Miles de fanáticos se reunieron espontáneamente en el corazón político del país para homenajear al histórico líder de Los Redondos. Hubo canciones, banderas, tatuajes, emoción y una multitud unida por el legado de uno de los artistas más influyentes del rock argentino.
La muerte de Carlos “Indio” Solari transformó este viernes a la Plaza de Mayo en un enorme escenario de despedida popular. Sin convocatoria oficial, sin discursos y sin pantallas, miles de seguidores se acercaron al histórico espacio porteño para rendir homenaje al cantante que marcó a varias generaciones con su música y su poesía.
Desde temprano comenzaron a llegar fanáticos de todas las edades. Jóvenes que conocieron las canciones a través de sus padres, jubilados que siguieron la trayectoria de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota desde sus inicios, familias enteras, trabajadores, estudiantes y músicos compartieron una misma emoción: despedir al artista que durante décadas fue la voz de una parte importante de la cultura popular argentina.
La escena mezcló tristeza y celebración. Hubo abrazos, lágrimas, banderas, tatuajes, remeras alusivas y hasta improvisados pogos al ritmo de clásicos como “Jijiji”, “La bestia pop”, “Un ángel para tu soledad” y “Todo preso es político”. En distintos puntos de la plaza, los presentes entonaban las canciones del Indio mientras los parlantes reproducían los temas que marcaron la historia de Los Redondos y de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
Entre los asistentes estuvieron Byron y Augusto, dos adolescentes de 15 años que viajaron desde el conurbano bonaerense para participar de la despedida. Ambos coincidieron en que las letras del Indio ocupan un lugar especial en sus vidas. “Escucho mucha música actual, pero no hay nadie como él”, resumió uno de ellos.

La convocatoria también reunió a seguidores históricos. Susana, arquitecta y fanática desde su juventud, bailó junto a sus amigas frente a la Pirámide de Mayo mientras sonaba “Mi perro dinamita”. “Primero me los mostró mi hermano, después yo se los transmití a mis hijos y ahora a mis nietos”, contó emocionada.
Uno de los testimonios más conmovedores fue el de Facundo, un trabajador portuario que llegó desde Florencio Varela con una remera dedicada a su madre fallecida, inspirada en una frase de Solari. Entre lágrimas, aseguró que las canciones del músico acompañaron los momentos más importantes de su vida.
La misma emoción atravesó a Claudio, repartidor y seguidor de Los Redondos desde hace décadas. Tras participar del pogo de “Jijiji”, expresó el sentimiento compartido por muchos de los presentes: “Conocí mi país siguiendo al Indio y a Los Redondos. Hoy se murió el poeta de mi vida”.
A medida que avanzaba la tarde, la Plaza de Mayo continuó recibiendo a cientos de personas que llegaban desde distintos puntos de la ciudad y el conurbano. Sin una ceremonia formal ni autoridades encabezando el homenaje, la despedida tomó la forma que mejor representó el espíritu de Solari: una multitud reunida alrededor de sus canciones.
Mientras continúa la expectativa por la organización de un velatorio público, la Plaza de Mayo se convirtió en el primer gran escenario del adiós popular al músico. Allí, entre el dolor y la celebración de su legado, miles de voces coincidieron en una misma consigna: seguir cantando sus canciones para mantener viva su obra.
