Por qué pese a la falta de dólares, el cobro de retenciones a las exportaciones triplica al de derechos de importación

La recaudación de impuestos al comercio exterior ya representa 1 de cada 4 pesos del total de los ingresos de la AFIP. Cómo fue el comportamiento en los últimos 25 años

Los recursos agregados sobre el comercio exterior, generados por retenciones a las exportaciones y derechos de importación, más tasa de estadística y los pagos netos de IVA y cobro anticipado de Ganancias por parte de la Administración Nacional de Aduanas, explicaron en los primeros 10 meses de 2022 el 25,8% del total de fondos que nuclea la AFIP. El resto se integró en 53,3% por otros tributos percibidos por la DGI; y 20,9% por los ingresados a la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).

Al comienzo de la presidencia de Alberto Fernández esas proporciones eran de 21,2% de los recursos recaudados por la Administración Nacional de Aduanas; 55,3% la DGI; y 23,4%, la Anses.

Y con la irrupción del Covid-19 y depresión de la economía general, acompañando el desempeño del resto del mundo con la interrupción parcial y singular encarecimiento de los fletes internacionales, los tributos sobre la producción nacional escalan sólo en términos relativos a 57,5%, y pierden gravitación las otras dos fuentes de recursos a cargo de la AFIP, según se desprenden de las estadísticas oficiales.

Luego, a medida que fue quedando atrás la crisis sanitaria y las economías comenzaron a reactivarse de la mano del consumo interno, comenzó también la recuperación de los recursos tributarios en general, pero en el caso argentino, por la bonanza de los precios internacionales de las materias primas que generó el nuevo escenario, y principalmente de las consecuencias de la invasión de Rusia a Ucrania a fines de febrero 2022, cambió el reparto de la carga tributaria, con más peso relativo de la contribución del comercio exterior.

Ese escenario no sólo encuentra a la Argentina mal preparada para poder aprovechar la demanda mundial de recursos energéticos y de alimentos, para potenciar el aumento de las reservas de divisas en el Banco Central, sino que la transforma en creciente importadora neta de gas y electricidad, al punto que provoca un acelerado deterioro del resultado de la balanza comercial (diferencia positiva entre ingresos de dólares por exportaciones y salidas por pago de importaciones y de gastos de viajes al resto del mundo).

Paradójicamente, el Gobierno dispone aumentar los impuestos a las exportaciones a través de la suba de algunas retenciones y la persistencia de elevada brecha cambiaria, pese a que se constituyó en la única fuente genuina de generación de divisas y con inmejorable potencialidad, habida cuenta de que la imposición de restricciones cambiarias a la salida de capitales privados vedó casi automáticamente la entrada de divisas para inversiones productivas y financiamiento a empresas.

El resultado de esa estrategia ha sido positivo del lado de los recursos tributarios, porque aceleró la relevancia de esa fuente de ingresos a la Tesorería a través de la Aduana, desde un mínimo de 2,6% del total que había registrado en 2017 -bajo el gobierno de Cambiemos-, hasta 9,2% en el acumulado desde el inicio del 2022. Alcanzó así la proporción más alta desde 2011, fin de la primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Pero fue negativo para la acumulación de reservas en el BCRA.

El récord de la contribución de las exportaciones a la recaudación de la AFIP se anotó en 2008, cuando se registró la escalada de los precios de las materias primas, en particular de la soja, y el gobierno intentó imponer una retención móvil, pero fracasó luego de la inédita reacción de la dirigencia rural y el “voto no positivo” del presidente del Senado, Julio Cobos.

Por el contrario, pese a las restricciones cambiarias y las crecientes limitaciones a las autorizaciones de pagos de importaciones, el aporte de los impuestos sobre las compras en el exterior al total de los recursos tributarios creció sólo modestamente, desde un mínimo en 25 años de 2,4% en 2012 a 3,2% en el acumulado del corriente año.

De ahí que actualmente, por cada peso que ingresa a la Aduana por derechos y tasa de estadística sobre las importaciones, el organismo cobra casi tres por retenciones sobre las exportaciones.

Representa la relación más alta desde 2012, cuando se ubicaba en 3,7 veces, y venía de picos de más de 4 en 2008 y 2009. La marca máxima se anotó en 2003 con 4,4 veces, luego de que durante la convertibilidad los gravámenes específicos sobre las ventas al resto del mundo eran prácticamente inexistentes.

Esa brecha es notablemente superior a la que se registra entre el monto anual en dólares generados por exportaciones y los pagos de importaciones, que es en promedio de 25 años de un 25% -1,25 veces-. Sólo se aproximó al observado en la recaudación tributaria en los dos primeros años de la salida de la convertibilidad, cuando la depresión económica deprimió a niveles mínimos las compras externas.

La justificación de altos cargos sobre las ventas al resto del mundo, pese a la recurrente falta de divisas en la economía nacional no sólo tiene origen fiscal, sino también como mecanismo para atenuar el traslado a los precios internos de la suba de las cotizaciones internacionales de las materias primas. Sin embargo, se trata de un argumento débil, habida cuenta de que los mayores cargos rigen sobre el complejo oleaginoso sojero que tiene mínima representatividad en el consumo interno.

Del mismo modo, los bajos impuestos sobre las compras externas, incluso de bienes de consumo prescindibles, se fundamenta en no encarecer los productos y generar mayores costos y aumentos de precios en su ingreso al mercado interno.

Sin cambios

Las expectativas de persistencia de altas cotizaciones internacionales de las materias primas y la decisión del equipo económico de evitar una brusca devaluación del peso, para no generar mayores tensiones inflacionarias, determina que la persistencia de las retenciones sobre las exportaciones se mantenga como la base del crecimiento real de los recursos tributarios en el corto plazo, en lugar de comenzar a reducirlas para incentivar el aumento de la oferta de productos para los países clientes de la Argentina y conquista de mercados.

La estrategia del dólar-soja por un mes, en septiembre, pese a generar el anticipo de liquidación de exportaciones del complejo oleaginoso por USD 8.126 millones tuvo más efectividad para fortalecer las finanzas públicas, al permitir un singular incremento transitorio de los recursos tributarios, que para la formación de activos externos (reservas) en el Banco Central, ya que apenas subieron en USD 900 millones, luego de pagos de importaciones y vencimientos de deuda del sector público -principalmente con organismos de crédito multilateral-.