La Policía de París se enfrenta con los manifestantes y ya hay 135 detenidos.

Miles de personas protestan este sábado a llamado del movimiento de los chalecos amarillos, sindicatos y estudiantes.

Miles de personas se movilizaron este sábado en distintas ciudades de Francia en respuesta a la convocatoria de los chalecos amarillos y agrupaciones estudiantiles, en un clima de máxima tensión tras los incidentes registrados hace una semana.

El gobierno de Emmanuel Macron, que dejará el poder en mayo, intentó evitar nuevos episodios de caos con un masivo despliegue policial y la prohibición de varias manifestaciones.

En Lyon, la tensión se hizo sentir desde temprano: las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos para dispersar a un grupo de unas 150 personas que intentaban bloquear el tránsito en una zona donde las autoridades habían prohibido concentraciones.

Según el ministro del Interior, Laurent Nuñez, hasta la tarde no se habían registrado incidentes graves, aunque hubo 135 detenidos y se incautaron objetos como bolas de metal, fuegos artificiales y hasta una katana.

París blindado y recorridos cambiados a último momento

El operativo de seguridad incluyó 70.000 agentes, unidades de élite, soldados de la misión Sentinelle, blindados, helicópteros y patrullas en puntos clave.

Las autoridades atribuyeron los disturbios a “grupúsculos de ultraizquierda” —antifascistas, anarquistas y anarco-autónomos— y a “delincuentes oportunistas”, en su mayoría jóvenes de los suburbios, que aprovecharon para saquear comercios.

Para retomar el control, el gobierno decretó toques de queda nocturnos en barrios de grandes ciudades y prohibió manifestaciones, salvo las solicitadas por actores “legítimos” como los sindicatos.

En París, Marsella y Lyon se autorizaron marchas contra el aumento del costo de vida y en apoyo a los estudiantes que reclaman mejores condiciones en los liceos.

Sin embargo, en la capital, el recorrido de la marcha fue modificado a último momento: en vez de salir de la simbólica plaza de la Bastilla, los manifestantes debieron reunirse en una zona más alejada, cerca de la autopista periférica.

Reclamos por derechos y denuncias de autoritarismo

Bajo un cielo gris y frío otoñal, miles —en su mayoría jóvenes— marcharon en París con pancartas que decían “Macron, al rincón” y “No esperábamos nada y aun así estamos decepcionados”, mientras se escuchaban cánticos como “Macron renuncia” y “Todo el mundo odia la policía”.

El comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Michael O’Flaherty, pidió a los países europeos afectados por protestas —incluyendo Francia, España, Italia y Albania— que respeten el derecho a manifestarse y prioricen la “desescalada” en los operativos policiales.

Comercios cerrados, museos clausurados y nuevas marchas en el horizonte

Tras las protestas de la semana pasada, que reunieron entre 550.000 y 800.000 personas, y las de este sábado, el movimiento de los chalecos amarillos —que ya había sacudido el primer mandato de Macron en 2018 y 2019— anunció una nueva movilización para dentro de siete días, en rechazo a lo que consideran una “deriva autoritaria”.

El temor a nuevos disturbios llevó a que blindados de la Gendarmería custodiaran el Palacio del Elíseo y la Asamblea Nacional.

Muchos comerciantes protegieron sus locales con tablones, algunos decidieron no abrir y otros se prepararon para defender sus negocios ante posibles saqueos. El sábado anterior, casi 3000 comercios resultaron afectados en todo el país.

Además, museos emblemáticos como el Louvre, Orsay, Picasso y la Ópera de París cerraron de manera excepcional.

En medio de la crisis, el gobierno recibió una señal positiva: la agencia Moody’s mantuvo la calificación de la deuda soberana francesa, confiando en que el país logrará aprobar su presupuesto de ajuste fiscal para 2027 y que las tensiones sociales se calmarán en los próximos meses.

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