Las importaciones irrestrictas preocupan al empresariado local

Ricardo Zorzón, presidente de la Federación Argentina de Supermercados y Autoservicios (FASA), respaldó el rumbo macroeconómico nacional, pero cuestionó la flexibilización comercial por considerar que pone en riesgo la producción nacional, las empresas y el empleo.

El presidente de la Federación Argentina de Supermercados y Autoservicios (FASA), Ricardo Zorzón, manifestó su preocupación por la política de apertura de importaciones impulsada por el Gobierno nacional y consideró que la medida podría tener consecuencias negativas para la industria argentina, el empleo y el entramado productivo del país.

Lo señaló en un reciente contacto con diario época y esas declaraciones del empresario chaqueño se producen en un contexto de desaceleración de la inflación y de búsqueda de reactivación económica. Sin embargo, según había señalado en una entrevista anterior con este medio, la recuperación todavía no se refleja en el consumo de los supermercados, uno de los principales termómetros de la actividad económica cotidiana.

Al analizar la gestión económica de la administración nacional, Zorzón optó por realizar una diferenciación entre los objetivos generales del programa económico y algunas de las herramientas elegidas para alcanzarlos. “El rumbo económico, a nivel macro, me parece correcto”, sostuvo, en referencia a las políticas orientadas al equilibrio fiscal, la reducción de la inflación y la estabilización de las variables económicas.

No obstante, aclaró que existen aspectos específicos que generan inquietud en el sector empresario. Entre ellos, ubicó en primer lugar la flexibilización de las importaciones. “La apertura irrestricta de las importaciones genera una gran preocupación”, afirmó. Para fundamentar su posición, el dirigente recordó antecedentes históricos que, a su juicio, dejaron consecuencias negativas para la economía argentina.

“Esto sucedió con Martínez de Hoz en los años 70 y también durante la década de los 90. Hubo una invasión de productos extranjeros y los resultados ya los conocemos”, expresó.

“CUANDO DESAPARECEN EMPRESAS PERDEMOS TODOS”, DIJO EL EMPRESARIO CHAQUEÑO.

Según Zorzón, la experiencia demuestra que una apertura comercial sin mecanismos de protección puede terminar afectando seriamente a la producción local, especialmente en un país donde muchas industrias deben afrontar costos más elevados que sus competidores internacionales.

En ese sentido, consideró que la discusión no pasa por cerrar la economía sino por encontrar herramientas que permitan competir en condiciones más equilibradas.

A su entender, las principales potencias económicas del mundo mantienen esquemas de defensa de sus sectores productivos y estratégicos, aun cuando promueven el comercio internacional.

“Estados Unidos no permite que cualquiera llegue y venda lo que quiera. Los países protegen sus industrias y sus empresas”, remarcó.

“No entiendo cuál es el sentido”

El presidente de FASA reveló además que trasladó estas inquietudes directamente a funcionarios nacionales durante distintos encuentros mantenidos con representantes del Gobierno.

Según relató, planteó sus dudas acerca de la conveniencia de profundizar una política que, desde su punto de vista, ya tuvo antecedentes poco favorables en la historia económica argentina.

“Pregunté a funcionarios de primer y segundo nivel por qué hicieron esto con las importaciones. Si hubo un fracaso en los años 70 y otro en los 90, ¿por qué insistimos con lo mismo?”, comentó.

Sin embargo, aseguró que hasta el momento no recibió argumentos que lo hayan convencido.

“Hasta ahora no tuve respuesta. No entiendo cuál es el sentido de esta medida porque realmente perjudica a todos”, agregó.

Las declaraciones reflejan una preocupación que comparten distintos sectores vinculados a la producción nacional, donde existe temor por el ingreso de mercadería importada a precios más bajos que los productos elaborados localmente.

El riesgo para las empresas y el trabajo

Para Zorzón, el análisis sobre las importaciones no puede limitarse únicamente al precio final que encuentra el consumidor en las góndolas o en los comercios.

Si bien reconoció que la competencia externa puede generar una reducción de precios en determinados productos, advirtió que también puede tener efectos indirectos sobre el empleo y la actividad económica.

“La gente puede comprar un par de zapatillas más barato o un electrodoméstico más económico, pero si se queda sin trabajo termina siendo perjudicada igual”, sostuvo.

Desde su perspectiva, una eventual ola de cierres de empresas o reducción de la producción local tendría consecuencias mucho más profundas que los beneficios inmediatos derivados de una baja de precios.

El dirigente consideró que detrás de cada fábrica, pyme o emprendimiento existen puestos de trabajo, inversiones y cadenas de valor que sostienen buena parte de la actividad económica de las provincias.

Por ese motivo, insistió en que las políticas públicas deberían contemplar mecanismos que permitan fortalecer la competitividad sin poner en riesgo la supervivencia de las empresas nacionales.

Buscar un equilibrio

Más allá de sus críticas a la apertura comercial, Zorzón evitó plantear una postura de rechazo absoluto al comercio exterior y destacó la necesidad de encontrar un punto de equilibrio entre competitividad y protección de la producción local.

En ese marco, consideró que el desafío consiste en generar condiciones para que las empresas argentinas puedan desarrollarse, invertir y competir, sin quedar expuestas a una competencia desigual frente a productos provenientes de economías con mayores niveles de productividad o con fuertes subsidios estatales.

“Cuando desaparecen empresas, perdemos todos. Creo que eso se podría corregir”, concluyó.

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