En el marco del Día del Maestro, la docente Daniela Insaurralde de 5º grado de la Escuela Nº1 “Manuel Belgrano” reflexionó sobre la vocación, la deuda histórica de la sociedad con la profesión, el uso responsable de la tecnología y los grandes desafíos de la educación actual.
Cada 11 de septiembre, Argentina celebra el Día del Maestro en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, el “padre del aula”, conmemorando el aniversario de su fallecimiento en 1888. Más allá de la efeméride y los actos protocolares, la fecha invita a reflexionar sobre el impacto cotidiano de quienes sostienen la educación en las aulas.
En un diálogo con el programa “Punto de Referencia”, Daniela Insaurralde, docente de 5º grado de la Escuela Nº1 “Manuel Belgrano”, compartió cómo vive este día tras una semana intensa marcada por el cierre del proyecto escolar “Peque Emprendedores”, que incluyó un viaje de estudio al Circuito Yerbatero junto a sus estudiantes.
Una vocación nacida en la infancia
Para Daniela, el amor por la enseñanza no surgió de un mandato formal, sino de una inclinación natural desde sus primeros años. “De chiquita siempre jugaba a ser docente, le enseñaba a mis peluches, a mis muñecas”, recordó sobre sus comienzos. Esa pasión infantil maduró con los años al dar clases particulares de Inglés a sus amigas y vecinos, consolidando un camino profesional que sostiene con igual entusiasmo: “Sigo con mucha pasión desde que comencé. Me sigue emocionando ser docente, siempre”.
Al definir el corazón de su profesión, la docente destacó que la tarea va mucho más allá de impartir contenidos curriculares: “Es guiar a los chicos a descubrir quiénes son, cuáles son sus talentos. Obviamente también mostrarles de dónde venimos, cuál es la historia, porque es necesaria conocerla para saber hacia dónde vamos, y darles las herramientas para la vida futura”.
Deuda de la sociedad con el rol docente
Consultada sobre si la comunidad valora adecuadamente el esfuerzo del magisterio, Insaurralde fue contundente al remarcar las múltiples facetas que deben asumir los maestros dentro y fuera del aula.
“Creo que esa es una deuda de la sociedad. No se dimensiona lo que es la función y el rol docente”, sostuvo. Como muestra de esa complejidad, relató la reciente experiencia en su viaje de estudios con 80 niños de 10 años al cuidado de docentes: “Ahí fuimos docentes, estuvimos atendiendo a la salud también con todos los cuidados, mediando porque se presentan conflictos entre ellos. Somos de todo”.
Tecnología: “En su debida medida”
En tiempos de hiperconectividad y debates sobre la restricción de teléfonos celulares en los establecimientos educativos, Daniela propone un enfoque equilibrado que integre las herramientas digitales sin perder de vista el valor de la lectura y la comprensión. “No podemos dejar de lado la tecnología, si no nos pasa por arriba. Hay que saber utilizarla nada más, todo en su debida medida”, afirmó.
Actualmente, para la maratón de lectura, trabaja con sus alumnos el clásico “Charlie y la fábrica de chocolate”, utilizando una estrategia mixta para garantizar el acceso de todos: “Cuesta mucho captar el interés de los chicos y en eso facilitan mucho las herramientas digitales. Algunos lo tienen digital, otros tienen el formato físico y también proyectamos el libro porque no todos tienen acceso; usamos todo para la inclusión. Les gusta porque, aunque hayan visto la película, leer les permite imaginar más”.
Innovación y desafíos a futuro
Reconocida en su momento a nivel nacional en la categoría de “Docentes que inspiran”, Insaurralde asume las distinciones con humildad y compromiso de perfeccionamiento continuo. “Fue un puntapié para seguir en el camino, pero investigando y viendo cómo mejorar. Los chicos quieren venir a mi salón, así que tengo que estar siempre preparada para recibir a los diferentes grupos que van a tener otras expectativas y formas de vivir la educación”, explicó.
Finalmente, al proyectar el futuro del rol educador, la maestra resumió los tres pilares que considera fundamentales para los años venideros: “Uno de los desafíos es la inclusión, que es fundamental; la educación emocional más aún en estos tiempos; y la contención. Además, el control de las herramientas digitales para que los chicos, que ya son nativos digitales, puedan habitarlas con seguridad y con el debido acompañamiento de los adultos”.