven a aumentar a un ritmo cercano al 2% mensual o si se mantiene la tendencia que busca consolidar el Gobierno.
El secretario de Finanzas, Federico Furiase, sostuvo que la inflación ya perforó ese nivel y se encuentra en un rango de entre el 1,5% y el 2%. También planteó que, si se mantiene el orden fiscal y monetario, el indicador podría descender a una franja de entre el 1% y el 1,5% mensual durante los próximos meses o en 2027.
Sin embargo, para los trabajadores informales, la evolución del índice general no es el único factor determinante. La capacidad de compra depende de cuánto aumentan los productos y servicios que consumen, de la frecuencia con que perciben ingresos y de las posibilidades de mejorar sus remuneraciones.
Los alimentos tienen un peso central en ese cálculo, especialmente en los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción mayor de sus recursos a cubrir necesidades básicas. Cuando esos precios suben, el margen disponible para afrontar otros compromisos se reduce.
A esto se suman los gastos de electricidad, gas, telefonía, internet, impuestos y tasas municipales, que también condicionan el presupuesto familiar. Para quienes no tienen un salario fijo ni una actualización periódica de sus ingresos, esos costos pueden convertirse en una presión difícil de compensar.
Las diferencias entre las regiones
La situación del norte contrasta con la de otras zonas del país. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la informalidad laboral total se ubica en torno al 26%, de acuerdo con los datos presentados en el informe. En el conurbano bonaerense, en cambio, asciende al 47,5%.
Cuyo registra niveles intermedios y elevados en algunos segmentos, con una incidencia importante del empleo estacional. En el Gran San Juan, por ejemplo, la informalidad entre los cuentapropistas alcanza el 83%.
La Patagonia muestra los indicadores más favorables de registración, con tasas de informalidad total que van del 18% al 33,5%, según la localidad. En Neuquén, el indicador se sitúa en el 26,4%, en un contexto productivo marcado por la actividad hidrocarburífera, la minería y la energía.
Las diferencias reflejan el peso que tienen la estructura productiva, el tamaño de las empresas y la capacidad de generar empleos registrados. En las regiones con mayor presencia de actividades de baja productividad y unidades económicas pequeñas, las posibilidades de formalización suelen ser más limitadas.
Para el NEA y el NOA, el desafío consiste en ampliar las oportunidades de empleo de calidad y reducir la distancia entre tener una ocupación y contar con derechos laborales. La persistencia de altos niveles de informalidad no solo afecta los ingresos y la protección de los trabajadores, sino que también limita los aportes previsionales y la recaudación asociada al empleo registrado.
Con el dato de inflación de septiembre próximo a conocerse, la evolución del costo de vida vuelve a poner en primer plano una desigualdad que va más allá de los precios: la capacidad de cada trabajador para defender sus ingresos. En las regiones con mayor informalidad, una nueva aceleración inflacionaria puede sentirse con más fuerza entre quienes tienen menos herramientas para negociar sus remuneraciones y sostener el poder adquisitivo.