Una mujer desapareció sin dejar rastros y casi 30 años después encontraron sus restos en el garaje de un jardinero

El caso de Birgit Meier se caracterizó por los errores policiales y las pistas que durante años no fueron tenidas en cuenta. El hermano de la víctima fue quien retomó la investigación y destapó una serie de crímenes.

En la noche del 14 de agosto de 1989, Birgit Meier, de 41 años, estaba en su casa de Lüneburg, Alemania, y charlaba con su hija por teléfono. Lo que hizo después de ello es un misterio, porque nadie la volvió a ver.

En cuanto dejó de responder las llamadas, sus familiares se preocuparon y fueron a buscarla, pero ella no estaba. Sin embargo, su casa estaba prácticamente intacta y no había indicios de que se hubiera ido de viaje de imprevisto. Nadie podía explicar qué había pasado con la mujer.

Durante los días siguientes, la Policía comenzó a buscarla y analizó distintas hipótesis sobre su desaparición. Con el paso de los años, la investigación quedó estancada y Birgit se convirtió en una de las tantas personas desaparecidas cuyo destino seguía siendo un enigma.

Casi tres décadas después, una nueva pista llevó a los investigadores hasta el garaje de un hombre que ya había muerto. Allí, debajo del piso de hormigón, hicieron un hallazgo que finalmente permitió volver a poner bajo la lupa a Kurt-Werner Wichmann, un jardinero que había sido investigado años antes.

La desaparición de Birgit Meier

Birgit Meier era fotógrafa y vivía en la zona de Lüneburg. En agosto de 1989 atravesaba un momento personal complicado porque estaba separada de su marido, Harald Meier.

Cuando su hija fue a buscarla luego de no contestar las llamadas, encontró la puerta del patio abierta y a los gatos esperando en el jardín. Sin embargo, no había rastros de Birgit.

Birgit Meier, de 41 años, desapareció en 1989 sin dejar rastro. (Foto: De Morgen)

La escena llevó a la familia a temer que hubiera ocurrido algo grave. La Policía comenzó una búsqueda que incluyó distintos sectores de la zona y durante los primeros días se analizaron varias hipótesis, incluso la posibilidad de que Meier hubiera abandonado voluntariamente su casa.

Pese a ello, rápidamente aparecieron indicios que apuntaban a que se trataba de una desaparición forzada: entre ellos, el hallazgo de su documento de identidad en un buzón.

En ese contexto, la investigación se concentró durante un largo período en su marido. La separación y la situación económica de la pareja hicieron que Harald Meier quedara bajo sospecha, aunque con el paso de los años esa línea perdió fuerza.

El problema fue que mientras la Policía buscaba respuestas alrededor del círculo familiar, una figura mucho más inquietante comenzaba a aparecer en la investigación: Kurt-Werner Wichmann.

La pista que los investigadores no siguieron a tiempo

Wichmann vivía en Adendorf, cerca de Lüneburg, y trabajaba como jardinero de cementerio. Tenía antecedentes por distintos delitos y un historial de violencia que se remontaba a su juventud.

En 1989, había ocurrido una serie de asesinatos en el bosque estatal de Göhrde, ubicado en la misma región. Entre mayo y julio de ese año, dos parejas fueron asesinadas en ese bosque.

Kurt-Werner Wichmann era jardinero y se convirtió en el principal sospechoso de la desaparición de Birgit Meier. (Foto: NDR)

La desaparición de Birgit Meier ocurrió apenas unas semanas después, lo que con el tiempo llevó a los investigadores a analizar si existía una conexión entre los hechos.

Cuando la Policía finalmente investigó a Wichmann en relación con la desaparición de Birgit, se produjo uno de los errores más graves del caso.

En 1993 los agentes llegaron a su casa para realizar un allanamiento, pero Wichmann no estaba allí. En lugar de detenerlo o mantenerlo bajo vigilancia, los investigadores se comunicaron con él por teléfono y le pidieron que volviera. El hombre prometió hacerlo, pero desapareció antes de que pudieran localizarlo.

Dentro de la casa encontraron una habitación secreta con una puerta insonorizada a la que ni siquiera su esposa tenía acceso. Allí había armas, municiones, esposas, jeringas, medicamentos, elementos utilizados para inmovilizar personas y material relacionado con distintos casos policiales.

Poco después, Wichmann fue detenido por otro episodio. Durante un control relacionado con un incidente de tránsito, los investigadores encontraron armas en su poder. Por eso, quedó detenido y, en 1993, se suicidó en su celda.

Su muerte impidió que pudiera ser interrogado nuevamente y también cerró la posibilidad de llevarlo a juicio por la desaparición de Birgit.

El hermano que decidió continuar la investigación

Para Wolfgang Sielaff, hermano de Birgit, la muerte de Wichmann no significó el final de la búsqueda. El hombre había trabajado durante años en la Policía y conocía muy bien los procedimientos de una investigación criminal.

Después de jubilarse, decidió reconstruir por su cuenta los movimientos de Wichmann y revisar las pruebas que habían quedado archivadas.

Wolfgang Sielaff, el hermano de Birgit Meier que continuó la investigación. (Foto: NDR)

El caso volvió a tomar impulso décadas después, cuando Sielaff y un equipo de investigadores privados obtuvo autorización del nuevo propietario de la antigua casa de Wichmann para realizar excavaciones en el terreno.

Así fue cómo el 27 de septiembre de 2017, durante los trabajos en el garaje, encontraron restos humanos debajo del piso de hormigón. Las pruebas forenses permitieron confirmar que pertenecían a Birgit Meier.

La autopsia estableció además que la mujer había recibido un disparo. Después de casi 30 años de incertidumbre, su familia finalmente pudo saber qué había ocurrido con ella.

La prueba que cambió el caso

El descubrimiento de los restos no fue la única evidencia que permitió vincular a Wichmann con Birgit. Una de las pruebas más importantes fue encontrada al revisar nuevamente elementos que habían sido secuestrados durante el allanamiento de 1993.

Las esposas encontradas en la propiedad tenían pequeños restos de sangre que en aquel momento no habían podido ser identificados. Décadas después, con técnicas de análisis de ADN más avanzadas, los investigadores volvieron a estudiar ese material y determinaron que la sangre pertenecía a Birgit Meier.

La casa del asesino de Birgit Meier, Kurt-Werner Wichmann. (Foto: Focus Online)

La investigación también permitió profundizar la relación entre Wichmann y los asesinatos de Göhrde. Los agentes volvieron a analizar pruebas que habían sido recolectadas en 1989 y encontraron ADN de Wichmann en uno de los vehículos utilizados por las víctimas.

Más de 400 objetos y una sospecha mayor

Después del hallazgo de los restos de Birgit, la Policía volvió a revisar el terreno donde Wichmann había vivido. Durante las excavaciones, se encontraron más de 400 objetos que podrían estar relacionados con otros delitos: zapatos y carteras de mujer, prendas y distintos efectos personales que nunca pudieron ser vinculados con una víctima determinada.

Los investigadores también comenzaron a revisar otros expedientes de mujeres desaparecidas o asesinadas en el norte de Alemania. Hasta la actualidad, no hay otros casos confirmados.

Wichmann murió en 1993 y nunca fue juzgado por el asesinato de Birgit Meier. Pero, después de 28 años de búsqueda, Wolfgang Sielaff finalmente pudo conocer el destino de su hermana.

Fue inquietante y liberador al mismo tiempo”, dijo sobre el momento en que encontraron los restos de Birgit debajo del garaje en una entrevista con el medio alemán Stern.

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